La Espuela / Juanjo Cuesta Dueñas, director y profesor de teatro
«Siempre he tenido la cosa auténtica y espontánea de paleto»
La bandera arcoíris ondea en su corazón, repartido entre Villasandino, el pueblo donde nació en 1968, al que siempre vuelve y que, «misteriosamente», sigue teniendo mucho sentido en su vida, y Barcelona, la ciudad a la que llegó cuando burló al destino y lo dejó todo por el teatro. Estudió en su Escuela Superior de Arte Dramático y a ella volvió en 2001 como docente. Mantiene viva su vena creadora con la compañía burgalesa Líquido Teatro y con la catalana Dúo Fàcil

Juanjo Cuesta Dueñas.-Julio García Gárate
Pregunta- Paleto de pueblo, orgulloso gay y urbanita barcelonés. ¿Ante qué santísima trinidad estamos?
Respuesta- Son mis tres identidades. Siempre he tenido mucho agradecimiento a lo rurícola, porque me ha dado unas raíces enormes, y también a lo urbanita, porque me ha proporcionado mucha libertad y formación a todos los niveles. Y de mi identidad gay es una de las que más orgulloso estoy, probablemente porque ha sido la lucha que más trabajo me ha dado en mi vida. Lo que no mata engorda y cuando algo es difícil te empoderas y esto se lo debo más a la ciudad que al campo. Pero siempre he tenido la cosa auténtica y espontánea de paleto. Mi primera presentación siempre es decir que soy de pueblo pequeño.P.- ¿Qué puentes construye un exaspirante a ingeniero de obras públicas burgalés en Cataluña?
R.- Pocos (ríe). Solo hice primero. Al empezar segundo se me cayó el lápiz de la mano mientras estudiábamos las fórmulas de desgaste de neumático de las excavadoras. Pero construir puentes pedagógicos sí es una de mis habilidades.P.- ¿Parla catalán en la intimidad?
R.- En la intimidad y en lo público. Aprender catalán es súper fácil, en dos meses se entiende todo y en dos meses más lo chapurreas. ¡No te digo después de 20 años! ¡Puedes escribir tu tesis doctoral!P.- Señor director, ¿cuándo se desvió de su dirección?
R.- El momento más claro, cuando dejé Obras Públicas y tomé la vía de Magisterio, pero terminé de malbaratar todo cuando decidí emprender la del teatro. Coincidió con una crisis de identidad muy fuerte, que me hizo salir del armario, y con otra muy grave de fe, en la que veía muy dudosas las metáforas de la religión católica. No se podían tener más desvíos de la dirección correcta, pero, curiosamente, yo me sentí completamente dentro de mi carril y pude desarrollar mi vida con toda normalidad.P.- ¿Qué se puso cuando salió del armario?
R.- Nada en especial. Fue la época en la que me rapé el pelo al cero, después de una muy hippy, con melena muy larga, que echo en falta ahora que estoy medio calvo. Fue como poner en fosforito mi decisión de ser la oveja negra, por si acaso alguien no se estaba dando cuenta.P.- Sigue siendo un insumiso cuando se trata de...
R.- Muchas cosas. Soy muy reactivo a las situaciones injustas. Soy muy insumiso en el compromiso socio político, pero también en lo cotidiano. Tengo muchos momentos de protesta en mi vida diaria y suele ser muy difícil que me lo eche a las espaldas.P.- Hizo pellas el día que enseñaron en el seminario eso de poner la otra mejilla...
R.- Totalmente, nunca pongo la otra mejilla. Si me dan no la devuelvo, soy bastante pacífico, pero me pongo muy pesado en revertir esa situación.P.- Últimamente se ha puesto guion para unir sus apellidos. ¿Debería haber hecho una genuflexión?
R.- (Ríe). Pongo el guion porque mucha gente por defecto me quita el segundo para abreviar y, hace tiempo, oí a alguna de mis amigas feministas decir que les daba rabia que el apellido de su madre se perdiera y aquello me convenció. Hoy puede que sea una pose pero lo mantengo y, en previsión de que me lo quiten, pongo el guion, como si fuera una cadena que los uniera.P.- ¿Es más payaso de pueblo que las amapolas?
