El Correo de Burgos

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La nostalgia juega a las chapas y baila en guateques

Jesús Carazo traza un friso sentimental de la ciudad de los años cincuenta y sesenta en ‘Aquel Burgos sombrío donde fuimos felices’

Una pintura de Pepe Carazo ilustra la portada de este nuevo libro.-

Una pintura de Pepe Carazo ilustra la portada de este nuevo libro.-

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A.S.R.
Burgos

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De aquel caballo de cartón que sus padres instalaron en la terraza de la casa de San Gil a las dos o tres bellezas madrileñas que llegaban a la Ciudad Deportiva en verano y por las que todos suspiraban en secreto; de aquel transeúnte furibundo que le persiguió hasta darle caza y rajar con una navaja la pelota culpable del balonazo recibido en la calle a los cándidos guateques que se organizaban en casa «sin ninguna habitación secreta en el piso de arriba para que las parejas se diesen un revolcón, como en las películas americanas»; del «ronroneo de las ruedas» de un par de patines con los que se deslizaba por el patio del Liceo Castilla a la fugaz imagen de Espartaco Santoni a caballo durante el rodaje de El valle de las espadas...Jesús Carazo traza un recorrido sentimental por la ciudad de su infancia y su juventud en Aquel Burgos sombrío donde fuimos felices, un libro que reúne 39 pequeños relatos en los que, a través de la evocación de sus propios recuerdos, dibuja la sociedad de los años cincuenta y sesenta.El nuevo volumen del escritor burgalés llega a las librerías apenas un mes después del último, que aunaba las dos novelas cortas Un otoño en Burdeos y El viaje a Grindelwald.¿Por qué este libro ahora? «Es difícil adivinar por qué un tema te atrae en un momento determinado, pero en este caso podría ser el inolvidable placer que me produjo la escritura de ¡Este chico es tonto!, primera parte de mis memorias», responde y añade: «Por otro lado, material no me faltaba: acumulamos tantos episodios y emociones en la adolescencia que basta con girar la cabeza y volver la vista atrás...».En ese viraje, él se topa con los juegos infantiles en el Mercado Sur, los billares y futbolines abiertos por la Organización Juvenil de Falange en un semisótano, las tardes de invierno en la Peña Guitarrista para aprender a tocar las seis cuerdas, las miradas entre chicos y chicas bajo los soportales de la Plaza Mayor... «En este libro, el catalizador son los espacios de nuestra ciudad (paseos, calles, cines, fiestas, colegio…). He intentado recorrer todos esos lugares con la ilusión y la ingenuidad del jovenzuelo que yo era entonces», apunta el escritor para salvar las distancias de este volumen y los dos de memorias ya publicados, ¡Este chico es tonto! y Una vida (casi) discreta.Carazo está convencido de que estos apuntes despertarán «sin duda gozosos e inesperados recuerdos en los lectores de mi generación, en mis compañeros de clase y en mis amigos de entonces», mientras que «a los más jóvenes, probablemente, les divertirá saber cómo vivíamos en aquella época oscura».

Aunque la experiencia le dice que siempre se queda algo en el tintero, de lo que el autor se da cuenta cuando ya tiene el libro entre sus manos, cree que Aquel Burgos sombrío donde fuimos felices es un punto y final: «Tengo la impresión de haber agotado una época de mi vida, la de mi infancia y adolescencia».

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