El Correo de Burgos

Exposición

Basavilbaso, pintor de contrastes

Este profesor jubilado de Dibujo regresa a las salas tras 30 años de ausencia con una colección figurativa en el Arco de Santa María hasta el 30 de abril

Antonio Basavilbaso García, junto a una de las pinturas de playas que ocupan el Arco de Santa María.-Raúl Ochoa

Antonio Basavilbaso García, junto a una de las pinturas de playas que ocupan el Arco de Santa María.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Antonio Basavilbaso es un pintor de contrastes. Lo mismo atrapa la velocidad de un coche en una curva o se cuela entre los vehículos que avanzan en caravana hacia Madrid en una verbena de luces cortas que rompen la intimidad de la noche que se rinde a la calma en la inmensidad de las playas del norte o en los mágicos crepúsculos de la comarca de Juarros. El exprofesor de Dibujo del Diego Porcelos se desquita de tres décadas alejado de las salas y, casi, de los pinceles en una orgía creativa que ahora expone en el Arco de Santa María hasta el 30 de abril.A excepción de un puñado de piezas que cierran el recorrido, guiadas treinta años atrás por el simbolismo, la muestra exhibe el trabajo realizado desde hace seis años -con especial incidencia en los dos últimos-. Fue entonces cuando Basavilbaso, palentino de nacimiento, gallego de corazón y burgalés de adopción, quitó polvo a sus bártulos, arregló bastidores, sacudió pinceles y se metió en su estudio de Mozoncillo de Juarros para recuperar una pasión siempre latente pero oculta detrás de las horas de clase y del tiempo dedicado a la familia.«Los cuadros necesitan una continuidad de trabajo. Sí seguía pintando, dos, tres, cuatro obras al año y algún encargo, pero no me dedicaba a ello», recuerda el autor orgulloso de este renacer a la pintura que ha ido mostrando tímidamente en las paredes de algunos bares (Obregón, La Casa de las Musas, Masala Natural...) y que ahora comparte a tumba abierta.El artista arropa las nobles piedras de la sala municipal con una colección de arte figurativo que se regodea en el paisaje urbano y en la naturaleza en un contraste entre el vértigo, las aglomeraciones, el estrés y la velocidad en la que vive la ciudad y la tranquilidad, belleza, sosiego, calma que destilan las infinitas playas de distintos puntos de España -el padre del autor era marinero y siempre le han tirado las aguas saladas-, las miradas fantásticas a frondosos y misteriosos bosques -«es muy sugerente, da mucho juego»- o la magia de los atardeceres -«son momentos del día que tienen algo especial»- y las noches de la comarca de Juarros.Aunque la naturaleza es protagonista en estas obras, la figura humana -o, en su defecto, un ser vivo- siempre, siempre está ahí, aunque en ocasiones sea imperceptible. El beso de una pareja a orillas del mar, dos mujeres andando por un camino boscoso, un surfero en la inmensidad de las olas, un grupo de gaviotas, las huellas en la arena de una presencia que ya no es... La contraposición entre ambos mundos se refleja igualmente en la paleta utilizada. Los colores vigorosos y brillantes de las obras marcadas por el tráfico tornan en tonos suaves y cálidos en las que respira la naturaleza.

El pintor se escapa un tanto de este contraste en la planta superior para enraizar en un arte social y comprometido que le lleva a pintar dos escenas de inmigrantes recién rescatados de un naufragio seguro. «Da mucho juego para trabajar las expresiones humanas», advierte sobre esta línea en la que trabaja actualmente.Esta exposición, sin título, es el inicio de un camino que Basavilbaso espera que le lleve a salas de Madrid, Zaragoza o Bilbao, donde ve opciones de que sus creaciones continúen emocionando.

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