PLAY OFF ASCENSO A LA ACB
La ilusión se ahoga en Menorca
VIVEMENORCA 78AUTOCID FORD BURGOS 66A veces, lo importante no es el destino, sino el camino. Ese el gran mérito de Autocid y por eso con el tiempo valorará realmente lo conseguido en una temporada guardada ya en el cajón de los recuerdos agradables, que también existe. Por mucho que el desenlace de la eliminatoria final no fuera el esperado, el equipo burgalés murió con orgullo cuando ya estaba todo perdido. Tanto ayer, en el choque definitivo, como en el cuarto duelo, que fue donde realmente se difuminaron las esperanzas reales de éxito.El varapalo sufrido el viernes hirió de muerte el alma burgalesa, pero la segunda opción, lejos de alimentar la esperanza, se convirtió en una prolongación de la fiesta menorquina hasta mediado el tercer cuarto. Sólo en el sprint final y con 21 puntos por debajo en el marcador, Autocid volvió a creer de verdad en sí mismo en una batalla dominada por un Vivemenorca entero y sobrepuesto a la ausencia de Turner.Nadie en Menorca echó en falta al americano desde que se le complicara la serie al combinado balear el pasado miércoles con el 2-1. Una historia muy distinta a la vivida al otro lado de la pista, donde Autocid lamentaba la lesión de su faro y timón, Chris Hernández. Nunca se sabrá qué hubiera pasado con el de Fresno dirigiendo las operaciones y esa es la mayor quemazón para los burgaleses. Y es que en ningún momento pudo Corrales marcar el ritmo que más convenía a su equipo, con la friolera de 8 créditos negativos acumulados al descanso y la sensación de no tener la respuesta adecuada. El extremeño se sintió incómodo sobre la pista de principio a fin, como el resto de un equipo obligado a nadar a remolque desde el salto inicial.Porque si algo necesitaba el cuadro de El Plantío era aguantar la primera acometida del adversario. Una premisa que, lejos de cumplirse, tornó en problema acuciante con la final aún en pañales. De poco le sirvió a Casadevall buscar alternativas en las rotaciones. El juego exterior del Vivemenorca fue un torbellino que desarboló el frágil estado de ánimo de los azulones. Sólo en el primer cuarto, Umeh se fue hasta los 12 puntos para poner la guinda a la magistral dirección de Ciorciari. Cada lanzamiento de tres puntos era una daga, cada salida del bloqueo era éxito asegurado para los de Olmos. El ‘5’ destrozó a los azulones, pero, para colmo, ni siquiera fue ese el mayor problema del Autocid, totalmente bloqueado en labores ofensivas. El 14-4 de salida complicaba aún más las cosas a un equipo ávido de sensaciones positivas. Ahí claudicó un cuadro castellano empeñado en emular a El Cid y ganar batallas después de muerto. El sufrimiento y el dolor moral acumulado aventuraban un desenlace prematuro del encuentro y, con él, el adiós a todo atisbo de esperanza. Las dos personales sumadas por Blair y Alberto Miguel sólo reforzaban la espiral de resignación en la que estaba inmersa el equipo.Era como si Autocid se mantuviera en pie como esos orgullosos boxeadores que, conscientes de que se desplomarán sobre la lona de un momento a otro, se resisten a caer en manos de su destino. El mejor ejemplo de la casta burgalesa la protagonizó un Peter Lorant aún con el cuchillo entre los dientes. Encomiable la chispa del magiar, tan necesaria en una tarde complicada. Sus arrestos permitieron a los de Burgos acercarse hasta el 25-18, pero si éstos sudaban tinta para encadenar dos acciones positivas, Menorca volvía a instaurar el orden natural de las cosas con una facilidad pasmosa.Los de Casadevall, sin frescura en la cabeza y casi sin aliento en los pulmones, no tuvieron otra que apretar los dientes para minimizar un impacto que casi dejaba sentenciada la contienda con toda la segunda parte por disputar. Volvió la primera unida de los blancos y con ella el castigo fue mayor, hasta alcanzar una renta de 17 puntos a 46 segundos del intermedio (41-24).Sólo el reloj daba vida a un Autocid que comenzaba a reflejar un sentimiento de impotencia cada vez más acusado, pero aún le quedaba el último cartucho, el de la épica, para dar la vuelta a una situación casi insostenible. La eliminatoria había entrado en una dimensión en la que nada ni nadie iba a apear del burro a Menorca. Otegui tomó el mando de las operaciones para desesperación de un combinado castellano ya en el abismo con el 53-35 a 16 minutos del final del sueño. Hasta la cara de Casadevall mostraba la necesidad de encontrar un factor milagroso que eludiera el fin ya escrito de una película bella, pero en la que el aspirante, al final, se queda sin la princesa.En éstas, ya hacía tiempo que la fiesta menorquina había comenzado. Fue entonces, en su máximo apogeo, cuando Autocid mostró la mejor versión de los dos últimos partidos. Quizá despojados ya de todos los problemas, de toda ansiedad, conscientes de su situación y ayudados por la relajación del rival, los de Casadevall emprendieron la difícil misión de levantar 21 puntos en tiempo récord. Menorca comenzó a fallar y los burgaleses, por fin, pudieron correr en el tramo final del tercer cuarto hasta ver la luz al final del túnel con el 61-50. Era una misión imposible, pero poco importaba ya la etiqueta adjudicada a esta empresa porque bien merecía la pena un último esfuerzo.El bloque dio un paso al frente y a falta de 6:25 Autocid se situó a nueve puntos (68-59). ¿Acaso era posible? La cabeza decía que no, pero el corazón de este equipo es tan grande que ya ni Bintaufa las tenía todas consigo. Pudo Lorant marcar el principio de algo maravilloso, pero su triple no encontró aro y al cuadro burgalés se le iba la vida cada segundo que el reloj avanzaba. Sí acertó un renacido Morley con el 68-61 a falta de cinco minutos, fundamental el de Missouri en un despertar que ya era una realidad con un nuevo triple de Alberto Miguel (70-64).Curioso que la mayor cruz de Autocid en la tarde de ayer (anotó 3 de sus 19 intentos para un mísero 15.8 por ciento de efectividad) le dejara a las puertas del cielo. Esta aventura no merecía un final sin emoción, si bien fue éste el último estertor. Otegui mató las ilusiones con un definitivo parcial de 4-0, pero, al menos, el equipo burgalés murió con las botas puestas, con la cabeza alta, con el reconocimiento de todo Bintaufa y con la certeza de haber conseguido algo grande. El ascenso tendrá que esperar. Ya llegará algún día. De momento, este equipo, este proyecto, ha sentado la primera piedra de un futuro esplendoroso. Ahora, sólo toca disfrutar, a pesar de todo.El alcalde de Burgos, Juan Carlos Aparicio, recibirá a la plantilla en el Ayuntamiento hoy a las 20.30 horas. Tras la recepción, el equipo saludará desde el balcón de la casa consistorial.