ATLETISMO
Una centésima acaba con las ilusiones de Ruiz
El alemán Schlangen aparta al burgalés de las semifinales de los Juegos Olímpicos en el último metro de su serie del 1.500
DIEGO ALMENDRES
La costalada protagonizada nada más cruzar la línea de meta fue de aúpa. La inercia del sprint y el cruce de trayectorias con el alemán Carsten Schlanguen llevaron a Diego Ruiz al tartán del estadio Olímpico de Londres. Acabó sentado y dolido, pero la pena iba por dentro y poco tenía que ver con el fortuito tropiezo del epílogo.
Una maldita centésima apartó al atleta burgalés de la ronda de semifinales de unos Juegos Olímpicos. Una.Si la prueba hubiera constado de 1.499 metros, Diego Ruiz estaría en la línea de salida en la jornada de mañana.Sin embargo, allí, en el momento cumbre, también se cruzó el inoportuno Schlanguen.
El teutón fue una centésima más rápido (3:41.51) que unDiegoRuiz abocado a desistir incluso de la repesca por tiempos (3:41.52). El burgalés jugó sus cartas, apostó fuerte y sólo la falta de fuelle en los últimos 20 metros le arrebató el éxito deseado. Willis se impuso en una serie en la que el deportista castellano finalizó séptimo. Adiós a Londres de la manera más cruel posible.
Hasta ese último metro, todo salió según el guión deseado.Quizá no fuera el ideal, pero sí un plan B válido para las esperanzas del burgalés. Nixon Kiplimo Chepseba era el gran referente de la serie. Por algo partía con el mejor tiempo previo (3:29.77).El keniano asumió su condición de favorito desde el arranque, un inicio difícil en la lucha por el mejor sitio en la cabeza del grupo.La batalla había comenzado y Chepseba no quería sorpresas.
Imperial, impuso el ritmo en la punta de lanza.Por momentos, con un metro ganado al resto del grupo. Marcando territorio con zancada firme y poderosa. Mientras, Ruiz dejó hacer. No era cuestión de ‘quemarse’ por una posición que, a esas alturas, no merecía la pena. El burgalés esperó atrás, sin perder nunca la referencia, alerta.
El escenario cambió al paso por el 800 (2:03.50).Se acercaba la hora de la verdad y ya no valía especular. Por ello, Ruiz pasó a la acción.Al menos, lo intentó, porque era difícil ganar posiciones en un escenario tan complicado como unos Juegos Olímpicos.
Toque de campana. Por fin, el internacional español se hizo un hueco hasta ver la luz en contrameta.Una vez lanzado en su ritmo y con Willis como nuevo líder de la prueba, un tropezón de Chepseba abrió el camino a un Diego Ruiz al que parecía que, por una vez, la fortuna le sonreía.
El máximo favorito quedaba eliminado de la lucha y el deportista castellano apostó todo a su movimiento final. En la última curva disfrutó por un instante de la tercera posición y lo más complicado había pasado.Sobre todo, confiando en su gran final.Ruiz enfiló la recta decisiva en una posición inmejorable para sellar su pase a las semifinales, pero ese último esfuerzo se hizo eterno.
La meta no llegaba nunca y ahí apareció la figura del alemán Schlangen para martirizar el sueño del burgalés. 3:41.51 del alemán. 3:41.52 del burgalés. «En carrera me he encontrado genial, en los 200 ó 300 metros finales estaba tercero y lo tenía bien, pero en el último metro me ha robado la cartera», lamentó. La fortuna fue esquiva. Otra vez. Quizá, la más dolorosa.