Exposición
El latido de cada ciudad
La figura humana toma protagonismo en la nueva colección de Ismael Alí de Unzaga, ‘One more day in life’, que atrapa el día a día en metrópolis de Japón, Tailandia, Italia o Estados Unidos. En el Arco de Santa María hasta el 2 de julio

Ismael Alí de Unzaga posa junto a una de las pinturas realizadas a partir de un viaje a Tailandia que recoge a una fila de monjes a la salida de un templo en Bangkok.-Raúl Ochoa
La joven que fuma un pitillo a la puerta del Partenón romano; la festivalera que escribe en su teléfono móvil sentada en una calle de San Francisco; los monjes que salen en fila india de un templo de Bangkok; la señora con la bolsa en un brazo que abandona apresurada, que no aturullada, la estación de metro Shinjuku de Tokyo; los bicicleteros que dirimen la dirección a seguir en la Piazza Navona; los niños que juegan en la arena de una luminosa playa del Algarve portugués; los amigos que pasan divertidos por delante de la entrada del Fórum burgalés... Las personas son el latido de la ciudad. Pum. Pum. Pum. Y ese sonido es el que recoge Ismael Alí de Unzaga en su nueva colección, One more day in life, que se expone en el Arco de Santa María hasta el 2 de julio en una suerte de cuaderno de viaje costumbrista.Un día más en la vida, en su traducción al español, atrapa el devenir de esta gente en grandes ciudades de Japón, Tailandia, Italia, Estados Unidos o España. La metrópoli continúa siendo la niña bonita en la obra del pintor burgalés. San Francisco, Nueva York, Roma, o Burgos, siempre Burgos, son viejas conocidas de su caballete. Hace tiempo que Occidente se asomó a la bitácora de Alí de Unzaga. Oriente no lo había hecho hasta ahora. Tokio, Kyoto o Bangkok seducen al artista que obvia sus destinos más monumentales para pisar la calle.Atrapa el trajín de los cocineros de una famosa y castiza tasca japonesa, recoge la exótica y equilibrada estampa de unos religiosos, detiene el paso del tiempo en la estación de tren de Kyoto, cree identificar a una geisha bajando de un taxi en Simbashi Dori... ¡Y hasta se autorretrata en medio de la jungla!«Yo tengo que visitar los sitios que pinto, vivir ese momento, necesito meterme en sus ambientes, tomar los primeros apuntes y realizar las fotografías desde mi propio punto de vista para luego trabajar en el estudio a partir de ese material», advierte el pintor.Despliega una vez más una rica paleta cromática, más y menos luminosa, en la que pervive su pincelada pop -«yo del pop no me separo nunca»-. Aunque empieza a atisbarse una inquietud que la desdibuja, que, por momentos, la acerca a la abstracción e incluso, en algún caso, se olvida de ella completamente para entregarse a un sorprendente garabato.Se recrea en las tintas -«me tienen enamorado»- y, aunque a veces lo parece, ninguna de las pinturas es acuarela sino técnicas mixtas con acrílicos, esmaltes... Juega una vez más con la inclusión de objetos recogidos en el lugar retratado: el tique de una consumición con la grácil grafía nipona, un fragmento de periódico del lugar, el envoltorio de las deliciosas Pablo, unas chocolatinas de queso que bien valen la larga cola de espera para comprarlas, la contraetiqueta de una cerveza made in Tailandia...Ismael Alí de Unzaga recorre los 70 cuadros de la exposición, la mayoría realizados en los dos últimos años, y se descubre a sí mismo como un pintor costumbrista. ¿Por qué no? A su boca se asoma Sorolla y la gira que emprendió por distintas ciudades españolas con sus bártulos encima.
Más ligero de equipaje viaja el artista burgalés. Turista, pintor y observador sabedor de que, como dice una canción del grupo indie Sidonie, un día más en la vida, es un día más, otro día más... Y cada uno vive el suyo. En una calle de Tokio, en el MoMA de Nueva York, en la escalinata de la Catedral de Siena o en los jardines del Instituto López de Mendoza de Burgos. One more day in life.