Arizona Baby: «Vivimos en una gira constante, tirando de arte y oficio con alegría y buen humor»
Segunda visita de Arizona Baby a Burgos en menos de un año con ‘Salvation’ bajo el brazo y el 15 aniversario de su exitoso ‘Second to None’ en «fase de organización». Corizonas, su banda paralela, sacará nuevo material este año

Guille Aragón, Javier Vielba y Rubén Marrón, componentes de la banda vallisoletana Arizona Baby.
Hay lugares a los que uno siempre vuelve, con o sin excusa, por el cariño recibido. Para Arizona Baby, Burgos se ha convertido en una especie de talismán. «Tenemos muchos amigos y en La Rúa nos tratan de lujo», confiesa Javier Vielba, voz y guitarra de la banda vallisoletana, con «ilusión y ganas de hacer disfrutar a la gente» este sábado, a partir de las 21 horas, en una de sus salas fetiche.
Con Salvation todavía fresco, Arizona Baby vuelven a presentar el álbum por segunda vez en menos de un año. Merece la pena hacerlo porque «sin duda es una ciudad que nos encanta». También el resto de la provincia, porque Vielba no se olvida de los «festivales amigos que nos han ayudado a crecer como Sonorama o Ebrovisión» y otros, de menor formato pero con «mucho encanto», como el Festivalle Tobalina. Y luego está la Asociación Sad Hill, por supuesto.
Después de un 2024 a todo trapo pateando toda España salvo alguna ciudad pendiente de visitar, el tour de Salvation se alargará hasta la temporada festivalera. «Vivimos en una gira constante, tirando de arte y oficio con alegría y buen humor», asegura Vielba, satisfecho, porque «lo esencial se mantiene pero siempre evolucionando». Lo mejor, a su juicio, es que «nunca hacemos dos conciertos iguales, de ahí que mucha gente repita y nos vea muchas veces en un misma gira».
Juega con la ventaja el trío pucelano de haber lanzado -según crítica y público- un disco cien por cien Arizona. Fue algo «premeditado», reconoce, porque «hemos querido poner en valor lo que nos hace un grupo único por su sonido y personalidad». Tanto querían volver a sus orígenes, a la esencia que les permitió destacar, que optaron por un proceso de grabación «muy orgánico y artesanal, utilizando todo lo aprendido en años de experimentación».
Hubo consenso a la hora de seguir esta senda, aunque no todo fue coser y cantar. Sin embargo, los quebraderos de cabeza se transformaron en energía y buenas vibraciones. La cronología, más o menos, se desarrolló de la siguiente manera: «pusimos ideas en común, seleccionamos lo que nos gustaba, nos pusimos a tocar forma y el disco fue cogiendo forma ante nosotros, casi como un ente autónomo». Lo fundamenta, enfatiza Vielba, es que «nos hemos dejado llevar mucho por el instinto y el gusto personal, sin atender a modas o tendencias pasajeras».
Se da la circunstancia, más allá de Salvation, que el exitoso Second to None de los Arizona sopla 15 velas este año. Y toca celebrarlo como es debido, aunque por el momento «está todo en fase de organización». Lo que sí avanza el vocalista es que se rendirá homenaje en directo a un álbum imprescindible para entender la filosofía sonora de la banda. Por no hablar de que el compacto en cuestión «nos puso en el mapa y nos convirtió en músicos profesionales».
La idea, en principio, es celebrar el aniversario de Second to None con «amistades del gremio». Todo se andará, sin prisa pero sin pausa. Mientras tanto, el grupo mantiene infinidad de «frentes abiertos». Con Corizonas, su banda paralela, ya hay composiciones nuevas y todo apunta a que parte de ese material verá la luz a lo largo de este año. Al mismo tiempo, El Meister (alter ego de Vielba en clave de folk experimental) ha vuelto al estudio de grabación y Guille Aragón (batería) continúa dejando su impronta a través de Oihan.
«En ese equilibrio nos mantenemos, pero hace falta constancia y esfuerzo», reflexiona Vielba en alusión a una industria musical «dura, cambiante y poco regulada en este país». Ahí reside, precisamente, esa «incertidumbre» que no distingue entre carreras incipientes y dilatadas.
Tampoco pasa por alto, porque no se puede negar, que «las modas y tendencias cambian y muchos factores escapan a tu control». Lo importante, en cualquier caso, es que la gente se dé cuenta de que «tras un concierto hay muchas horas de trabajo invisible». Por eso, no les queda más remedio a los propios músicos que «saber ir adaptándose para que cuerpo y mente aguanten en condiciones». Así es, concluye Vielba, «el largo camino hacia la cima del rock and roll, que cantaba Bon Scott». Sin obviar, desde luego, que «si es difícil llegar, más difícil incluso es mantenerse».