El Correo de Burgos

ENTREVISTA A JOSEFINA INFANTE / ESCRITORA

«Lo inefable de la poesía es una cura para el alma»

Escritora. Burgalesa natal, neoyorquina por amor y cosmopolita de corazón. Se nutre de paisajes, recuerdos familiares y reflexiones metafísicas capaces de converger en forma de verso. Con ‘Alma bulímica’, su sexto poemario, expone la «metamorfosis» de su alma en una «sociedad consumista sin precedentes» repleta de vacíos existenciales

Josefina Infante.-ECB

Josefina Infante.-ECB

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Redacción
Burgos

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Pregunta-. Nació en Burgos, concretamente en Revilla Vallejera. Aunque se mudó a Sabadell con tan solo 3 años, en el poema que dedica al pueblo asegura que «cada vez me acuerdo más». ¿Qué recuerdos tiene de su tierra natal?Respuesta.- Tengo muchísimos. Mis primeros recuerdos fueron transmitidos de forma oral por mis padres y mis tíos, con los que viví a mi llegada a Sabadell. Al ser emigrantes pobres, mi tío Emiliano, que se apellidaba Burgos, y mi tía Josefina, hermana de mi madre, nos acogieron en su casa. Yo era muy pequeña, no había cumplido aún los 3 años, así que fui creciendo oyendo alusiones a su tierra, que querían muchísimo. Luego, recuerdo las fotos, fui conociendo a muchos miembros de la familia y sus nombres a través de ellas. En algunas, estábamos nosotros, antes de nuestra partida a Sabadell. También solían llegar cartas de familiares, y de vez en cuando, alguna visita. No fue hasta que cumplí 14 años, cuando mis padres reunieron el suficiente dinero para ir a Burgos. Fue entonces que conocí en persona a muchos de mis tíos y primos y visité muchos lugares en Burgos, pues casi toda mi familia vive aquí. He regresado muchas más veces, sola o acompañada de algún familiar.P.- «Lo visité pocos veranos, algunas horas… escasos días…».R.- En Revilla Vallejera no teníamos familia. Las pocas veces que nos quedamos en el pueblo lo hicimos en casa de una vecina de mis padres. Por eso, quizás, no íbamos tanto, porque teníamos más familiares en Castrojeriz o en la ciudad de Burgos. Aunque sí recuerdo alguna escapadita de tan solo horas. Con el paso del tiempo, cuando iba a Burgos, dejé de aparecer por Revilla Vallejera, pues al estar apartado y yo ir de vacaciones, se me hacía difícil acercarme. En la actualidad no tengo mucho vínculo con el pueblo, aunque pienso enviarle al alcalde varios ejemplares del libro, para que lo lea y los pase a algunos de sus habitantes.P.- ¿Ha pensado alguna vez en volver a casa?R.- Siempre he pensado en volver. De hecho, me quise reubicar en España y estuve viviendo en Barcelona entre 2003 y 2005. De esa experiencia escribí el poemario Transmystica. Por cuestiones laborales y familiares, partí de nuevo a Nueva York. En la actualidad, como ya no trabajo, vivo entre Nueva York y Wisconsin. He pensado en retirarme en Málaga, Santander e incluso en Burgos. Mi opción favorita es Burgos en este momento, pues la familia y mis raíces son muy importantes para mí.P.- En 1986 se traslada a Nueva York por motivos profesionales. ¿Por qué decidió afincarse allí definitivamente? ¿Qué le sedujo del país?R.- En 1986 partí para Nueva York tras pasar unas pruebas como profesora bilingüe a trabajar en el Programa Bilingüe de la ciudad. No sé si en algún momento decidí definitivamente afincarme en la ciudad. Como toda inmigrante me afectó el Cultural Shock. La cultura americana y la española son muy diferentes y yo tenía entonces 26 años. No es lo mismo llegar a un lugar de adulto que hacerlo a edades más tempranas. La adaptabilidad es mayor cuando se es más joven.Como todo inmigrante, me ubiqué en el presente. El pasado se colapsa y el futuro es incierto. Nueva York me dio una oportunidad laboral que aproveché al máximo y que alimentó mi espíritu aventurero. Aquí conocí a mi marido, Roger Voelker, que se ubicó en Nueva York para abrirse camino como pintor. Fue él quien me inspiró para ser escritora. Nueva York abre muchas puertas a la creatividad. Aunque por mucho tiempo me debatí entre quedarme o irme, fue el mundo del arte el que acabó haciendo mella en mí. Así que entre hacer un máster en Inglés como segundo idioma y regresar a España para enseñar inglés o hacer un máster en Literatura Hispánica, me decidí por el último porque quería ser escritora. Me gustó tanto la experiencia que seguí en un programa doctoral. Me doctoré en el Graduate School and University Center con una tesis dedicada a Angelina Muñiz, una autora del exilio republicano. Se la dediqué a mi abuelo Isidoro Infante, político republicano y preso político bajo el franquismo.En el Graduate School and University Center fui editora, junto con a otros estudiantes, de la revista de literatura en español Hybrido. Tiempo en el que formé parte de muchas tertulias en español, lecturas literarias en universidades, cafés, librerías, parques, etcétera, siendo organizadora de muchos eventos culturales.P.