El Correo de Burgos

BALONCESTO

Una pesadilla irrumpe en el sueño de Autocid

Vivemenorca tritura las esperanzas del conjunto burgalés en su primera oportunidad de sellar el ascenso . El rival fue muy superior

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Burgos

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AUTOCID FORD BURGOS    57

VIVEMENORCA    76

Autocid Ford: Corrales (3), Albano (4), Morley (8), Lorant (9), Manu Gómez (4) –quinteto inicial-  Alberto Miguel (4), Chus Castro (5); Anagonye (12), Blair (8), Cabot (-)

Vivemenorca: Ciorciari (10); Umeh (20), Otegui (4), Caio Torres (18), Cuthbert Victor (8) –quinteto inicial- Montañana (6), Sabaté (-), Guzmán (6), Fernández (4), Diego Sánchez (-), Llull (-).

Árbitros: Morales y Calatrava.

Eliminados: No hubo.

Parciales: 12-19; 27-36 (descanso); 44-68 y 57-76 (final).

DIEGO ALMENDRES / Burgos

Se esperaba fiesta y la noche acabó en la desolación más absoluta. Una hemorragia de tristeza profunda invade cada rincón de El Plantío, un sentimiento negativo minimizado con la esperanza de lograr el objetivo en la segunda oportunidad, lejos de casa.

Autocid está obligado a levantar la cabeza. Porque lo peor no fue la desilusión vivida, ni siquiera la derrota deportiva. Lo realmente duro fue encajar un golpe moral terrible, indescriptible, una tortura psicológica tanto dentro como fuera de la cancha.

Todo (casi) se fue al garete el día menos indicado. O lo que es peor, en el día señalado. Un bajón de 100 a cero que debe recomponerse en apenas 48 horas, porque la única noticia positiva para Autocid en la noche de ayer es que ésto aún no ha terminado. El equipo depende de sí mismo y sabe que no está sólo porque la afición y la ciudad aún creen.

Fue una pesadilla de principio a fin. Si Autocid Ford añoró a Chris Hernández en el día más importante, nadie en Menorca se acordó del lesionado Turner. Lejos de aplicar su mejor guión, el equipo azul ya se dio de bruces contra el bordillo en el arranque del choque. Como ocurriera en el choque del miércoles, el cuadro local se mostró incómodo en ataque, pastoso y pesado. Con el freno de mano echado, la selección y el acierto en los lanzamientos tampoco obtuvieron la respuesta deseada ante un Vivemenorca que llevó la iniciativa en el juego.

Tampoco en defensa las sensaciones eran las deseadas. Manu Gómez se cargó pronto de personales, Caio Torres hizo daño en la carga del rebote y no encontró Autocid continuidad en su labor de retaguardia. Aun así, los de Casadevall aceptaron el reto en una batalla durísima batalla librada desde el segundo uno de partido.

A trompicones, los de casa aguantaron el primer conato de escapada visitante (10-10), aunque la falta de feeling pasó factura en el tramo final de cuarto, en el que los de Olmos marcaron las diferencias con el 12-19.

No le quedó otro remedio al combinado castellano que dar una vuelta de tuerca más a su juego y serenarse. Alberto Miguel aportó una solución en el exterior y en la pintura Anagonye abría vías de anotación fundamentales, aunque no eran argumentos suficientes para dar caza a un rival encomendado a su política de rotaciones.

La mejoría parecía un hecho consolidado con un 5-0 que catapultaba a los azules con 4:10 por disputar antes del descanso (25-25). Curiosamente, el principio del fin para un Autocid consciente de que los árbitros llevaban la camiseta blanca, con una actuación tan sospecha como sibilina. La de mañana en Menorca no será mejor, sin duda.

Y así, en un visto y no visto, el juego exterior visitante aprovechó el favor para clavar una daga en el corazón burgalés. El parcial de 0-8 (25-33) obligó a Casadevall a llamar a los suyos a capítulo porque cada intentona de Autocid quedaba reducida a cenizas a las primeras de cambio. Ni por esas. Nada salió como estaba previsto y un nuevo triple de Ciorciari heló El Plantío para llevar la duda a la parroquia con medio partido aún por disputar (27-36).

Demasiados problemas y, si bien eran subsanables, algo se movía en el ambiente y no presagiaba nada bueno. 27 puntos en 20 minutos es la tumba de cualquier equipo, pero lo preocupante no era tanto la producción de unos y otros, sino las sensaciones ofrecidas.

A Autocid le urgía recuperar las señas de identidad que le han conducido hasta aquí, condición indispensable para hacer el sueño realidad, pero acabó desplomado sobre el parquet, víctima de sus errores y de la ansiedad.

Por primera vez, Burgos se concienció de que se podía quedar sin ascenso. Por lo menos, en casa. La épica se tornaba en un aliado a explotar si la situación no se reconducía por cauces naturales. No le quedaba otra, máxime cuando Vivemenorca puso a los de casa al borde del precipicio con un 0-6 de salida demoledor. Ahora sí, el conjunto balear tenía la victoria en la mano.

La brecha se abrió hasta el 27-42 y, si Autocid quería el ascenso, tendría que protagonizar una página para la historia. Y a fe que se dejó el alma en el empeño, a pesar de que no estaba el partido para magias.

La defensa y la intensidad personificada en Lorant abrieron una puerta a la esperanza con el 37-45 a falta de 6:15. Al menos, el cuadro de Casadevall había salvado su primer match ball, pero la tormenta sólo acababa de comenzar. Ese fue su único respiro antes de la zozobra porque Vivemenorca no se inmutó ante este pequeño arranque de lucidez. Liderado por un Umeh estelar, el conjunto de Paco Olmos martirizó el aro burgalés. El exterior sumaba nueve puntos en el tercer periodo para minar la moral de un El Plantío que comenzaba a resignarse.

Un nuevo 1-10 no era, precisamente, la mejor receta para creer en algo que se difuminaba en cada acción. Y al marcador sólo le quedaban 13:51 por jugar. Era el fin. La nueva máxima del partido (38-58) dejaba sin respiración a un Autocid sumido en una espiral de caos, desesperación e impotencia. Aún le quedaba mucho dolor por asumir en una noche áspera y desagradable.

Pasar de la euforia al castigo más severo nunca imaginado en un día como el de ayer es un varapalo difícil de asumir. Desnortado, ansioso y descompuesto, Menorca se apropió de la energía burgalesa para dar la vuelta a la tortilla a una serie que ha cambiado de manos. El 40-68 fue el máximo nivel de tortura practicado por el cuadro balear, porque para desgracia castellana aún quedaba todo un cuarto por delante para minimizar el impacto.

No se le puede reprochar a los locales, sin embargo, su esfuerzo. Tampoco la entrega a una afición volcada con la causa, orgullosa de los suyos a pesar del varapalo. Sabedor de la derrota, el cuadro castellano quiso escapar de las cuerdas a pesar de estar noqueado por un rival que traspasó todo el peso de la presión a un Autocid que mañana tendrá otra oportunidad. A pesar de la pesadilla, Burgos sigue soñando. Entre otras cosas, porque este equipo se ha merecido su confianza ilimitada. Toca levantarse.

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