El Correo de Burgos

LITERATURA / CORREOS ELECTRÓNICOS PARA TODOS LOS PÚBLICOS

La metamorfosis del abuelo que nunca deja de escribir

Con ‘Querido Teddy’, Carlos de la Sierra abandona su zona de confort para redescubrir el valor de la infancia y exponérsela a sus nietos

Carlos de la Sierra posa orgulloso con su nuevo libro. En la portada, aparece él junto sus tres nietos.-ISRAEL L. MURILLO

Carlos de la Sierra posa orgulloso con su nuevo libro. En la portada, aparece él junto sus tres nietos.-ISRAEL L. MURILLO

Burgos

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De toda la vida se ha dicho que a los nietos se les quiere de distinta forma que a los hijos. El escritor Carlos Sierra lo deja entrever cuando asegura que «ser abuelos nos cambia». En su caso, el nacimiento del primero, Edward, le permitió «apaciguar» su naturaleza contestataria y «ver la vida de una manera radicalmente distinta». No imaginaba por aquel entonces que su trayectoria literaria, a caballo entre la novela histórica y las luchas sindicales, daría un giro de 180 grados para dirigirse a un público infantil con el que nunca antes había conectado. «No hubiese profundizado tanto en mi intimidad si no hubiera sido porque el niño me despertó un montón de emociones y recuerdos que un adulto nunca me había proyectado», confiesa el autor de ‘Querido Teddy’, un compendio de «reflexiones» que «ni siquiera tenía en la cabeza» hasta que el pequeño protagonista de esta obra recién publicada llegó al mundo.El proyecto surgió por pura y tecnológica casualidad. A los pocos meses de nacer, la madre de Teddy -e hija del escritor- decidió crearle una cuenta de correo electrónico. De la Sierra no le veía mucho sentido y «a los pocos días le empecé a dar vueltas a la cabeza pensando que al niño no le iba a escribir nadie». Por eso, y porque el chico vive en Leeds (Inglaterra) con sus padres, comenzó a mandarle emails «en momentos puntuales y por causas justificadas». Siempre con el mismo encabezamiento, el que después le serviría para titular la obra, este orgulloso abuelo venció las barreras de la distancia física iniciando una serie de conversaciones unidireccionales centradas en las breves estancias del entonces bebé en Burgos, las visitas de los ‘abus’ al Reino Unido, los paisajes castellanos en función de la época del año e incluso ese pequeño burrito llamado Platero que JuanRamón Jiménez tuvo a bien inventar.En un momento dado, De la Sierra se percató de que había escrito una docena de correos y consultó con varios de sus «queridos amigos literarios» -entre ellos, Fernando Ortega y Montse Díaz- si merecía la pena editar un libro. No se lo planteaba con intención de vender porque nunca ha vivido de esto y su pasión por las letras siempre estuvo por encima del interés económico. Lo único que pretendía era mostrar al lector, independientemente de su edad, ese mundo «completamente especial», «propio» y «natural»de unos seres «libres» que «están aprendiendo y que a la vez son muy sinceros». Cierto es que Teddy no ejerce de interlocutor, pero se percibe a un adulto contando «cosas que no contaría a otra persona».Después de Teddy, llegaron Elena Jane y Elba Luna, esta última más cerca de su abuelo porque reside en Santander. Los tres aparecen en la portada, sentados sobre una manta como en un día de picnic, mientras el abuelo sonríe tiernamente con un libro escondido a su espalda. La ilustración refleja la finalidad básica del libro:«que los adultos se lo lean a los niños». Quizá sea necesario esperar hasta los 10 años para garantizar «cierto entendimiento». El lenguaje es «ligero y sencillo», pero las enseñanzas vitales que contiene cada carta requieren cierto nivel de madurez para garantizar una comprensión efectiva de lo que se expresa entre líneas.La última vez que Teddy y su hermana Elena Jane estuvieron en Burgos, De la Sierra les mostró orgulloso la portada, obra de su nuera, Ester Lanseros. El nieto primogénito se reconoció de inmediato y esbozó una amplia sonrisa. Todavía no lo ha leído porque «con cinco años es demasiado niño», pero el autor espera que de aquí a no mucho tiempo «su madre se siente con él».El idioma no supondrá obstáculo alguno. Teniendo en cuenta que el inglés es la lengua materna de dos de sus nietos, De la Sierra ha optado por traducir las epístolas e incorporar el término Dear (Querido) al título de su obra. Además, es consciente de que se trata de un idioma «muy importante» que las nuevas generaciones deben aprender para desenvolverse con soltura el día de mañana en el mercado laboral. En cualquier caso, lo fundamental es que los lectores comprendan el «contexto emocional» de esta colección de manuscritos electrónicos trasladados al papel e inmersos en un mar de «cualidades pedagógicas» que fueron surgiendo sobre la marcha, pues no era la «intención inicial»del autor.Mientras sujeta un ejemplar entre sus manos, De la Sierra confiesa que ha tenido «desgracia y suerte» con sus nietos. Desgracia porque dos de ellos se encuentran a cientos de kilómetros y la más cercana a más de 200. Suerte porque esa «más que respetable distancia» le brinda la «ventaja» de disfrutar plenamente de su presencia y valorarles «de otra manera». Por otro lado, ‘Querido (o Dear) Teddy’ le ha aportado «mucha serenidad y una perspectiva bastante distinta de las cosas», inclusive aquellas que «ya has superado cuando eres mayor y no vas a volver a revisar». Ese regreso a la infancia ha supuesto una especie de «reencuentro» con todo lo que había «perdido por el camino». Por ejemplo, «la visión que tiene un niño de una fuente a la que va a jugar, salta y se moja». El adulto le regaña, pero el crío en cuestión está «pasándoselo de maravilla». Al fin y al cabo, eso es lo verdaderamente importante.Pendiente de la presentación oficial -a poder ser en la biblioteca pública- y después de firmar ejemplares en la Feria del Libro, De la Sierra ya piensa en alzar de nuevo su pluma. Un par de ideas rondan por su cabeza. La primera, una novela breve de «corte histórico» basada en «un suceso que ocurrió en las montañas de León a principios del siglo XX y que tengo muy interiorizado». La segunda, una recopilación de «ensayos libres». Además, tampoco descarta compendiar una «serie de cuentecitos cortos»que tiene «entre manos». Lo más probable es que todos los proyectos vean la luz tarde o temprano. La gran incógnita ahora mismo es el orden de los factores. Seguramente ni él mismo lo sepa.

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