Música
Latidos con guitarra y voz
La joven cantautora burgalesa Judith Pérez reúne ocho canciones en su ópera prima, ‘La casa suiza’, que traza un mapa por todos los sentimientos del hombre, de la alegría de vivir a la muerte

Judith Pérez muestra su primer álbum -con foto de portada de Daniel Jaén- en el Café España.-Raúl Ochoa
De la alegría de vivir que encierra toda noche de juerga al vacío que deja la muerte de un ser querido; de la solidaridad y el decidido apoyo a quien sufre una enfermedad rara a la rabia por un amor perdido; de la incitación a la lucha por un mundo mejor sin dejarse pisar por los poderosos a la dulce sensación de abandonarse al abrazo de la naturaleza; del cariño incondicional al mundo visto desde la ventana de un albergue juvenil. Ocho canciones componen La casa suiza, un disco variopinto, un álbum luminoso con un poso de melancolía, la ópera prima de la joven cantautora Judith Pérez (Burgos, 1997).Su nombre se suma al parnaso burgalés, siempre cojo de músicos de autor. Uno de ellos, Daniel Guantes, animó a esta estudiante de Bachillerato Artístico a meterse en el estudio. En ese momento ya hacía unos años que Euterpe se había cruzado en su camino.La historia de Judith Pérez empieza con una guitarra, un regalo de su Primera Comunión relegado detrás de la puerta de su cuarto hasta que un día, después de cuatro años, su dueña, a la que le gustaba cantar, reparó en ella y la rescató. «Me aprendí una canción con las cuerdas desafinadas y me dije ‘no puede ser’ y, de forma autodidacta, a través de YouTube, me familiaricé con ella». No resultó difícil para una niña que ya acudía a clases de violín al Conservatorio y tonteaba con el piano.
Y con su guitarra y voz alumbró las canciones que modelan este debut, un trabajo que se ha cocinado a fuego lento, desde el verano de 2015, y que ya está a la venta en el bar Tirol de Gamonal, Dr. Music y la tienda de tatuajes Millord Tattoo.La tristeza por la muerte de su abuelo hace cinco años la llevó a coger un lápiz y escribir Ya no queda nada. Su primera composición.Todo lo que la rodea la inspira y su familia es parte importante. La enfermedad de su madre dictó ELA. Fue la Asociación de Enfermos y Familiares de Esclerosis Múltiple, de la que forma parte, quien la animó a crearla. «Al final, entre pitos y flautas, se ha convertido casi en un himno. Ha llegado a muchos sitios de España», dice orgullosa esta cantautora comprometida social y políticamente.
He ahí Mundo enfermo. He ahí la canción nacida en medio de los disturbios por el bulevar de Gamonal, que siguió al minuto desde la ventana de su casa. Nos tratan como a marionetas. Cortemos sus hilos y a luchar. Ponte en pie y pisa fuerte aquí. No estás solo. Yo te voy a cubrir. Entre las calles nos oirán gritar ‘¡Basta ya!’.«Para mí es muy importante y no solo estar concienciado de la difícil situación actual sino también saber que con la música puedes llegar más fácilmente», determina convencida de que la música es una buena herramienta para construir un mundo mejor.Si gusta el cantautor de vestir etiqueta social y política, como un guante le queda la del amor y desamor. Y en este disco, que su creadora ve pesimista, aunque desde fuera se atisben pinceladas luminosas, melancólicas, pero optimistas, también hay de eso.Déjate llevar es la representación del amor incondicional y Tercer traste, de la rabia que oculta el dolor de un corazón roto y que empuja a seguir adelante.El latido hippy que palpita en su interior irrumpe en la presencia de la naturaleza, en cómo se recrea en las atmósferas, en la brisa que le roza la cara en Abril y en Swiss Cottage, el tema que da nombre al álbum y el único que ha grabado con banda. Y Fiesta, escrita hace tres años tras una Noche Blanca, descorcha la alegría de vivir. Y perdí la memoria de tanto beber, entre luces y música del bar aquel, en el que te conocí, querida rubia espumosa de barril...Aunque las canciones de La casa suiza están pegadas a la realidad, Judith Pérez reconoce que halla la inspiración escuchando a otros cantautores. Carmen Boza, Zahara, Izal... «Cada uno tiene algo especial. Algo innato que no te pueden enseñar en el Conservatorio», comenta y señala que lo mismo puede escribir a las tres de la madrugada que a las diez de la mañana. Cuando la canción se revela hay que atraparla.