El Correo de Burgos

FESTIVAL TRIBU

San Juan, en un carrusel sin fin

Conciertos, actividades para niños, cerveza, gastronetas, zonas de descanso... dibujan un ‘ambientazo’ en la céntrica plaza día y noche

El público respondió a la propuesta musical de Delafé, que animó la hora del vermú.-Raúl Ochoa

El público respondió a la propuesta musical de Delafé, que animó la hora del vermú.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Patricia tendría que estar subida en un autobús rumbo a una despedida de soltera, pero prefiere conducir su coche a perderse a Delafé. Subida a un banco a la sombra de la plaza de San Juan lo da todo. Y le enciende el horno al artista, y se pone roja cuando le dice pero qué guapa es (a ella y a toda la plaza) y lo que haga falta. Una joven pareja, también en la zona de sombra, sigue el primer concierto de la jornada mientras la futura mamá se acaricia su pronunciada barriga. Y un grupo de amigos con pinta de festivaleros mueve las caderas de aquella manera, más pendientes de la hamburguesa de la que dan buena cuenta junto a la gastroneta de la Finca Santa Rosalía. Estos sí, bajo un sol de justicia. Quién dijo miedo. La gente, solos, en pareja, en familia o en cuadrilla, es la principal artífice del ambientazo que el Festival Tribu dibuja día y noche en la plaza de San Juan, que, desde el viernes por la noche, vive en una verbena sin fin.Ayuda el espacio diseñado por el taller de arquitectura Ajo, que viste la desnudez pétrea del ágora y la convierte en un lugar acogedor, con unas apetecibles hamacas convertidas en la cima a conquistar por los más pequeños de la casa o una coqueta zona de espera a cubierto acondicionada con cajas de cervezas y unas verdes plantas.Cuando Delafé seducía a propios y extraños subido en el escenario, la jornada ya bullía sin remedio. A San Juan le costó poco desperezar, a pesar de la fiesta que se pegó la noche del viernes. Mientras la plaza se quitaba las legañas, la Asociación Berbiquí coloreaba el patio de la Biblioteca Pública (por fin toma vida este recoleto espacio) con una instalación construida con vasos de plásticos prestos a llenar el vacío.Mientras Delafé se metía al público en el bolsillo, quien cogería su testigo, dj Rúper, tomaba nota concienciado de que tendría que afinar los platos para que el ritmo no decayese. El baile debía continuar. Y lo hizo. Tanto que algunos pospusieron la hora de la comida hasta la de la siesta para no perder ningún paso.A las cinco de la tarde, Ismael -precavido, con visera- y amigos daban cuenta de los últimos bocados antes de prepararse para una tarde festivalera. Tenían casi decidido acercarse al Museo de la Evolución Humana a ver a Pure Hemp. Espectáculo asegurado. Aunque les daba pena perderse a Shirley Davis y su banda, a la que se perdieron en el Tablero de Música. Sopesaban si tostarse antes al sol viendo a The Mani-las, a las que tuvieron que colocar un toldo improvisado encima del escenario para hacer frente a los rigores del sol, o dejar caer las posaderas cuarentonas en la silla de una terraza.Lo que sí tenían seguro es que tras vibrar con el burgalés, que adelantaría el primer tema, Sensitive Robot, del que será su primer disco, Reset planet, a publicar en noviembre, volverían a San Juan a bailar al ritmo de Delaporte y de Brian de Calma, los dos nombres que cerrarían la jornada sabatina de un Festival Tribu que ya se ha convertido en una referencia cultural en el mes de septiembre a orillas del Arlanzón.

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