El primer diccionario español-egipcio de la historia lleva sello burgalés
El psicólogo Fernando Pérez del Río, coautor de un manual pionero para aprender árabe moderno junto a su esposa Manar Ahmed Elhalwany, participa en este ambicioso proyecto para tender puentes entre El Cairo y los países hispanohablantes

Fernando Pérez del Río, en su consulta, con un ejemplar del primer manual para aprender árabe moderno
Por lo que sea -manda narices-, a nadie se le había ocurrido. Cada año, miles de jóvenes universitarios aprenden castellano en El Cairo. La demanda aumenta aunque los recursos, tanto humanos como materiales, sean escasos. Sin embargo, hasta ahora nunca se ha editado un diccionario español-egipcio. Una herramienta indispensable, sin duda, a la hora de aprender cualquier idioma.
Cuando el psicólogo burgalés Fernando Pérez del Río conoció a Manar Ahmed Elhalwany, su actual mujer y profesora titular de español en la Universidad de Zagazig, empezó a apuntar un montón de palabras en ammya masri. Es decir, el «árabe moderno» que se habla en Egipto y con el que todos los países de Oriente Medio pueden comunicarse sin mayor problema. Cuando se quiso dar cuenta, tenía más de un millar de términos anotados.
«No me podía explicar cómo estudiaba la gente sin un diccionario». Por eso, la pareja decidió embarcarse en dos proyectos orientados a tender puentes. Por un lado, un manual pionero -destinado a hispanohablantes- para aprender ammya, editado en 2022 y con gran éxito de ventas en Amazon. Por aquel entonces, ya vislumbraban el lexicón que por fin se puede adquirir en El Cairo.
El diccionario, según precisa el también docente de la Universidad de Burgos (UBU), consta de «más de 4.000 palabras». Podría decirse que es «breve», aunque basta y sobra para desenvolverse a pie de calle. Además, «si lo ampliáramos sería más parecido al árabe clásico». De todas formas, tampoco descarta enriquecerlo si resulta factible.
La idea es lanzarlo en España y no se descarta crear una aplicación móvil
Para dar forma a este volumen único en su especie, la pareja contó con la colaboración de los doctores Mohamed Deyab y Amal Kamaleldin Ahmed. Tras su lanzamiento en El Cairo, la idea es que pueda comercializarse lo antes posible en España. En ello está la editorial Osiris, que «tiene contacto con una distribuidora de Barcelona». En cualquier caso, no queda más remedio que esperar.
De cara al futuro, Pérez del Río se plantea la posibilidad de crear una aplicación móvil basada en el diccionario. Sería muy útil, desde luego, para «turistas y estudiantes» tanto de Egipto como de cualquier país de habla hispana. No en vano, lo principal ahora mismo es que el libro pueda editarse en España.
Lo más parecido hasta ahora era un diccionario sobre fútbol del Instituto Cervantes
«Me hace mucha ilusión este proyecto porque es el primero en su género», reconoce Pérez del Río sin ocultar su estupefacción ante la ausencia, hasta hace nada, de herramientas como ésta para aprender el árabe más universal. Lo más parecido, recuerda, fue un diccionario de fútbol editado por la Embajada de España en Egipto, a través del Instituto Cervantes, en colaboración con LaLiga. Y ya.
Igualmente llamativo le resulta que no se haya apostado como es debido por potenciar el castellano. Algo que sí han hecho, con múltiples recursos, Reino Unido o Francia. De hecho, la influencia anglosajona es palpable en el país de los faraones pese ser «posterior al colonialismo».

Portada del primer diccionario español-egipcio, con la participación del psicólogo burgalés Fernando Pérez del Río.
Ya que estamos, Pérez del Río aprovecha la ocasión para remarcar una vez más que el árabe clásico, a efectos prácticos, «está desapareciendo porque los idiomas evolucionan». Sucedió con el latín y, obviamente, nunca se difuminará del todo. En cuanto al egipcio, su influencia obedece, básicamente, a que «culturalmente ha tenido más expansión y difusión». Eso ha sido gracias, sobre todo, al «turismo».
Como anécdota, el psicólogo burgalés rememora el encuentro, hace ya un tiempo, entre Manar y un profesor arabista de Madrid. Como era de esperar, su esposa «no le entendía». Al menos, no con la claridad que hubiese esperado dadas las circunstancias.