Parabellum: «Toda la rabia que tenemos acumulada la sacamos en el directo»
Referentes del punk ibérico y siempre «a saco», Josu Korkostegi y compañía darán «toda la caña posible desde el principio hasta el final» este sábado en la segunda edición del BurgoRock

Parabellum, tras una de sus últimas actuaciones en directo.
La estrecha relación de Parabellum con Burgos viene de lejos. Grandes recuerdos y amistades para toda la vida en distintos puntos de la provincia. Y la morcilla, por supuesto. No es de extrañar, por lo tanto, que Josu Korkostegi (batería y voz) y sus compañeros se hayan dejado caer por aquí en numerosas ocasiones, ya sea para tocar o por «turisteo», simple y llanamente.
Volverá a sentirse «como en casa» esta banda icónica del punk-rock estatal, artífice de himnos como Envenenado o La vela se apaga. Esta vez de la mano del BurgoRock, que este sábado 4 de octubre encara su segunda edición -de nuevo en la sala Andén 56- con el objetivo de consolidarse como cita de referencia otoñal en la ciudad. Todo listo, advierte Josu, para «un pedazo de concierto en el que tocaremos canciones que no tocamos desde hace tiempo».
Pregunta. Se dice, se comenta, que Parabellum ha preparado un show muy especial para el BurgoRock. ¿Se puede adelantar algo al respecto?
Respuesta. Vamos a hacer un concierto súper cañero. El teclista va a dar una vidilla bastante chula a varias canciones. Luego tenemos un juego de luces bestial, el técnico va a hacer un sonidazo que te pasas... Básicamente, va a ser un pedazo de concierto en el que tocaremos canciones que no tocamos desde hace tiempo. Vamos a dar toda la caña posible desde el principio hasta el final. A saco, sin concesiones.
P. ¿Cuánto tiempo hace de la última visita a Burgos?
R. La última vez fue en marzo, en el Rebel Fest.
P. ¿Qué os atrae de esta tierra más allá del siempre atrayente olor a morcilla?
R. Burgos es una ciudad a la que nos encanta venir. Nos han tratado siempre como en casa, tenemos un montón de amigos y de gente que nos sigue. Siempre es un placer venir aquí. Ya no como grupo, porque de turisteo hemos venido muchas veces. Es un sitio que tiene un montón de cosas extraordinarias para ver, mucho más allá del atrayente olor a morcilla a la que, por cierto, no vamos hacerle ascos. Alguna siempre cae dentro del cuerpo.
Burgos nos encanta, de verdad. No estamos vendiendo la moto.
P. Por la provincia os habéis movido bastante. En festivales como los extintos Petróleo y Baitu Rock o el Trespa, que sigue en pie. ¿Para cuándo el Sonorama?
R. Sí, nos hemos movido bastante. En el Petróleo hemos tocado bastantes veces y tenemos unos recuerdos de la ostia. Y en el Baitu, en Villarcayo, más de lo mismo. También en el TrespaRock.
En el Sonorama he estado de público. Nunca hemos hecho ascos a ningún festival. Si nos llaman para el Sonorama, allá que nos vamos. De cabeza, además.
P. Costó que saliese, pero El grito del hambre vio la luz en 2022 tras más de dos décadas sin publicar álbumes de estudio. ¿Cómo fue el recibimiento?
R. Tuvimos varios problemas a cuenta de la salud de Juan Carlos (Lera), pero tenía que salir y el recibimiento fue mejor de lo que esperábamos. No teníamos miedo, siempre hemos hecho lo que nos daba la gana y, en realidad, nos tiramos al barro. Hicimos lo que nos gusta, sin miedo al que dirán, siendo sinceros con nosotros mismos.
Sí que hablamos de estar un poco preparados, después de unos 20 años de sacar el último disco, para las críticas. En este país, si haces lo mismo que en el anterior habrá gente que diga «vaya mierda». Y si haces cosas diferentes, la misma gente dirá: «vaya mierda, habéis cambiado».
