Muchos pueden imitar la realidad, pero pocos logran «trascenderla»
Por primera vez en Burgos, Eduardo Naranjo repasa su extensa y variada trayectoria artística con una cuidadosa selección de obras expuestas en la sala Pedro Torrecilla hasta el 16 de noviembre

Eduardo Naranjo, en la presentación de su exposición en la sala Pedro Torrecilla.
Paseando a orillas del Arlanzón, con el asfalto y la naturaleza conviviendo en perfecta armonía, Eduardo Naranjo tuvo una suerte de revelación sensorial. «Burgos y su vida. Eso que falta hoy en los pueblos». De repente, el pintor extremeño se acordó de su tierra natal, Monesterio (Badajoz). De ese medio rural cada vez más desangelado. Y se sintió afortunado de pisar esta urbe «maravillosa» en la que nunca antes había expuesto. Una «ciudad muy noble históricamente» que se le antoja «hermosísima y muy simpática». Puro deleite visual.
No era una cuenta pendiente. Sí es, en cambio, un privilegio disfrutar in situ de su trayectoria. Con una exquisita selección de obras, a caballo entre 1987 y 2025, que muestran su tránsito por diferentes etapas pictóricas. Una «exposición de extraordinario valor artístico» -tal y como subraya la directora general de la Fundación Círculo Burgos, Laura Sebastián- afincada en la sala Pedro Torrecilla hasta el próximo 16 de noviembre.

Eduardo Naranjo y Laura Sebastián, de la Fundación Círculo Burgos.
«Muy a gusto y satisfecho». También «orgulloso» de compartir parte de este ínclito legado en vida con la ciudadanía burgalesa. Así se siente Naranjo, igualmente entusiasmado con las palabras que Pepe Carazo le dedica en el folleto expresamente editado por la Fundación Círculo para la ocasión.
En su texto, el creador burgalés deja claro que en Naranjo, siempre, «es el dibujo quien responde». Puede que buscando «contestación en los sueños de la inconsciencia espiritual, el hogar oscuro y tenebroso, que señalaba Sigmund Freud, ocupado por fantasías, deseos y recuerdos tan perturbadores que no podemos pensar en ellos de forma consciente». O tal vez amparándose en «el mundo real y la voluntad de la vigilia» hasta alcanzar ese «dominio técnico que le permite expresarse con seguridad».

El mundo de los sueños está muy presente en la obra de Eduardo Naranjo.
Más de 40 cuadros engrandecen la estancia. Naranjo sorprende, seduce e invita a soñar. Lo mismo da óleo, grafito, aguafuerte o un simple lapicero. «La línea sostiene el misterio de la imagen y la emoción se abre paso», apunta Sebastián después de acentuar el «rigor técnico» y la «poesía visual» de «uno de los grandes maestros de la pintura contemporánea». Su palmarés de premios avala dicha afirmación. También, y de qué manera, el hecho de ser el primer artista occidental que expuso en China.
Retrotrayéndose inconscientemente a los elogios que Carazo le brinda por escrito, el maestro pacense remarca que «el dibujo es la base de todo». Hubo genios que renegaron de esta disciplina. Y otros, como Salvador Dalí o Pablo Picasso, que la encumbraron hasta el Olimpo de las artes plásticas. Del mismo modo, reconoce que su obsesión por los reflejos y las transparencias, por obra y gracia del surrealismo, afloró a raíz de un verano que pasó en Fuerteventura. Cuando se quiso dar cuenta, «musicalidad y ritmo» ya bailaban a su son.

La infancia en diferentes épocas y etapas.
Afirmó una vez el propio Naranjo, y la directora de la Fundación Círculo Burgos lo suscribe, que «no busca imitar la realidad sino trascenderla». El aludido, por su parte, asegura que «los artistas ni siquiera nos damos cuenta de lo que somos». Lo único que puede dar por sentado, en base a su experiencia filosófica y profesional, es que «nuestra intención es plasmar al máximo la belleza».
Dos meses por delante para disfrutar de la exposición de Eduardo Naranjo en la sala Pedro Torrecilla. Todos los días salvo los lunes. Por si fuera poco, la muestra cobrará aún más vida el sábado 4 de octubre, a partir de las 19:30 horas, gracias a Lucía Moya Bueno. Con su inseparable trompa y el talento innato del que hace gala, compaginará música, danza y poesía añadiendo además una colaboración sorpresa. Aparte del recital, gratuito hasta completar aforo, la intérprete desvelará al público la conexión latente entre su propuesta sonora y las obras del pintor extremeño. Así, entre notas y trazos, quedará patente una vez más que las artes, cuando dialogan, se sitúan por encima de lo humano y lo divino.