El Correo de Burgos

Padre, hijo y espíritu rockero: «Esto es un sueño, aunque sufrimos lo que no está escrito»

La música lo es (casi) todo para Paco (51 años) y Guille Sánchez (15), guitarristas de la banda burgalesa Akaldo. Si antes de 2023 les hubiesen dicho que compartirían escenario con bandas a las que admiran, les costaría creérselo. Ahora, lo asumen con total naturalidad

Guille y Paco Sánchez, padre e hijo y guitarristas de la banda burgalesa Akaldo.

Guille y Paco Sánchez, padre e hijo y guitarristas de la banda burgalesa Akaldo.TOMÁS ALONSO

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«Joder con el chaval, cómo toca». La de veces que se repite este mismo comentario -o similar- cuando los Akaldo salen a escena. ¿Un adolescente de 15 años tocando punk-rock con tipos que rondan los 50? Pues sí. Y encima compartiendo el peso de las guitarras con su padre, al que se le cae la baba y con razón.

«Me arrodillo delante de él porque soy consciente de que toca mucho mejor que yo», asevera Paco Sánchez (51 primaveras). El aludido, de nombre Guille, se sonroja. Su timidez contrasta con el virtuosismo del que hace gala, sin despeinarse, en cada concierto. Cuando cumplió 6 años, le regalaron su primera guitarra. A los 9, ya tocaba temas de Metallica, Pantera, Sepultura o Slipknot como si nada.

Al poco de ponerse a ensayar en casa, padre e hijo se apuntaron a la academia Blue Note. Primero juntos y después por separado porque Guille «era muy chiquitín y le costaba poner los dedos». En un par de años, el profesor de ambos (Andrés Villa) constató que aquel renacuajo era un diamante en bruto. Y Paco, orgulloso a más no poder, también se dio cuenta de que «su capacidad de aprendizaje era bastante más rápida que la mía».

Antes de Akaldo, Guille hizo sus primeros pinitos en el Tachurock de Itero de la Vega (Palencia) con Los Kanónigos, grupo infantil de punk por obra y gracia del propio festival. «Estaba nervioso porque todo el mundo nos miraba». Pese a ello, salió «muy contento» de aquella experiencia con otros chavales del pueblo igualmente dispuestos a dar caña.

«Conozco a un par guitarristas. De los dos, el mejor es mi hijo», le comentó un día Paco a su amigo Chuchi, del bar La Playa, tras enterarse de que estaba formando un grupo. Con la propuesta en firme, se presentaron en el local para hacer la prueba y resultó que «varias de las canciones que tocaban ellos nos las sabíamos». Con Guille, las cosas como son, alucinaron.

No tardó en aparecer Raúl Vadillo, de Denuncia. Quería contar con ellos para celebrar el 30 aniversario de su banda. Los Akaldo ni se lo pensaron. Puestos a debutar, mejor a lo grande. Y aunque «hubo cosas mejorables» por aquello del estreno, «sorprendimos a mucha gente». Guille, por aquel entonces, acababa de cumplir los 13.

«Desde crío he sido fiel al rock y al punk. Estar con mi hijo es lo más grande que me puede pasar»

Aquel concierto, el 13 de mayo de 2023, fue el «pistoletazo de salida». Ya no había vuelta de hoja. Lo que no imaginaban es que Akaldo se convertiría en un fenómeno de masas a nivel local. De repente, una media de 15 conciertos al año como mínimo. «No tocamos más porque tenemos responsabilidades personales y profesionales», admite Paco aclarando que, al menos por ahora, «no nos dedicamos solo a esto». No en vano, «de cada bolo que damos suele salir otro y a veces hasta dos».

Lo importante es «echarle valor» y «no decir que ‘no’ a nada». A base de carretera y manta, Akaldo ha logrado hacerse un hueco en algunos de los festivales más importante de la provincia y los llenos cada vez que actúan en La Rúa dan fe de que tienen una amplia legión de seguidores. «Quién iba pensar que acabaríamos tocando con grupos que para nosotros han sido referentes como Koma, El Drogas o Reincidentes. He crecido con ellos y es increíble», apostilla Paco, con una sonrisa de oreja a oreja, como si todavía le costase asimilarlo.

