Un libro por persona, cultura solidaria y punk-rock con «pogos infantiles»
Eslabón y La Rúa celebran este domingo su tradicional concierto de Navidad a favor de 'Familias con Ucrania'. «Podemos tocar en cualquier sitio, pero el ambiente más especial lo tenemos aquí»

Ricky y Samu, de Eslabon, con Jacho, gerente de La Rúa (centro).
Hay quien organiza eventos solidarios por una mera cuestión de marketing. Todo sea por salir en la foto, vendiendo la buena causa a bombo y platillo sin plantearse la utilidad de la acción en sí misma. Nada que ver este fenómeno limpiaconciencias -menos mal- con el caso que nos ocupa. Eslabon y La Rúa se mueven bajo otros parámetros. Su tradicional concierto de Navidad, para que ningún niño pierda la sonrisa, no se lleva a cabo por «el ego de tener la sala llena». De ser así, se limitarían a recoger juguetes sin más.
Manos a la obra por cuarto año consecutivo, la banda burgalesa se vio obligada a cambiar de enfoque tras contactar con varias entidades el pasado mes de noviembre. «Nos comentaron que habían recogido muchos juguetes en años anteriores y que tenían remanente», relata Samu (batería). «Hay que pensar en las asociaciones», apostilla Ricky (voz), consciente de que «les creamos un problema si seguimos recogiendo juguetes y nos plantamos en su puerta».
Había que darle una vuelta de tuerca. Y rápido. Entonces se les ocurrió canjear la entrada por un libro infantil. Uno solo por persona porque la entidad destinataria, Familias con Ucrania, «tiene sus límites en cuanto a abastecimiento». Dicho y hecho, Barbieca y Fact4 se ofrecieron de nuevo para recoger material antes de la cita mientras el grupo y Jacho, gerente de La Rúa, cerraban una fecha «muy buena» para el bolo: domingo 28 de diciembre a las 13 horas.
«El otro día, en el concierto de BlackJack (tributo a AC/DC) a la hora del vermú, vinieron varios críos y el hijo de un amigo dijo: 'para el próximo voy a traer un libro, no juguetes'». La anécdota que cuenta Jacho refleja a la perfección el sentir colectivo de los organizadores del evento. Aparte, «lo realmente chulo es que los padres inculquen cultura; que los chavales lleguen aquí, les des la entrada, les pongas el sello y flipen».
Para Samu, «ver en las primeras filas a 20 o 30 niños es lo más bonito». Después de tantos años en esto de la música, ha llegado a la conclusión de que «podemos tocar en cualquier sitio, pero el ambiente más especial le tenemos aquí». Totalmente de acuerdo, Ricky enfatiza que «este concierto nunca nos va a salir a perder porque el objetivo es social y solidario».
El compromiso inequívoco del grupo, desde sus orígenes hasta la actualidad, no está reñido con el sentido del humor. «Somos los denostados del punk-rock», bromea el vocalista de Eslabon al advertir que, de un tiempo a esta parte, sus conciertos están repletos de «pogos infantiles». A este paso, lo mismo les da por «preparar coreografías para niños».
Ni son los Cantajuegos ni pretenden serlo. Lo suyo es el rock, desde múltiples aristas, con mensajes reivindicativos sin caer en la propaganda barata. Fuera del escenario, intentan predicar con el ejemplo a través de múltiples iniciativas solidarias. Dentro de este proyecto, tal y como apunta Samu, lo que se planteó desde el principio era «no fomentar el consumismo y dar una segunda vida a los juguetes o libros que podamos recoger».
20 años, miles de recuerdos
La incorporación de Rubén como saxofonista el año pasado trajo nuevos aires -nunca mejor dicho- a Eslabon. Se notó en directo y ahora está por ver cómo suenan en estudio. De momento, el que mejor lo sabe es Jorge Matute, de La Puerta Negra. Ahí han grabado cuatro temas con los que celebrar como se merece su 20 aniversario.
A falta de masterizar, las nuevas composiciones verán la luz en 2026. «El sonido del grupo ha cambiado», avanza Samu antes de que Ricky deslice por dónde van los tiros líricamente hablando. En esta ocasión, las letras son «más personales» aunque cualquiera se puede identificar con ellas. Le cantan a la música underground, al pico y pala dentro de un mundillo maravilloso pero lleno de «trampas y obstáculos». También a la amistad, a los miles de recuerdos que se agolpan en la memoria, sin obviar problemas sociales a la orden del día como la ludopatía.
«Más que de amistad, nuestra relación es de familia. No aguantas 20 años si no son tus amigos», reconoce Samu. Ricky asiente, sonríe y Jacho podría ejercer en ese mismo instante de notario para certificarlo. Por eso, precisamente, la banda promete organizar algo muy especial para soplar velas. Hasta entonces, nada mejor que visitarles este domingo con un libro bajo el brazo.
«De los nervios, como siempre»
«Tenemos mucha suerte porque el 90% de la gente repite». Con un equipo de 14 personas para que «salga todo perfecto», Jacho lleva mes y medio «estudiando». Como buen pincha, sabe que la música es fundamental y tiene que adaptarse a los gustos de las nuevas generaciones «sin repetir una sola canción».