- ¿Por qué Alma bulímica?R.- Alma bulímica es mi décimo libro y mi sexto poemario. Llevaba mucho tiempo sin publicar nada. A finales del 2018 hice un viaje a Florida, donde está Key West, título del primer poema. Luego viajé por Centro y Sudamérica y posteriormente subí desde San Diego a Seattle, en la costa oeste americana, parándome en lugares como Big Sur y Sacramento, que dan título a dos de los poemas. También menciono Wisconsin en el poemario, pues a raíz de la muerte de mi tío adquirimos su casa y pasamos temporadas allí. El sentimiento de pérdida por las muertes de mi padre y de mi tío, en 2016, también están presentes en el poemario.Decidí titularlo Alma bulímica porque es un reflejo de la metamorfosis de mi alma. En él menciono los lugares importantes de mi vida: Revilla Vallejera, Cifuentes, Brooklyn, Wisconsin, etcétera. Después de tantas mutaciones y viajes hay un deseo de reconectar con mis raíces. Padezco la enfermedad del hombre y mujer modernos expuestos a una sociedad consumista sin precedentes, a propaganda, a un mundo tecnológico imparable que, como el ser bulímico que come insaciablemente para llenar un vacío, probablemente existencial, vomita lo que ingiere sin poder liberarse de ese círculo vicioso. Creo que la globalización ha acarreado males incurables a la población, que va a tener que buscar terapias alternativas que para mí se encuentran en la poesía.P.- ¿Qué influencia tuvieron su padre y su tío sobre usted?R.- Mi padre me influyó e inspiró muchísimo. En primer lugar, su alma. Era un hombre castellano que nació y creció en un pueblo pequeño. Era de pueblo y para su pueblo. Lo de ser de pueblo lo elevo a su máxima expresión. Siempre fue un hombre correcto, que se alegraba de las dichas ajenas y sufría con las desgracias del prójimo, con palabras de consuelo para quien las necesitara. Fue humilde, tímido, honesto y discreto.Mi tío Adrian Smith, tío de mi esposo, fue un granjero de Wisconsin. Poseyó una granja láctea. Estaba muy orgulloso de haber servido a su país durante la Segunda Guerra Mundial, en el Sur del Pacífico, en un destructor para derribar camicaces japoneses. De él aprendí también a ser humilde. Después de vender su granja de Wisconsin se mudó al pueblo de Colfax, y me sorprendió cómo pudo vivir con tan poco teniendo tanto.P.- ¿Le ha dolido escribir teniendo en cuenta su ausencia?R.- Las ausencias de las personas que han marcado tu vida duelen. Pero escribir sobre ellos consuela e inspira. A lo largo del poemario hago referencia a sus gustos. Por ejemplo, de mi padre, hablo de su amor por Castilla, a cazar liebres, meriendas en el monte, a Castrojeriz, su pueblo natal y lugar de peregrinaje.De mi tío hablo de las fresas que cultivaba en su jardín, de las que siempre hablaba y que repartía a todo el mundo. Murió en el tiempo en que empezaban a aflorar. También hago referencia a los cuadros que su madre pintó y que el exhibía orgullosamente en el salón de su casa: paisajes de Wisconsin. Me recordaba el espíritu americano del poeta Walt Whitman. Era un ser independiente, aventurero y pionero.P.- ¿Cuál es, a grandes rasgos, el mensaje que pretende trasladar?R.- El mensaje que pretendo trasladar es que así como el alma puede enfermar, a través de la poesía, se puede curar. Lo inefable de la poesía es siempre una cura para el alma. Nos permite hacer una introspección y, ayudándonos de la metafísica y de las enseñanzas de los místicos; podemos elevarnos, transcender el dolor que todos los seres sentimos y convertirlo en algo atemporal: arte.Por ello, después de poemas de angustia existencial, de emigraciones, inmigraciones y exilios, concluyo con el entusiasta poema Oktoberfest en Wisconsin, en el que deambulo a ritmo de acordeón por las carreteras de Wisconsin y la ruta 66.P.- ¿Trabaja en algún nuevo proyecto a corto o largo plazo?R.- En la actualidad estoy trabajando en un libro de cuentos o relatos. Serán cuatro cuentos, cada uno inspirado en una estación del año neoyorquina. Además de las descripciones climáticas típicas de cada estación, exploro temas ya recurrentes en mis anteriores libros como la angustia existencial, las encrucijadas del ser humano, la identidad del inmigrante, y todos con mucha dosis de feminismo, de mujeres que intentan obtener por todos los medios control sobre sus vidas.

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