Arte
Un pintor de competición
Gerardo Ibáñez reivindica a los autores burgaleses que se miden con colegas en concursos nacionales mientras aguarda el fallo de citas a las que ha concurrido y saborea el éxito de otras

Gerardo Ibáñez sujeta una de las pinturas que componen 'En clave de FA', en la sede del Colegio de Arquitectos Técnicos.-Israel L. Murillo
Gerardo Ibáñez se recuerda de siempre frente al caballete. Lleva casi cuarenta años ahí. Su pasión por los concursos de pintura también se remonta en el tiempo. Acudía a clases a la Universidad Popular de Alcobendas cuando alguien le descubrió ese camino. Y él lo emprendió. Recibió dos premios excelentes en Sevilla y La Coruña. Pasó el tiempo. Aparcó los pinceles, aunque nunca los abandonó. Y hace ocho o nueve años, ya inmerso de nuevo en los efluvios pictóricos, su colega Marticorena le instó a lanzarse a la competición. La cosa le ha ido bien. Su currículum cuenta con un sinfín de galardones. «Nunca pensé que me podría ocurrir lo que me está pasando», admite.Ahora aguarda el fallo del Concurso Internacional Rafael Zabaleta de Quesada (Jaén), que va por la cuadragésimo séptima edición y en el que una vez más le han seleccionado, y también el convocado por el bar Camarote Madrid de León, que alcanza la quinta edición y, aunque hasta finales de julio no descubre su palmarés, el miércoles 5 inaugura la exposición con las obras finalistas. En ambas citas, Ibáñez es un viejo conocido. El espacio leonés le distinguió hace tres años con uno de los cuatro galardones que acompañan al primero, el denominado Café Quijano.Su pintura viajará durante este año y el siguiente por salas de Vizcaya tras la selección de otra de sus obras en Carsarte. Certamen Nacional de Pintura y Arte Digital, lanzado por la empresa Carsa.El pasado 8 de junio recogió, junto a Marticorena, una de las distinciones del IX Certamen de Pintura del Instituto Social de las Fuerzas Armadas (Isfas), y su nombre apareció en la lista de seleccionados en El Primero de Fariñas, la convocatoria lanzada por las Bodegas Fariñas de Toro para diseñar la etiqueta de uno de sus vinos, que ganó el burgalés Fran del Hoyo.«Somos muchos los pintores burgaleses que salimos fuera a competir y que tenemos muy buenos resultados. Es algo a poner en valor. Nos medimos en todo el territorio nacional con gente muy buena. ¿Tú sabes la cantidad de jóvenes que salen de las facultades de Bellas Artes con unas ideas geniales?», reivindica un vehemente Gerardo Ibáñez al tiempo que apunta que la crisis también se ha notado en la disminución de dotaciones económicas y en la desaparición de algunas citas. A él no le ha ido mal. En menos de una década, ha reunido primeros premios y un importante número de segundos, terceros y selecciones para exposiciones que han hecho que su trabajo recorra y se vea en todo el territorio nacional.La Manzana de Plata de Villaviciosa abrió la veda hace ocho años. Desde entonces ha sido un goteo constante. Ha inscrito su nombre en Daimiel (Ciudad Real), Mora (Toledo), Fundación Villalar, Francisco Pradilla (Villanueva de Gállego), el prestigioso BMW, Valdepeñas, Villa de la Roda (Albacete), Ciudad de Palencia, Timoteo Pérez Rubio (Oliva de la Frontera)...«A mí me gusta competir contra otros, a nivel nacional e internacional. Es que me gusta. Sé que va gente muy buena y es cierto que confío en lo que hago», confiesa sabedor, además, de que el éxito es más difícil cuando se apuesta por la abstracción, como es su caso. «Es cierto que el 95% de lo que se presenta en los concursos es figuración y neofiguración y estar lejos de esa expresión dificulta el camino», observa.Vanidad, ego, autoestima... No sabe poner palabras a lo que siente cada vez que envía un cuadro a un concurso y espera el veredicto del jurado. Los nervios de la espera, la adrenalina de saberse entre los mejores, el subidón cuando se hace cumbre... Eso Gerardo Ibáñez no lo cambia por nada.Y tiene claro que todas estas emociones son fruto de su pasión por la pintura. «A mí me gusta pintar. Me divierte y lo paso muy bien». Ese es su secreto.