Salón del Libro Infantil y Juvenil
En las páginas para niños
La editora Asun Sarrado y los escritores Fernando Lalana y Ledicia Costas hablan de su trabajo, de los pequeños como lectores y de la situación que atraviesa este sector en la actualidad

Ledicia Costas (i.) charló de sus libros en la Biblioteca Pública acompañada por Montse Reverte.-Santi Otero
Detrás de los libros para niños y jóvenes se encuentran profesionales a los que difícilmente se les pone cara. Sus lectores devoran sus historias sin saber quiénes las hacen posible. El Salón del Libro Infantil y Juvenil enciende los focos sobre estas personas. La responsable de la Editorial Cosquillas, Asun Sarrado, y los escritores Fernando Lalana y Ledicia Costas participaron ayer en sendos encuentros.FERNANDO LALANA: «Los 80 y 90 fueron una época irrepetible»
Fernando Lalana es un nombre esencial en la historia de la literatura para niños y jóvenes. Morirás en Chafarinas, Silvia y la máquina qué, Hubo una vez otra guerra, El zulo, El secreto de la arboleda... engancharon al placer de la lectura a muchos en los 80 y 90. Veinte años después, mantiene el tirón.Minutos después de concluir su encuentro con los escolares, pasea por Burgos. «Ha sido una sesión notable. A pesar de que eran chavales jóvenes, se han portado de maravilla y han tenido preguntas inteligentes. He terminado encantado con ellos», apunta y es tajante cuando se le pregunta en qué ayudan estas actividades a los autores: «A mí es lo que realmente me mantiene en este oficio ya que no me gusta demasiado escribir. Si no hiciera encuentros de vez en cuando, que me lo paso en grande, habría dejado este trabajo hace tiempo. Me mantiene en contacto con lo que piensan los lectores. Lo disfruto tremendamente. Eso me vale».Sorprende, a la vista de los títulos que atesora, que diga sin inmutarse que no le gusta demasiado escribir. No rectifica. Se ratifica. «Somos muchos a los que nos parece que esto de escribir es bastante aburrido, pero otros se lo callan. Yo hace tiempo que no. Me gustan muchas cosas de este oficio como documentarme, inventar personajes, preparar el libro..., pero el hecho literario, escribirlo, nunca me ha gustado mucho», sostiene y aventura que se debe a su falta de vocación, «no tengo alma de escritor».
¿Y cómo acabó en este mundo? «De rebote, no pude estudiar Arquitectura, acabé haciendo Derecho, que nunca llegó a gustarme, mientras tanto vi que tenía facilidad para esto y probé. Era una época en la que se ganaba mucho dinero. Vi una oportunidad profesional, me metí pensando que serían unos pocos años y llevo toda la vida», se explaya.Reconoce que ha tenido suerte y la fortuna de estar en el lugar y momento adecuado, amén «de haber pillado una época irrepetible en la literatura infantil y juvenil española».Habla de los 80 y parte de los 90. «Se puso mucho interés en la escuela española por la lectura e hizo que autores vivos tomáramos el relevo de los clásicos», observa y enumera a Alfredo Gómez Cerdá, Pilar Mateos, Jordi Sierra i Fabra... «Sabemos que ya nos queda poco y tenemos que pasar el testigo a nuevas generaciones, que las hay muy buenas, pero que no tendrán la suerte que tuvimos nosotros», augura.
El color de rosa no entra en su paleta cuando se trata de pintar la situación actual. «Es una época mala. Se vende y se lee poco y, además, en los últimos tiempos parece que solo lo hacen los youtubers e influencers. Para gente como yo, es un momento triste. A partir de la súper crisis se notó un bajón y, a pesar de los esfuerzos de nosotros y de la escuela, no va a mejor», analiza y suspira por que llegue otra edad de oro.LEDICIA COSTAS: «Son lectores críticos, pero extremadamente generosos»
A esa nueva generación de autores pertenece Ledicia Costas. Empezó a escribir desde joven, también estudió Derecho y la publicación de Escarlatina, la cocinera cadáver irrumpió en su vida como un vendaval. Ganó el Premio Merlín y el Nacional de Literatura Infantil en 2015, entre otros reconocimientos. «Los premios me han abierto muchísimas puertas, sobre todo porque soy una autora que escribe en galego y saltar a otras lenguas del estado español es complejo y gracias a ellos las traducciones surgen de forma natural», expone y lamenta que sea tan difícil ese paso de una a otra lengua.«Tenemos un sistema literario muy rico y el 95% de la gente no puede ser leído fuera de Galicia. Es muy doloroso», insiste y carga la responsabilidad en la Administración Pública, pero también en los editores, «que deberían tener curiosidad por lo que se está haciendo en lo que llaman los sistemas periféricos».
De este providencial título y de otros hablaría en su cita con los lectores (aunque fueran pocos los que acudieron a la Biblioteca Pública). «Para mí es imprescindible tener ese contacto con los niños. Primero por la frescura que te contagian y segundo porque es necesario tener la menor distancia posible con ellos. Me retroalimentan y me dan mucha vida», arguye y constata que es el público «más crítico, sin filtros, no se anda con tonterías, pero también es extremadamente generoso, entusiasta... Te da mucho».Hacía estas reflexiones mientras paseaba por la ciudad, emocionada por haberse topado con la librería más antigua de España, donde, decía ilusionada, había hecho amigas y, quizás, pronto vuelva a Burgos. Tal vez con su primera novela para adultos que ultima ahora y lanzará a primeros de 2019.ASUN SARRADO: «La literatura infantil está en un buen momento»
Asun Sarrado no escribe historias. Las cuenta. Y las publica. Es la responsable de la Editorial Cosquillas. Un pequeño sello radicado en Monzón (Huesca) que se está haciendo un hueco en este mundo. Ella quita hierro a la valentía que demuestra con esta iniciativa. «Para mí montar la editorial es juntar todas las cosas que me gustan: diseño gráfico, trabajar con niños y para ellos, sembrar para que se hagan adultos coherentes y responsables, la ilustración, crear historias... Es arriesgado, pero si tienes claro lo que quieres conseguir y transmitir hay que intentarlo», destaca.Desde ese lugar, asegura que la literatura infantil «está en un buen momento». «Sí se dedica tiempo y dinero para los niños y es muy interesante la variedad que existe, de texto, temáticas... Enriquece y ayuda mucho a hacer lectores», agrega convencida de que «un libro de papel debe tener su espacio» en un mundo conquistado por las pantallas.