El Correo de Burgos

Literatura

Un ‘voyeur’ en el Salón Rojo

Los recuerdos de Óscar Esquivias, Eliseo González y Pilar Pérez-Canales retratan al escritor y lector que fue David Lorenzo en la presentación de su novela póstuma, ‘Los muertos salados’

Esquivias, Pérez-Canales, Eliseo González y Munguía se dirigieron a una estancia isabelina repleta de familiares, amigos y colegas de David Lorenzo.-Raúl Ochoa

Esquivias, Pérez-Canales, Eliseo González y Munguía se dirigieron a una estancia isabelina repleta de familiares, amigos y colegas de David Lorenzo.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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La librera Pilar Pérez-Canales compara a David Lorenzo Magariño con un voyeur, un tipo al que le gustaba observar, parco en palabras, desbordado en emociones. Y si el joven escritor fallecido a los 25 años se hubiera apostado ayer detrás de uno de los cortinones del Salón Rojo habría visto una estancia llena de familiares, amigos y colegas y escuchado elogiosas palabras a su corta pero intensa carrera literaria, felicitaciones por la gozosa idea de su familia de sacar del cajón su novela Los muertos salados, augurios sobre el magnífico escritor en que se hubiera convertido de no cruzarse con la parca...Habría recordado junto con Óscar Esquivias las escasas ocasiones en las que compartieron mesa y mantel con otros colegas en el chino de la calle Madrid o las conversaciones sobre Kafka o Pessoa, dos autores referentes para David Lorenzo. Se habría alegrado de que el autor de Inquietud en el paraíso se reencontrará con su voz en la novela recién publicada -«los escritores dejamos nuestra impronta, nuestra forma de pensar y de sentir en lo que escribimos y cada vez que leo algo de un amigo que ya no está lo vuelvo a escuchar»- y, quizás, estaría orgulloso de saber que los escritores de Burgos lo consideraban uno de los suyos a pesar de su insultante juventud. «David Lorenzo siempre va a ser joven. Todo lo que conozco suyo está impregnado del ímpetu, fuerza y belleza de la juventud».Hubo lugar también para las conjeturas. «No sé qué habría sido del futuro y de la vida de David Lorenzo si hubiera ganado el Ateneo Joven de Sevilla -Los muertos salados fue finalista de este premio en 2004-, llegado a las librerías y tenido miles de lectores. A mí me cambió la vida», dijo el escritor que logró este mismo galardón con El suelo bendito.A un lado dejó Eliseo González las elucubraciones. Él, a diferencia de Esquivias, sí construyó una amistad íntima con el malogrado escritor, «días de amistad troquelada de intercambios, de textos, lecturas y cigarrillos», una relación iniciada tras participar en el jurado del Concurso Al-Ándalus y sentir, junto con los también fallecidos Jorge Villalmanzo y Bernardo Cuesta Beltrán, la necesidad de conocer a quien se escondía tras el relato ganador. Tan deslumbrados los dejó su lectura. «A los 20 años era ya un escritor auténtico», advirtió González, que inició su emocionada intervención con los versos de La última costa, un poema de Francisco Brines esencial para David Lorenzo.Al gran y exquisito lector que fue se refirió Pérez-Canales. Lo vio silencioso buscando entre las estanterías de la librería. Tomándose su tiempo. Buscando mucho y encontrando siempre.

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