El Correo de Burgos

Las Noches del Clunia

Un payaso en el retrovisor

Javier Ariza traza una retrospectiva de su carrera en ‘The best of the worst, el cabaret’, que tira de ‘clown’, música, circo y teatro documental

La risa será sin medias tintas en ‘The best of the worst, el cabaret’, donde Javier Ariza reta al espectador a que adivine qué es realidad y qué ficción.-

La risa será sin medias tintas en ‘The best of the worst, el cabaret’, donde Javier Ariza reta al espectador a que adivine qué es realidad y qué ficción.-

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Javier Ariza mantiene la alegría de un payaso feliz, pero se le adivinan nuevas inquietudes detrás de su nariz roja. Desde que descubrió que su vida sería un malabar al cielo y un caminar en zapatones, ha cargado su mochila de experiencias que cincelan a la persona y al personaje. Los años de aprendizaje en la Escuela de Música de Briviesca, el hallazgo de la escena, los primeros pasos en La Sonrisa, la libertad aprendida en la Escuela de Philippe Caulier en París, el desafío de Entre Escombros, los pinitos en el burlesque... y el vuelo en solitario con Looking for duende, Antes es mejor y el infantil Periquillo. Solo en el escenario también se enfrenta a su nuevo montaje, The best of the worst, el cabaret, que cierra Las Noches del Clunia el viernes (23 horas, 10 euros).«Es un cabaret compuesto por números que he ido haciendo durante mis años como artista con otras compañías o cosas que nadie quería. A través de ellos, y recurriendo al teatro documental, algo nuevo en mi trayectoria, pasa mi vida sobre las tablas», resume Ariza, sentado en una mesa de un café burgalés horas antes de coger un tren hacia Barcelona, donde vive desde hace cinco años.James The Ringmaster es el maestro de ceremonias que hilvana este espectáculo cosido de retales. El actor recupera a este personaje que estrenó en el Iglú Mágico de la Fundación Caja de Burgos hace tres años y rescató hace un año para otro encargo.Esa excéntrica, entrañable, graciosa y tierna figura dará paso al retrato que The best of the worst, el cabaret hace del propio Javier Ariza.«James presenta el mejor espectáculo del mundo de la historia mundial que es una recopilación de los números de Javier Ariza, desde el clown más puro y naif de La Sonrisa al más infantil de Periquillo o el más provocador, que representa el mundo del bufón y el burlesque. Y todo nutrido con la música en directo, el circo, la excentricidad, el baile... y el teatro documental», apunta divertido el payaso en tercera persona al tiempo que observa que todo junto ayudará a entender al espectador por qué es tan friqui.

¿Qué imagen se llevará el público? «La de un payaso. La de un tipo que tiene un sueño y quiere defenderlo, disfrutarlo y compartirlo con el resto de la humanidad porque está seguro de que es lo más sublime que hay», se pone serio.La consecución de ese sueño no es un camino de rosas. Ha tenido al éxito como compañero de viaje. También al fracaso.«Habrá momentos en los que el público no se ríe tanto con él sino de él. Normalmente se hace una retrospectiva de alguien con una carrera contrastada y, además, ha muerto o está a punto de morir. No es el caso», advierte y espera que a esta antología de 15 años le siga otra dentro de otros tantos.

La propuesta, dirigida por Merche Ochoa, se modela como si fuera de plastilina en manos del propio artista, que sabe de la agilidad física de sus actuales 35 años y aventura una mayor inteligencia a los 50.

Tras Looking for duende, un montaje enmarcado en el clown contemporáneo, aún para un público minoritario, dirigido por Aitor Basauri, muy reconocido fuera de España, y Antes es mejor, una pieza para la calle con un Seiscientos como escenografía, Ariza ansiaba tener algo más comercial. Y cree que lo ha conseguido con The best of the worst, el cabaret.«El público, sin saberlo, ha participado en la creación. El espectáculo nace de la reacción del espectador. Es lo que él quiere ver», apostilla el creador y dramaturgo de esta obra que ¿es la más madura de su carrera? No. No cree que madurez sea la palabra que se dibuje en la mente del público cuando abandone el patio de butacas.De lo que sí está seguro es de que a las tablas saldrá un tipo que se sabe afortunado, que aprovecha todas las oportunidades y que busca su hueco en las artes escénicas.Desde hace cinco años lo hace asentado en Barcelona. Siempre con hilo directo con Burgos, donde colabora en distintos proyectos teatrales, también con Inglaterra, donde le sigue fascinando cuánto valoran la creatividad, y sin perder de vista Francia.«Haberme formado en París hace que considere las artes como algo sublime. Que tú digas en la calle ‘soy payaso’ y la gente casi se quiera tomar un café contigo porque piensa que eres una persona interesante es muy bonito. Eso sigue sin pasar aquí», lamenta y, sin fórmula mágica que valga, sí cree que ayudaría cambiar de gobernantes y, después, una reforma del sistema educativo.¿Llegará a ver Javier Ariza este mundo nuevo? «Ojalá. Yo soy un optimista por naturaleza y un soñador. Por eso me dedico al teatro y al clown», guiña un ojo.Estos asuntos quedan al margen en este cabaret que se inspira en Seis personajes en busca de autor, de Pirandello, y reta al espectador a que adivine qué es realidad y qué ficción. Para Ariza, concluye, lo más real que hay en este espectáculo, y en la vida, es la risa.

Barcelona, el piano y narices Sin Fronteras

La biografía de Javier Ariza seguirá teniendo al teatro como gran compañero. «Quiero seguir. Actuar, crear, dirigir, escribir, aprender... Y de aquí a diez años quizás me haga músico profesional», aventura este inquieto artista que ahora está aprendiendo piano y técnica vocal y que, aunque no tan bien como le gustaría, ya toca la trompa, trompeta, fiscorno, contrabajo, guitarra, ukelele, armónica, cajón flamenco, saxofón, serrucho, campanas... y baila claqué. «Pero bien, bien, nada», sonríe y asegura que Barcelona continuará como su centro de operaciones.«El ambiente es bueno, aunque yo estoy triste y decepcionado porque lo que llega al resto de España no es lo que está pasando en Cataluña en realidad. Es un lugar solidario, que ha luchado mucho por su cultura, por el estado del bienestar y es intolerable que la clase política lo esté haciendo tan mal, que ni Rajoy ni Puigdemont se hayan sentado a hablar en una mesa, algo que estamos hartos de hacer la gente de la calle, inmigrantes como yo o nacidos allí», se queda a gusto y se destensa hablando de sus nuevos proyectos, que haberlos haylos.Casi nada más bajarse del escenario del Clunia, iniciará una residencia con la compañía gallega Desincronacidas, a la que dirigirá en su nuevo espectáculo, Oh limpiadas, y en enero preparará el equipaje rumbo a Colombia para vivir una nueva expedición con Payasos Sin Fronteras, ONG con la que colabora habitualmente.

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