Exposición
La paleta de doctor Jekyll y míster Hyde
La pintura de Gerardo Ibáñez se mueve entre la tempestad y la calma en la Sala Pedro Torrecilla hasta el 29 de octubre

Un visitante fotografía el tríptico de dibond que refleja un momento tempestuoso del autor.-Raúl Ochoa
La mirada reconoce sin lugar a dudas al autor que se esconde detrás de las pinturas de La tempestad y la calma. Gerardo Ibáñez se asoma descarado en los colores, el gesto y el grafismo de los cuadros de pequeño y mediano formato. Ahí está el pintor más íntimo, más introspectivo, más próximo a los silencios que hace siete años ocuparon la ahora Sala Pedro Torrecilla. Pero Gerardo Ibáñez también es el de las emociones desbocadas, la pincelada desconcertada, la paleta gris y la furia de las obras sobre lienzo, grandes, arrebatadas por el artista más impulsivo, más visceral, más hacia fuera. El burgalés se revela como una suerte de doctor Jekyll y míster Hyde en esta exposición que permanecerá en este espacio hasta el 29 de octubre.«Cuando iniciaba la colección pensé que lo mejor que podía hacer era recoger en un título lo que yo sentía. La tempestad y la calma conviven en la vida misma, ahora mismo hay mucha tensión, mucha convulsión, pero también en mi interior y esto era lo que quería trasladar a mi obra», apunta Gerardo Ibáñez al tiempo que reitera la necesidad de evolucionar, de mirar siempre adelante e ir un poco más lejos.El pintor agarra al riesgo por la solapa. Lo desafía. Pero sin mover los pies de la tierra, sin lanzarse al vacío. Reconoce que en estos dos últimos años, en los que se ha entregado al desbocamiento palpable en los grandes formatos, su paleta se ha oscurecido, retraído hacia la gama de grises, aunque en algún cuadro tanta es la pasión que se azota con el rojo, y que su gesto se hace más profuso, más largo, más irracional.Estas obras desenfrenadas, acrílicos sobre lienzo más un tríptico sobre dibond, alumbradas en los periodos de mayor tensión conviven en una plácida armonía con las nacidas de los momentos de calma con ese gesto más minucioso, pensado y preciso, una paleta llamativa y protagonista, unas veces más alegre, otras más serena, y el grafismo marcado, sin estridencias.«Estas emociones son las que conviven en mi interior y yo trato de contar», resume el pintor y observa que toda la colección es el resultado de plasmar lo que siente, no lo que ve, como sí hace el poeta Eliseo González en el texto incluido en el catálogo de la muestra.Ahora, anota, es la hora del público: «Una expresión plástica siempre se culmina con la mirada del espectador».Y uno de los primeros en ponerse frente a ella fue el director general de la Fundación Cajacírculo, Luis Bausela, que acompañó al pintor en la presentación a los medios. «Si en Silencios todo era equilibrio y lirismo, en La tempestad y la calma se introduce también la agitación y la alteración. Observamos obras llenas de sosiego y lirismo y también inundadas de intensidad y desasosiego», comenta ante este nuevo desafío para el visitante.