EXPOSICIÓN ARTES PLÁSTICAS
Los rostros de mundo
Masala expone más de 25 piezas de la producción de Íñigo Araújo.Obras de estilo figurativo donde «las personas son protagonistas»

La exposición estará en Masala durante el mes de abril.-RAÚL G. OCHOA
No se considera retratista pero las personas y sus rostros marcan gran parte de su obra. El alrededor es accesorio aunque trata de ir «más allá de la representación gráfica». La producción realizada entre 2015 a 2017 que se desarrolla entre varias piezas (dípticos, trípticos...) y con un menaje que trata de acercarse a la narración a través de la imagen. Estas piezas cuelgan durante todo el mes de abril en las paredes del restaurante Masala (Francisco Sarmiento,1) y para Araujo es una oportunidad para «enfrentar mi obra al público en un ambiente distinto».
Araujo vuelve a Masala con un estilo realista y su pintura figurativa donde el detalle se transforma prácticamente en una exposición. Lo que se expone estos días intercala piezas de diferentes colecciones «he desordenado cuadros que formaban una misma obra, alternando unos con otros, logrando así deformar el mensaje que había originalmente». Un tipo de juego a la hora del montaje de la exposición con el que Araujo ha querido «deformar el mensaje que había originalmente».
Las piezas son todos acrílicos aunque lo que varía es el soporte. Mientras algunas obras se trasladan al lienzo otras son sobre tablero y también sobre cartón. El autor también juega con el papel realizando acuarela con lápices de colores. Una versatilidad en lo material que se mantiene unánime en su ejecución hiperrealista..
La exposición tiene dos áreas diferenciadas. En las paredes de la tienda de productos naturales se ubica la «obra más imperceptible», una secuencia de piezas de pequeño formato (entre 30 y 40 centímetros), colocadas en su mayoría a modo de friso sobre las estanterías de los productos. En la parte que se puede observar en el comedor del restaurante hay piezas con «algo más de protagonismo» donde los cuadros se presentan de forma desordenada, alternando colecciones y «deformando el mensaje original».
Este autor que cosecha unas cuantas exposiciones es caro de ver. Apunta que «en el panorama general hay poca autoexigencia» y considera que un autor «recibe por cortesía halagos y al final cualquier cosa es buena y no se hace crítica algo que debemos confesar que es difícil de encajar», reflexiona. Pero el, pintor paciente, de los que se dilatan en el tiempo en el que compagina su pasión artística con su trabajo y que se deleita en el detalle apunta que «es mejor una crítica sensata que una palmadita en la espalda» y sobre la actitud del artista «prefiero a alguien que vaya de currante que a un artista». Crítica la falta de «valoración previa» para exponer en salas públicas, municipales, bibliotecas donde «no se impide exponer, algo lógico al ser públicas, otra cosa ya es la lista de espera que haya», cuenta. Por eso el prefiere exponer cuando toca. «Expuse por primera vez en el Consulado del mar, en marzo de 2015, y desde entonces todos los años he tenido propuestas pero mi ritmo de producción no es rápido y soy prácticamente un desconocido».