Igual era bastante diferente a lo que esperaba la gente, pero nos daba igual. Al final, el recibimiento fue todo lo contrario. Tuvimos unas críticas buenísimas y nos dieron el Premio Koska al Mejor Disco del Año. De momento, ahí sigue funcionando. No podemos quejarnos.
P. ¿Cuánta rabia acumulada se concentró en este LP? ¿Os habéis desquitado gracias al directo?
R. Date cuenta que se titula El grito del hambre. Queríamos que cada canción fuese un grito: de amor, de ausencia, de dolor... Y en las letras siempre hay rabia. Rabia de todo lo que ves y lo que te toca, aunque no sea directamente, porque somos personas y la empatía siempre está ahí.
Y el directo es el directo. Nos lo pasamos estupendamente, nos miramos los unos a los otros y es cuando soltamos todo. Llegas, actúas, sudas y lo ofreces todo. Es parte de nuestro show. Te puede gustar más o menos un grupo, pero la sinceridad se ve en el directo y es lo que tienes que transmitir. Nosotros, toda la rabia que tenemos acumulada la sacamos en el directo. Está claro.
P. Me imagino a Lera, allá donde esté, sonriendo de oreja a oreja mientras escucha el disco en bucle.
R. Lera estará sonriendo de oreja a oreja, pero porque siempre estaba así. Desde pequeños, era un chaval que te daba luz. Siempre con la sonrisa en la cara. Seguro que lo está escuchando en bucle porque ha sido partícipe de este disco. No físicamente, pero sí en cada canción. De hecho, algún tema es suyo.
Aunque lo mismo no lo está escuchando y espera a que estemos todos para escucharlo juntos. Mientras, Juan Carlos está presente en cada ensayo, en cada concierto y cada vez que escuchamos algo de Parabellum.
P. ¿Hay nuevo material a la vista?
R. Estamos trabajando en ello, como decía el expresidente (risas). Evidentemente, no vamos a tardar lo mismo que hemos tardado con el otro. Estamos haciendo canciones, eligiendo cosas y dándolas el toque de Parabellum. Hay cosas que nos sorprenden... y otras mucho más todavía.
P. ¿Cómo se encuentra el Rock Radical Vasco? ¿Goza de buena salud o agoniza por momentos?
R. Estará descansando, porque eso pasó hace muchísimo tiempo... si alguna vez existió. Dentro de esa etiqueta, se aglutinaba a varios grupos de diferentes estilos.
Sobre la salud... Creo que ya no existe ese Rock Radical Vasco. Como tampoco existe el Rock Radical Andaluz, Catalán, Gallego, Castellano o el de las Islas. No es que agonice, es que ya ha pasado. Ahora hay rock, pop, trap o heavy vasco. Tanto en el País Vasco como en cualquier Comunidad. El rock, en realidad, siempre va a estar ahí. Es el típico enfermillo que unos días tiene buena cara, otros días mala cara, pero siempre aguanta.
Hay un montón de bandas que están saliendo y con diferentes estilos, que es de lo que se trata. Muchos chavales súper buenos. Lo que falta es apoyo de las instituciones, las salas y el público. Del tema de las salas ya hablaremos en otra entrevista, que ahí también tendría que decir varias cosas.
P. Si el trap es el nuevo punk, ¿está el ser humano definitivamente condenado a su extinción?
R. El trap es un subgénero del rap, no un género en sí mismo. Así como el rap se basa en la rima debajo de un beat, el trap es parecido pero, más que nada, las bases son más electrónicas y con más autotune. Las letras son más callejeras, aunque el rap era muy punk también.
El humano, que también es un subgénero, está condenado a la extinción desde que nació. El humano es subnormal de por sí.
Con esto no quiero decir que el trap parezca subnormal, estoy hablando de los humanos. De hecho, hay grupos de trap que me gustan.