El Correo de Burgos

Los dioses que habitan en la piedra, la mística oriental llega a Burgos

Fundación Caja de Burgos se adentra en el alma del Sudeste Asiático y presenta Sombras en el muro’, un viaje estético por el universo simbólico de las tradiciones jemer, india y nepalí

La muestra analiza cómo las imágenes sagradas estructuraban la existencia diaria en los hogares y templos de las grandes culturas de la Antigüedad asiática.

La muestra analiza cómo las imágenes sagradas estructuraban la existencia diaria en los hogares y templos de las grandes culturas de la Antigüedad asiática.ECB

Burgos

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La imagen en las tradiciones del Sudeste Asiático se entiende como una sombra, un rastro del ámbito espiritual que se proyecta sobre la materia para dotarla de sentido y propósito. Bajo esta concepción mística, la Fundación Caja de Burgos abre en Cultural Cordón la exposición ‘Sombras en el muro. Imágenes de lo sagrado y lo cotidiano en el arte del Sudeste Asiático’, una selección que desdibuja las fronteras entre la creación artística y la fe. A través de tallas en piedra, madera y metal de las culturas jemer, india, tibetana o nepalí, la muestra revela la capacidad de estas civilizaciones para entender la escultura como una herramienta viva con la que habitar el mundo.

El recorrido arranca con el movimiento detenido de las apsarās, esas figuras danzantes que en la mitología jemer simbolizan el tránsito hacia el plano celestial. Como guardianas de los umbrales, estas esculturas marcan el acceso a lo sagrado mediante una gracia que fluye con la naturalidad del agua. Es el preludio de una inmersión profunda en el arte de Angkor, donde las piezas superan la mera representación para alojar físicamente a la divinidad. La evolución estética presente en la sala permite observar la transformación que va desde la sobriedad preangkoriana hasta el refinamiento de Angkor Wat y el Bayon, periodos en los que lo divino se humaniza progresivamente sin renunciar a su fuerza original.

La narrativa expositiva se adentra después en un «cielo en disputa», un universo poblado por bodhisattvas, espíritus y demonios que personifican la negociación constante entre fuerzas opuestas. Esta iconografía compleja recuerda al visitante que el equilibrio del cosmos depende de una convivencia, a veces tensa, entre lo visible y lo invisible. Es un espacio de protección y temor que precede a la escala más íntima de la exhibición: la esfera doméstica. En este último tramo, tablas votivas, puertas talladas y objetos de uso diario demuestran que la espiritualidad estructuraba los talleres y los pequeños santuarios familiares de forma tan rigurosa como en los grandes templos. ‘Sombras en el muro’ invita a descubrir cómo estas culturas lograron, a través de la belleza, hacer visible lo invisible.

Cultural Cordón alberga un viaje estético por las tradiciones jemer, india y nepalí.

Cultural Cordón alberga un viaje estético por las tradiciones jemer, india y nepalí.ECB

El recorrido por la escultura jemer permite profundizar en una tradición donde las obras no representan a los dioses, sino que tienen la función de alojarlos. La muestra permite observar la evolución de este concepto desde la sobriedad preangkoriana hasta la elegancia de los periodos de Angkor Wat y el Bayon, etapas en las que las variaciones formales muestran cómo lo divino se vuelve progresivamente más humano sin perder su fuerza espiritual. 

Esta idea de la imagen como recipiente de energía conecta con el ámbito dedicado al «cielo en disputa», un universo poblado por dioses, bodhisattvas, espíritus y demonios. La compleja iconografía de estas piezas revela una negociación constante entre fuerzas opuestas, recordando que el equilibrio del cosmos depende siempre de la convivencia entre lo visible y lo invisible.

Finalmente, la exposición traslada esta dimensión de lo sagrado al plano más íntimo para mostrar cómo las imágenes estructuraban simbólicamente la vida diaria. A través de tablas votivas, puertas talladas, estanterías rituales y figuras guardianas, se observa que lo espiritual no se separaba de la experiencia en hogares y talleres, sino que la atravesaba y la organizaba. Estas piezas domésticas demuestran que el arte del Sudeste Asiático era, en última instancia, una manera de ordenar la experiencia y una invitación a descubrir cómo estas culturas entendieron la imagen como una forma de habitar el mundo.

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