El Correo de Burgos

Exposición

Escritores de relumbrón que miraron al pajarito

‘El rostro de las letras’ pone cara a las grandes plumas españolas desde el Romanticismo hasta la Generación del 14 retratadas por firmas de renombre en el estudio, tertulias o momentos privados. En el Arco de Santa María hasta el 3 de junio

Vista de la sala en la que se observa en primer plano una fotografía de Luis R. Marín que muestra a Sorolla pintando a Jacinto Benavente.-Santi Otero

Vista de la sala en la que se observa en primer plano una fotografía de Luis R. Marín que muestra a Sorolla pintando a Jacinto Benavente.-Santi Otero

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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El rostro de las letras. Escritores y fotógrafos en España desde el Romanticismo hasta la Generación de 1914 se despliega como un gran álbum en blanco y negro, un baúl de los recuerdos que pone cara a los grandes literatos de finales del siglo XIX y primeros del XX. Las mejores plumas del país miran al pajarito en los estudios de los fotógrafos pioneros, en las tertulias de los cafés o en otros momentos de su vida familiar y social. Más de 200 fotografías avivan esta exposición que, organizada por Acción Cultural Española, ocupará el Arco de Santa María hasta el 3 de junio y que se completa con publicaciones de la época y otros documentos gráficos y audiovisuales.El espectador vive un viaje en el tiempo. Observa el perfil de Pedro Antonio de Alarcón con un puro en la boca fotografiado por Martínez Sánchez, a una dulce Rosalía de Castro enmarcada por Selier o a José María de Pereda sentado en un sillón en medio de su jardín. Se cuela en el estudio de Sorolla para ver cómo retrata a Jacinto Benavente y lo hace en el taller del escultor Agustín Querol cuando Ramón y Cajal posa para él. Se confunde entre los miembros del Ateneo de Vitoria que miran al objetivo de Enrique Guinea con los Álvarez Quintero y se quita el sombrero como lo hacen los citados hermanos y Benito Pérez Galdós ante la cámara de Miguel Cortés en el Teatro de la Princesa de Madrid tras el estreno de Marianela en 1916.El público se mete en la cama con Valle Inclán mientras lee El Noticiero y se hace hueco en la de Unamuno, al que también acompaña en su famosa salida de la Universidad de Salamanca increpado por un grupo de falangistas y del que conoce a su familia al completo.Siente la brisa del mar junto a Blasco Ibáñez en su palacete de la playa de la Malvarrosa y acaricia a los gatos de Pérez Galdós, que gustaba de rodearse de ellos y de sus perros cuando iba a ser retratado. Sale al encuentro de Pío Baroja, que en sus últimos años de vida solo dejaba su casa para pasear por el parque del Retiro, y al de Azorín, que apenas abandonaba la calidez del hogar para ir al cine.Se toma un café con los desterrados españoles (Esplá, Blasco Ibáñez, Corpus Barga...) en París en el bar La Rotonde en Montparnasse, mientras se balancea en el trapecio junto a Gómez de la Serna durante la charla sobre el circo que dio en el madrileño Circo Price.«He pretendido hacer una historia del retrato fotográfico español y una historia de la literatura española a través del rostro que la fotografía nos proporcionaba de todos ellos», resume el comisario de la muestra, Publio López Mondéjar, al tiempo que lamenta las ausencias de Larra y Espronceda, fallecidos antes de la llegada del daguerrotipo.Un invento que supuso además un antes y un después en el sector de las publicaciones con la aparición de revistas como La ilustración española y americana, Blanco y negro, Madrid Cómico -que dedicó un número a Ontañón, aunque aquí no se exhibe-... «Entonces los escritores eran personajes importantes, igual que ahora lo son los futbolistas», destaca y para muestra un botón: doce fotógrafos acuden a recibir a Blasco Ibáñez cuando llega a Buenos Aires.El rostro de las letras, que ya ha pasado por doce ciudades, ondea la importancia de los literatos y reivindica la «revolución tecnológica y social» que supuso la fotografía. Su eco llegó tarde a España. «No estuvimos en la vanguardia». Pero arribó. Y ahí están los pioneros de este arte. Algunos representados en esta exposición: Alfonso, Compañy, Franzen, Juliá, Kaulak, Nicolás Muller, Santos Yubero, Catalá-Roca o Ramón Masats.Este proyecto se nutre de material obtenido tras mucho tiempo de brujuleo por colecciones particulares de familiares, rastros, instituciones como la Biblioteca Nacional de Francia y museos.El público que acepta esta aventura verá a los literatos. Y los escuchará. Otro de sus atractivos es el corto documental Cementerio de almas, de Arantxa Aguirre, donde suenan las voces de Juan Ramón Jiménez, Valle Inclán o Unamuno.

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