El Correo de Burgos

Arranca la temporada de letras / El jueves, en el Museo de la Evolución Humana

Manuel Vilas: «Necesitamos políticos que nos amen»

Poesía (‘El hundimiento’, ‘Gran Vilas’...), novela (‘Aire nuestro’, ‘España’...) y relato (‘Zeta’...) jalonan su prolija trayectoria literaria, en la que irrumpen curiosidades como la recopilación de sus reflexiones en Facebook (‘Listen to me’). Su último libro, ‘Ordesa’, le está valiendo el aplauso de la crítica y los lectores

Manuel Vilas.-Lisbeth Salas

Manuel Vilas.-Lisbeth Salas

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Mi madre era un ángel. Vio su decrepitud y la rechazó, y se hizo entonces una mártir, pero en todo ello solo latía su servicio a la vida. No soportaba los espejos, y yo tampoco. Los espejos son para los jóvenes. Si respetas la belleza no puedes respetar tu envejecimiento. Cuántas veces llegaba yo a mi casa, cuando tenía 17 años, y no me fijaba en la presencia de mi padre, no sabía si mi padre estaba en casa o no. Tenía muchas cosas que hacer, eso pensaba, cosas que no incluían la contemplación silenciosa de mi padre. Y ahora me arrepiento de no haber contemplado más la vida de mi padre.Manuel Vilas convierte a sus padres en los protagonistas de su nuevo libro, Ordesa (Alfaguara), un poema disfrazado de novela, en el que vuelve sobre sus pasos para trazar su propio retrato, íntimo, descarnado, y reflejar a través de él el de la España en el que se recorta, la de una familia de clase media baja en los años 60 y 70.El escritor oscense hablará sobre este trabajo en el MEH, en colaboración con la librería Luz y Vida, el jueves a las 20.15 horas en el que será su debut literario en la ciudad del Arlanzón. El estreno viene avalado por los críticos y por el público. Su autor, encantado: «Es motivo de felicidad y satisfacción».Pregunta- ¿Ordesa va camino de ser un superventas sin ajustarse, ni de lejos, a sus cánones?

Respuesta- Es una historia muy privada, muy personal, pero los lectores se han visto reflejados porque toca una tecla universal, que es la relación entre padres e hijos, y la pérdida de tu padre y tu madre, que es algo que todo ser humano lleva en su corazón y es motivo siempre de huracanes emocionales. Qué significan tu padre y tu madre, qué han sido ellos para ti, por qué se han marchado, qué supone su muerte, qué vínculos te quedan con ellos a pesar de que ya no están, la memoria, el enigma, el pasado, las cosas que no se hablaron... Y al paso sale la España de aquella época, el momento histórico en el que yo era niño.P.- Es una declaración de amor a sus padres, a pesar de que casi en la primera página ya sentencia que nadie sabe qué es el amor.

R.- Efectivamente. Nadie sabe qué es el amor, pero todos lo buscamos. La existencia es una búsqueda del amor incondicional. Y, probablemente, donde lo tenías es en el origen, a través de tu primera familia, tu padre y tu madre.P.- ¿Después de completar este viaje emocional llega a desentrañar qué significan sus padres?

R.- Ahora son fantasmas amorosos. Hay una idea del fantasma, no la de Hollywood, sino la de una presencia tranquila y serena, que simboliza tu pasado, al que tú no renuncias porque en él está contenida tu vida y quieres que te acompañe en tu presente y esa presencia es fantasmal. Cuando haces una cosa igual a como lo hacían ellos o dices una palabra que pronunciaban, regresan. Y lo hacen de una forma muy contundente, parece que vienen de donde están y se presentan ante ti.P.- ¿Y llegan a aliviar la soledad, el vacío que han dejado?

R.- Sí, por supuesto, y es un recuerdo luminoso, no es triste ni trágico, aunque haya nostalgia.P.- Dice que se arrepiente de no haber contemplado más la vida de su padre. ¿Con este libro expía, de alguna manera, esa culpa?

R.- Cuando uno tiene 20 años no presta atención a sus padres, solo son gente que resuelven problemas, pero no te producen curiosidad ni interés, eso viene luego y ya es tarde. Parece que es una maldición. No tiene solución.P.- Concluye igualmente que el dolor es amarillo. ¿Por qué?

