Sonorama Ribera 20
«Es emocionante recordar aquel primer Sonorama, tan pequeñito»
Susana Vicario fue, junto a Javier Ajenjo, la creadora de esta cita ya veinteañera

Ajenjo, Floren (guitarra de Los Planetas) e Iván Izquierdo (coordinador de infraestructuras).-S. Vicario
El recinto ferial de Aranda es un hervidero. Llegan unos, se van otros y entre ellos aparece el director del Sonorama. Javier Ajenjo es la cara visible del Sonorama. Junto a él, desde el principio, aunque la mayoría del público no lo sepa, sí sus compañeros, ha estado Susana Vicario. «La mamá del festival», la llama Ajenjo. Su agenda es endiablada y cada día, según se acerca el encuentro, tiene que hacer encaje de bolillos para atender a todo. En uno de estos huecos viaja en el tiempo hasta aquel verano de 1998.
«El recuerdo es muy emocionante y más este año al ser el veinte aniversario. Aunque somos muy jóvenes, ya tenemos una madurez y te emociona volver a aquellos días preparando un Sonorama tan pequeñito, con veintidós-veinticuatro añitos que teníamos, estábamos ilusionados por montar algo, que luego salió mal», contesta a través del teléfono.«Nos encantaba la música. Teníamos una tienda de discos que no funcionaba y no dijimos ‘y si hacemos un festival como a los que nosotros estamos empezando a ir, tenemos suerte y funciona y con lo que saquemos podemos seguir tirando’. Salió mal, la tienda cerró, pero Sonorama siguió y hasta el día de hoy. Siempre con sus baches porque hemos pasado años muy duros», prosigue el relato sobre lo que ella llama aventura.A Susana, conviene con sus compañeros, nunca se le pasó por la cabeza que llegara hasta donde lo ha hecho.«El primer año, cuando pasó el festival, recogimos todo, pagamos lo que se pudo, el resto se quedó pendiente, y nos preguntamos qué hacemos. ‘Hemos montado esto entre los dos, pero han estado nuestros amigos a piñón. ¿Y ahora vamos a tirar la toalla?’. Decidimos que no, que teníamos que luchar por él», rememora y fija en el quinto, el que se decantaron por hacer en la calle, un antes y un después.
Sintieron el apoyo de algunas entidades, y resurgieron de sus cenizas. Porque la historia de Sonorama también ha sido la de un ave fénix.«Queríamos que ocurriese lo que está pasando ahora: que todo el mundo tuviese gente en su bar, en su restaurante, en su tienda, que pudiésemos pagar todo... Para nosotros todo el esfuerzo queda recompensado con un ‘felicidades, chicos, lo habéis hecho muy bien’», destaca y reconoce que ahora viven un momento en el que «han dejado de tener que levantarlo para solo ir empujándolo».Hay un sinfín de momentos especiales, importantes, emotivos. Pero Susana rescata uno por significativo. Símbolo de lucha y unidad. Fue en uno de los pocos sonoramas que hizo un tiempo horroroso. Estaban en el campo Virgen de las Viñas. Vino una ráfaga de viento tremenda y, salvo el escenario, empezó a volar todo. «Salimos todos corriendo hacia los vallas y sujetamos todas con nuestros cuerpos. Así tiramos ese año», relata sin olvidar los saltos de alegría que dio cuando fue a la estación de autobuses a buscar a Floren, de Los Planetas, «lo más» para ella.Más allá de pequeños detalles y anécdotas, a Susana Vicario, de lágrima fácil, le emociona la unión con la que siempre han afrontado todo. Se siente como una abuelita que llora cuando su nieto le enseña unas notas brillantes. Con ese mismo orgullo, y un pañuelo en el bolsillo, afronta esta nueva edición.