R.- No lo soy tanto, mentiría si lo dijera, aunque sería maravilloso, pero tengo demasiada información de la ciudad y capacidad de especular con el modus vivendi urbano. Dormiría mejor si fuera más de pueblo que las amapolas, pero mis inquietudes pasan por el huracán urbano.P.- ¿Desde cuándo es un chico fácil?
R.- En mi vida privada, desde siempre, no pongo muchas dificultades, y en la pública no lo soy nada, soy un chico difícil.P.- ¿Se bebería el teatro hasta la última gota si no fuera líquido?
R.- Mi vida está consagrada al teatro y uso esa palabra en sentido catecumenal. Todo, incluida mi nómina, gira alrededor del teatro y me satisface mucho que sea así.P.- ¿Su vida deja de ser puro teatro en algún momento?
R.- Mi vida es poco teatral. Así como en los ensayos y espectáculos me gusta entrar en la ficciones, luego no lo arrastro nada al mundo cotidiano. Veo a muchos compañeros que sí se lo llevan y nunca sabes si te hablan de verdad o es pura hipocresía y no lo soporto. En ese sentido, renace mi pasado pueblerino y a mí al pan, pan y al vino, vino. No permito el juego banal y teatral de la farándula. Me aburre.P.- ¿Qué soñó una noche de verano?
R.- ¡Muchas cosas! Y, por suerte, parte de ellas se han ido cumpliendo. Están aquellas que soñábamos con 19 años en el ámbito del pacifismo, para que no nos obligaran a hacer la mili. Ni en nuestras manifestaciones más numerosas hubiéramos creído que acabaría tan pronto el servicio militar obligatorio porque lo primero que recibimos fue una gran represión del gobierno de Felipe González. Otro sueño conseguido fue el de la liberación sexual. ¡Cómo íbamos a pensar que tendríamos una ley de matrimonio gay con derecho a la adopción cuando nos habíamos criado maltratados por nuestros compañeros de clase! Y el tercero era estar haciendo espectáculos con suficiente coeficiente teatral, que sí creo que estoy haciendo ahora.P.- ¿Qué banda sonora escribe su biografía?
R.- En mi vida está muy ausente la música. No le doy ninguna importancia. Mi cabeza pide más silencio. En los espectáculos sí la uso como un instrumento más.P.- ¿Qué diría a la parca si la tuviera al otro lado del teléfono?
R.- Que no tenga prisa, que, como sabemos que nos vamos a ver y que será para largo, que me dé manga ancha. Luego, una vez que cruce el río en la barca, ya estaremos juntos.P.- ¿Qué queda de su corazón de mimo?
R.- Muy poco. Lo suficiente para montar texto, pero he ido dejando progresivamente el mimo y el teatro gestual, aunque no abandonando, porque veía muchos espectáculos que me aburrían y, de repente, reconecté con mi pasado de Magisterio y redescubrí textos literarios. Igual queda que en mis puestas en escena hay más meneo que en otras, también aparece cuando estoy ensayando y reconozco que muchos recursos que hemos sobreutilizado en el teatro gestual me salen ahora... Visto lo visto, me queda más de lo que pensaba. Me corrijo.P.- ¿Qué sarna con gusto no pica pero sí mortifica?
R.- El teatro. Ha habido épocas de pasarlo mal físicamente por no llegar a todo.P.- Su último baile con la luna acabó...
R.- Soy muy poco de lunas y lo justo de bailes. Tendría que referirme a mis textos, a Bernarda Alba, porque Lorca sí era muy lunático, y al Sueño de una noche de verano, de Shakespeare. No soy de esa parte lírico edulcorada de la luna.P.- Antes de que bajemos el telón...
R.- Cuando baja, cuando sube y durante siempre pido lo mismo: dinero para el teatro. Todo se hace por amor al arte o por sueldos miserables. Esta sociedad no puede seguir maltratando a todos los artistas de teatro. Y la responsabilidad es de la Administración Pública, que debe ponerse las pilas y dejar de mirar hacia otro lado y pagar buen dinero a los colectivos teatrales, porque desde luego el apoyo privado o de la Iglesia está ya perdido. El tejido teatral debe mantenerse desde el mecenazgo público y si no, apaga y vámonos.