>BALONCESTO / LEB Oro
Un Autocid Ford, de récord
Logra la undécima victoria consecutiva, lo que supone su mejor racha desde que milita en la LEB Oro. El primer tiempo fue para olvidar, aunque el equipo reaccionó en la reanudación y mostró su mejor cara

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Autocid Ford Burgos: Raúl Mena (8), Albano Martínez (18), Micah Downs (13), Manu Gómez (3), Peter Lorant (7) –equipo inicial-, Jerome Tillman (13), Rai López (5), Víctor Baldo (-), Marcus Vinicius (7), Álvaro Gómez (3) y Sánchez (-).
Palencia Baloncesto: Garrido (17), Bravo (7), Frost (4), Moss (4), Haanpää (11) –equipo inicial-, Fuentes (2), De León (3), Clark (4), Navajas (9) y Olmos (1).
Árbitros: Morales García y Gómez López. Sin eliminados.
Parciales: 13-19, 30-21 (descanso), 53-36 y 82-62 (final). R. MENA / Burgos
Y llegó la undécima victoria consecutiva. No importó que la primera mitad fuera horrorosa por parte de ambos contendientes, que al equipo local le costara entrar en el partido todo un periodo, que tuviera dos importantes bajas como las de Chus Castro y Alberto Miguel o que nada más salir al campo Vinicius tuviera que ser sustituido por un golpe en la nariz (sangraba y tenía el tabique desviado, aunque siguió jugando hasta el final). El equipo burgalés se sobrepuso a las circunstancias y a un rival que comenzó entonado para acabar levantando al público de sus asientos. La leyenda del Autocid se agranda y este undécimo triunfo supone su récord dentro de la LEB Oro.
La escuadra azulona es un gallito con letras mayúsculas en esta categoría, aunque quizás lo más importante es que ayer volvió a demostrar que es un equipo en el que cada elemento aporta su granito de arena. Ayer fue el día del Albano Martínez, que ante la ausencia de Castro y Miguel supo asumir la responsabilidad y acabó como máximo anotador del choque con 18 puntos. Comentario aparte supone lo de Vinicius, quien nada más concluir el choque se fue en ambulancia hasta el hospital General Yagüe, ya que todo apunta a una desviación del tabique o una fractura en los huesos propios.
El partido de ayer acabó con un recital ofensivo de los de casa, lo que provocó que el primer tiempo se olvidara y quedara en un mal recuerdo. Aunque en esos primeros 20 minutos se pudo ver la peor versión del equipo (sobre todo en el primer cuarto). Espeso, falto de ideas y de intensidad en ambos aros y al principio a merced de su rival. Aunque el paupérrimo segundo cuarto de Palencia (anotó 2 puntos) hizo que el tuerto, en este caso Autocid, fuera el rey en el país de los ciegos.
Por ese motivo afrontó la segunda mitad por delante en el marcador (30-21). Pero en la reanudación todo cambio a mejor y la grada comenzó a disfrutar. La máquina azulona funcionó pese a que le faltaban piezas importantes, quizás uno de los grandes secretos de este equipo.
El inicio fue preocupante y no sólo porque las primeras ventajas fueran para los morados (3-12), que también, sino porque el equipo no carburaba, no encontraba el camino al aro y por momentos daba la sensación de que no tenía argumentos para dar la vuelta a la tortilla. Con la desventaja de 9 puntos Casadevall se vio obligado a pedir un tiempo muerto cuando sólo habían pasado cuatro minutos de partido. Convenía enderezar el rumbo cuanto antes para evitar sorpresas desagradables.
El tiempo del banquillo burgalés surtió efecto y cortó la hemorragia. Las canastas comenzaban a entrar y el equipo parecía cogerle la onda al partido. Pese a todo Palencia seguía inspirado y comandaba el marcador con autoridad. Autocid necesitaba dar una vuelta de tuerca más a su rendimiento para superar a su oponente.
El equipo burgalés no acababa de carburar y el 13-19 con el que acabó el primer cuarto así lo demostraba. Faltaba puntería, intensidad defensiva y sobre todo juego de equipo, ese aspecto que ha hecho de este Autocid un aspirante a todo.
El segundo cuarto comenzó con una canasta visitante, pero posteriormente llegó un parcial de 8-0 que permitió que el marcador se igualara en un abrir y cerrar de ojos (21-21). La dirección de Rai López había activado al equipo y el parcial seguía creciendo. Además a Palencia se le había apagado la luz en ataque.
Mediado el acto el choque se convirtió en un cúmulo de despropósitos por parte de ambos equipos. No encontraban el sitio en la cancha, aunque el cuadro local vencía por 27-21 y le había metido a Palencia un 11-0. Los aros escupían el balón una y otra vez y no porque las defensas fueran superlativas, sino porque no había acierto.
El marcador parecía encallado y no se movía. Cuando restaba un minuto para que llegara el intermedio el cuadro morado había logrado 2 puntos, una canasta. Lo mejor de todo es que ese fue todo su bagaje anotador en la segunda manga y el marcador al descanso fue de 30-21.
Autocid había pescado en río revuelto. Pese el rendimiento de los de casa estaba muy por debajo del ofrecido otros encuentros, la ineficacia palentina le permitía afrontar el segundo tiempo con 9 puntos de ventaja. Los dos entrenadores se desesperaban ante lo que estaban observando y todo indicaba que ambos equipos debían ir hacia arriba, ya que hacia abajo era prácticamente imposible.
Cambia el panorama
El guión del choque cambió en la reanudación y ambos contendientes comenzaron el segundo periodo más entonados. El intercambio de canastas era constante y un Vinicius en racha tiraba del carro azulón. Autocid rondaba siempre una ventaja superior a los 10 puntos y comenzaba a carburar.
Palencia también había mejorado, pero seguía un escalón por debajo de los de casa. Por eso la diferencia continuaba aumentando a pesar de la pareja de trencillas. La defensa burgalesa, con un Vinicius excelente, impedía que Palencia, que también apretaba, se metiera en el partido. El tercer cuarto concluyó con un marcador de 53-36, 17 puntos de ventaja que dejaban a Autocid más cerca de la undécima victoria.
Un triple de Albano ponía la máxima del partido (56-36) nada más comenzar el último acto. El choque parecía roto, aunque Palencia no tiraba la toalla y buscaba el milagro desde la línea de triples.
La ventaja decreció (62-49), aunque seguía habiendo margen para que Autocid no pasara excesivos apuros si mantenía su nivel en ambos aros. Albano se convertía en el mejor valor ofensivo de los de casa en su noche más dulce, aunque los visitantes continuaban empeñados en seguir vivos.
Sus esfuerzos fueron baldíos y es que Autocid estaba en racha y era imposible que su oponente le pudiera poner en aprietos. Un triple de Downs a falta de 3:20 para el final ponía otra vez la máxima en el electrónico (75-55). Era el descabello para los morados. Garrido asumía la responsabilidad y se echaba el equipo a la espalda, pero los locales estaban demasiado lejos. La guinda la puso una nueva canasta de tres puntos, en esta ocasión de Álvaro Gómez, que además ponía la máxima del partido en el marcador final.