El Correo de Burgos

Exposición

Cuando la pintura se queda en cueros, estalla la emoción

Fernando Arahuetes selecciona la obra de los últimos diez años en ‘Artefacto corazón’, donde se detecta el continuo despojo de elementos hasta llegar a una sutil desnudez. En la Sala Pedro Torrecilla hasta el 29 de abril

Una visitante observa la obra que da nombre a la muestra y que está fechada este mismo año.-Raúl Ochoa

Una visitante observa la obra que da nombre a la muestra y que está fechada este mismo año.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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El nombre de Fernando Arahuetes va cosido sin remedio al de una fiesta de colores. Explotan cual fuegos artificiales en Artefacto corazón. Desde el apocalipsis a la antropoplastia, la exposición con la que el pintor burgalés recorre diez años de trayectoria en la Sala Pedro Torrecilla de Cajacírculo hasta el 29 de abril (de martes a viernes de 18 a 21 horas y sábados y domingos de 12 a 14 y de 18 a 21 horas).Artefacto corazón invita al espectador a regocijarse en la alegría de vivir, a jugar con la imaginación y adivinar formas en las manchas de color que copan el lienzo como se hace con las nubes en el cielo, a perderse por el laberinto que trazan los coloridos mosaicos del inicio del camino, a abandonarse en esa paleta cromática que se desparrama como la hierba en una pradera al final, a dejarse arropar por la fluidez y calidez de las acuarelas que ruedan, a deslumbrarse con los amarillos...Esta propuesta palpita sobre una paleta cromática rica siempre, pero no siempre luminosa. A ratos se ensombrece y saltan ocres amenazantes y naranjas que llaman al anochecer y escriben todos los finales que implican los crepúsculos.«La interpretación la debe hacer cada espectador, no está enfrente de un realismo ni de un impresionismo», comenta el autor al tiempo que aprecia un camino hacia la desnudez de la pintura en el que se ha ido despojando de elementos para dejarla en cueros frente al público.«La mancha es más plana en las obras iniciales y la construcción más hermética y cerrada y ahora se abre, se aligera, se va quitando peso, y permite ver más cosas», advierte el propio artista sobre la evolución de su producción creativa resumida en esta muestra que la articula en tres partes: Abstracción (2008-2012), Apocalipsis (2012-2015) y Antropoplastia (2015-2018).Ese Apocalipsis, apunta, es la tormenta que anuncia la calma. «Es la entrada al velo, apartarlo es un proceso que estamos viviendo todos, no es algo exclusivo mío, sino que tiene que ver con la forma de aflorar de la verdad, de las cosas que nos están ocurriendo a todos, es el proceso hacia la antropoplastia -el lado emocional que cada uno tiene- después del hermetismo que todos hemos sufrido. Ahora estamos en otro ámbito que desconocemos, pero estamos. He ahí la jugada», señala.Ese caminar hacia adelante también se traduce en una descarga del color. Asegura que le gusta trabajar el significado y el efecto físico que tiene sobre quien se pone frente a uno de sus cuadros. «He pasado de colores más densos a otros más ligeros y de unos más compuestos, secundarios y terciarios, a otros más primarios para que cuando uno se enfrente a la pieza la vibración golpee», sostiene mirando a la colección de 36 cuadros que visten las paredes de la sala, óleos y acuarelas, formatos cuadrados y circulares, que se asoman luminosos entre las sombras.Arahuetes se adentra en el torbellino de su pintura sin mirar a los lados. Baila a su paso y, aún con este proyecto fresco, ya tiene en la cabeza el próximo, nacido, precisamente, mientras orquestaba esta exposición. «Para mí eso es lo importante: el estímulo de la propia creación. Sabes que te pones en una dirección, pero lo que te va ocurriendo es lo que enriquece ese camino», anota el pintor sobre esta muestra que brincará sobre las emociones del espectador, para danzar de alegría, reflexionar sobre la realidad o adelantarse al destino.Una pintura a la que, en unas postales que se venden en la sala, ponen palabras Óscar Esquivias, Noemí Oca, María José Castaño, Miguel Ángel Barbero, José Gutiérrez Román y Eliseo González. Este último escribe Mucho antes del fin todo conducía a la nada. La luz que sepultaba insospechados laberintos. La pócima secreta de las formas desgranadas. El gran caleidoscopio del color (...). En este mágico artilugio introduce Arahuetes al público en Artefacto corazón.

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