R.- Quise dar una expresividad y símbolos a todo lo que se cuenta y pensé en el amarillo porque se relaciona con la mala suerte, la locura, la irracionalidad, el delirio, como en la canción de los Beatles. Ahora también ha adquirido una simbología política en Cataluña, aunque yo no pensé en ello cuando lo elegí. Me gustó porque es un color huérfano, además de la contundencia que tiene su sonoridad en español.P.- En Ordesa pinta su autorretrato sobre un fondo que dibuja la España de su época. ¿Qué se ve ahí?

R.- Refleja la España de los años 60 y la clase social de la que yo procedo, esa larga noche en la que el campesinado y los trabajadores españoles se convierten en eso que vuelve loco a los sociólogos y que se llama clase media, en mi caso, media baja. Su origen está en la posguerra, cuando la gente empieza a adquirir prosperidad material y ve la posibilidad de que sus hijos vivan mejor que ellos. Soy hijo de ese sentimiento. Esos trabajadores prosperan y lo siguen haciendo hasta el año 2008, que se produce la crisis y, de repente, asistimos a que los hijos van a vivir peor que los padres. Se rompe la idea histórica de que las siguientes generaciones van a progresar más. Y en esas estamos.P.- De esa generación también habla a través de sus hijos...

R.- Salen mis hijos porque quería recorrer todo el círculo. Uno es hijo y luego algunos se convierten en padres y madres, pero la condición de hijo es universal.P.- Otro símbolo es Ordesa...

R.- Yo soy de Barbastro, que está a una hora del parque nacional, y a mi padre le encantaba ese paisaje, era la belleza pura, y simboliza su gusto por subir los domingos a los Pirineos.P.- ¿Está de acuerdo en que la infancia es la verdadera patria del hombre?

R.- Eso es muy romántico, la verdadera patria del hombre es no padecer injusticias (ríe). A eso debemos aspirar todos. Luchar contra la injusticia, venga de donde venga. Yo prefiero cosas más a ras de suelo. Soy muy realista en todo, precisamente porque vengo de donde vengo. Tengo una conciencia de clase muy desarrollada, donde el sacrificio, el trabajo, la voluntad eran importantísimos. A mí nadie me ha regalado nada en la vida como tampoco le regalaron nada a mi padre. Lo que más me molesta de la vida española son los privilegios. El mundo de los privilegios es lo más bochornoso, intolerable y denunciable que hemos visto en la escena política.P.- Pues se tirará de los pelos cada día...

R.- Claro, es que además la escena de los privilegios políticos no es patrimonio ni de la derecha ni de la izquierda, sino de ambos. Ocurre en ambos sentidos. Es consustancial al ejercicio del poder en España y parece imposible de erradicar, gobierne quien gobierne, y a quien viene de una clase media baja le descompone.P.- ¿Y esta situación tiene solución? ¿Hay lugar a la esperanza?

R.- La única manera de que las democracias occidentales se saneen es que los ciudadanos exijan transparencia y sobre todo dimisiones. Todos los casos de los máster son de dimisión inmediata. Está claro que todos se valieron de sus privilegios políticos para que los regalaran títulos académicos. Esto no puede ser porque la gente se desmoraliza. Igual que con la corrupción. La corrupción política del Partido Popular nos ha dejado a los españoles destrozados, pero, por otro lado, ves como la izquierda solamente lo utiliza para llegar al poder, no con ánimo de regenerar el país, y te produce más desmoralización. Los platos rotos de los discursos exaltados de la derecha y la izquierda los pagamos los pobres españoles de la clase media baja. Echo en falta un político ambicioso y lo es quien quiere que su país progrese. Necesitamos políticos que nos amen.P.- ¿Y qué deben hacer esos españoles que pagan los platos rotos?

R.- Vigilar a los políticos, ser ciudadanos críticos y, sobre todo, manifestarnos y decir lo que pensamos.P.- ¿Hay que salir a la calle?

R.- Sí, pero también tenemos el voto. La gente deber salir en masa a votar, la abstención es un problema grande.

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