Da la impresión de que Guille lo asume con mayor naturalidad, aunque también se le ve encantado. «Con Zirrosis nos llevamos muy bien. Tocamos una canción suya, hemos coincidido alguna vez con ellos y se suben a cantarla». Según cuenta esta anécdota, Paco le recuerda que Kutxi Romero, líder de Marea, le dijo «que le quería fichar». Y tampoco se olvida de que otras bandas como Reincidentes o Catalina Grande Piñón Pequeño le hicieron saber que «es un fenómeno».

«Yo me quedo con Akaldo», sentencia este joven guitarrista burgalés pese a reconocer que «a veces cuesta un poco porque hay días que preferiría quedar con mis amigos». Aun así, lo lleva «bien» y se siente perfectamente integrado pese a la diferencia de edad. «Isaac (batería), Iván (bajo), Chuchi y mi padre son muy graciosos», afirma.

Poco a poco, la influencia metalera de Guille se palpa en Akaldo. Fan de grupos como Linkin Park o Rage Against the Machine, se puso manos a la obra con una versión de Killing in the name cuya letra pone en tela de juicio el sistema educativo. Aparte, hace unos meses dejaron al público boquiabierto con Ábreme el bar, cover del mítico Breaking the law de Judas Priest.

Guille y Paco, en el local de ensayo de Akaldo.

Guille y Paco, en el local de ensayo de Akaldo.TOMÁS ALONSO

La gran tarea pendiente sigue siendo nutrir su repertorio con temas propios. Con Templo del Rock and Roll, Chuchi y compañía demostraron con creces su capacidad creativa más allá de la adaptación de himnos ajenos. Su segundo hit, Rompelotas, vino a confirmar además que la ironía es un arma de doble filo. En este caso, contra «esa gente que sabe más que tú, es mejor que tú en todo y te pone la cabeza como un balón de Nivea».

Otro factor clave que ayuda a comprender el éxito de Akaldo en directo es la elasticidad del set. «Siempre hay que meter canciones nuevas, no te puedes quedar anquilosado», subraya Paco antes de avanzar que, más allá de seguir explorando en clave compositiva, cuentan con una canción de AC/DC que promete ser la bomba.

«Lo que pretendemos es que Guille sea un ejemplo para el resto de la juventud. Que vean que el rock and roll no ha muerto»

«Desde crío he sido fiel al rock y al punk. Estar con mi hijo es lo más grande que me puede pasar», confiesa antes de dejar claro que no todo es coser, cantar, reír y tocar. «También discutimos, tenemos nuestros momentos, pero los pros ganan a los contras». Además, «lo mejor es cuando alguien viene y me dice: ‘que sepas que tu hijo toca mucho mejor que tú’».

Guille, cuya madurez salta a la vista, agradece la educación musical que ha recibido desde pequeño por parte de sus padres. Todavía no sabe a qué se quiere dedicar el día de mañana, pero tiene claro que le gustaría seguir tocando la guitarra. No pasa por alto, eso sí, que «dedicarse a la música es muy difícil». Sin embargo, por intentarlo que no quede.

«Lo que pretendemos es que Guille sea un ejemplo para el resto de la juventud. Que vean que el rock and roll no ha muerto. Ni el punk, el heavy metal, el hardcore o el grindcore», enfatiza el guitarrista mayor de los Akaldo a sabiendas de que los amigos de su hijo, como la gran mayoría de chavales de hoy en día, se decantan por otros géneros.

«El reguetón no me gusta, pero sí escucho mucho rap y trap», esgrime Guille. Sus amigos, por cierto, le animan a seguir en el grupo. Los mismos que se quedaron de piedra hace no mucho cuando una señora se acercó a ellos en un banco, dirigiéndose a él, para preguntarle si «era el guitarrista de Akaldo».

A nivel personal, Paco asegura que «esto es un sueño» aunque «sufrimos lo que no está escrito». Formar parte de un proyecto como Akaldo requiere un «esfuerzo muy grande» y es consciente del sacrificio que hace Guille cuando, por su edad, «a veces preferiría estar jugando al fútbol con sus amigos». Aun con todo, la banda suma y sigue, concierto a concierto, y este verano se presenta cargado de eventos.

Larga vida al rock and roll, proclamaban Barón Rojo a principios de los 80. Para que la máxima se cumpla, hacen falta muchos Guilles tomando el relevo. Ojalá sea así. Y aunque sean pocos, no cabe duda de que darán mucho que hablar porque talento no falta.

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