FÚTBOL Segunda División B
Empate y gracias
Un Burgos CF sin alma se tiene que conformar con un punto ante un Lealtad más intenso

Cristian realiza un acrobático remate durante el partido de ayer ante el Lealtad.-SANTI OTERO
Árbitro: Escudero Marín (colegio castellano manchego). Mostró tarjeta amarilla a los locales Maureta y Dani Guillén, así como a los visitantes Mikel y Yosu. Expulsó con roja directa al entrenador del Lealtad Javier Rozada en el minuto 92.
Goles: No hubo.
Burgos CF: Aurreko, Sergio Esteban (Andrés, min. 61), Dani Guillén, Maureta, Beñat, Moke, Javi Hernández, Llorente, Gabri Gómez, Álex Cruz (Cristian, min 46) y Carralero (Gabri Ortega, min. 67).
Lealtad: Porrón, Keko, Turegano, Pantiga, Mikel, Piniella, Steven (Lombán, min. 52), Yosu, Espina, Cristian (Villanueva, min. 81) y Pedro (Matías, min. 66).La tercera victoria consecutiva no llegó y el Burgos se tuvo que conformar con un empate que estuvo cerca de convertirse en derrota en los minutos finales. El conjunto burgalés nunca estuvo a la altura de las circunstancias ante un rival limitado y con el agua al cuello. Los blanquinegros pincharon en la tercera final y no se parecieron en nada al grupo que venció y convenció al Celta B en el último partido en El Plantío.
El cuadro visitante apostó por un fútbol pleno de intensidad, repleto de disputas y segundas jugadas, circunstancias que hacen que el equipo de casa se diluya, como ya ha ocurrido en otras ocasiones. Como señala el propio Gonzalo Arconada «esto es lo que hay» y después de visto lo sucedido sobre el terreno de juego el punto se puede dar por bueno.
Fue un encuentro en las que las ocasiones brillaron por su ausencia. Hubo una clara y fue para los asturianos. La peor cara del Burgos CF regresó y los de casa volvieron a ser un equipo sin alma, con poco empuje y que no demostró ser mejor que el Lealtad. El cuadro castellano no se metió en el partido en ningún momento y desaprovechó una gran oportunidad para dejar la permanencia prácticamente sellada. La irregularidad volvió y las sensaciones negativas regresaron.
Al Burgos le toca seguir remando y mantenerse atento a lo que vayan haciendo sus rivales directos. Su rendimiento sigue siendo una montaña rusa y de esta forma es complicado que la escuadra que dirige Gonzalo Arconada pueda dar un paso adelante. Langreo supondrá una nueva oportunidad para que los burgalesistas demuestren que son mejores que los equipos que en estos momentos cierran la tabla.
Se pudo ver desde el inicio que el Burgos no estaba metido en el partido. Los de casa no encontraban el sitio y era el Lealtad el que llevaba las riendas del choque, aunque tímidamente. Los visitantes lo intentaron a las primeras de cambio con un disparo lejano que Aurreko despejó de forma defectuosa. Era el cuadro de Villaviciosa el que mandaba y se jugaba en el campo blanquinegro. Las aproximaciones al área contraria de los locales eran escasas. El conjunto burgalés se empeñaba con salir con el balón controlado desde atrás y pronto llegaron las primeras imprecisiones.
El equipo no carburaba, pese a que tampoco sufría en exceso. El fútbol brillaba por su ausencia y ninguno de los dos equipos se mostraba superior. El partido era un cúmulo de despropósitos. Los errores ganaban por mucho a los aciertos. Llegó un punto en que ninguno de los dos contendientes era capaz de llegar con criterio a la portería contraria, aunque la sensación es que era el Lealtad el que se sentía más cómodo.
El Burgos no encontraba el camino. Llegó el enroque entre Javi Hernández y Álex Cruz -el primero pasó al centro y el canario a la banda-. El equipo ganó presencia por dentro, aunque seguía sin brújula. No sucedía nada de interés. Bajo estas circunstancias, los asturianos estaban mejor situados sobre el terreno de juego y ganaban la mayor parte de los balones divididos. Querían, pero no podían, mientras que los de casa no estaban.
Los minutos fueron pasando sin nada que llevarse a la boca. El Burgos tuvo un par de aproximaciones de cierto peligro antes del descanso, aunque fueron disparos de fogueo. Llegaba el descanso con mucho que arreglar, con demasiados aspectos que ajustar si el objetivo era que el conjunto blanquinegro lograra el tercer triunfo consecutivo. Algo debía cambiar para que el choque fuera por otros derroteros. El Burgos necesitaba dar un paso adelante y Gonzalo Arconada movió el banquillo.
Cristian entró en el campo en lugar de Álex Cruz y el equipo burgalés pasó a jugar con dos puntas para buscar mayor mordiente. Pese al paso hacia adelante, el equipo local seguía sin mordiente ofensiva, aunque por lo menos tenía mayor posesión de balón y había ganado metros. Continuaban las imprecisiones en ambos bandos y escaseaban las ideas.
La dinámica del partido había cambiado y ahora era favorable a los blanquinegros, aunque el equipo de casa estaba impreciso en los metros finales. No obstante, pisaba el área contraria con mayor asiduidad. Javi Hernández entraba cada vez más en juego y el equipo lo agradecía. Faltaba empuje, aunque el Burgos daba síntomas de cierta recuperación.
En el minuto 65 llegó una buena cabalgada de Andrés por la derecha que no encontró rematador. El choque se animó con esta jugada y la respuesta asturiana vino de inmediato. Segundos después un disparo de Lombán desde el interior del área se encontró con una buena parada de Aurreko. Los dos equipos querían, aunque no tenían argumentos suficientes para poner en aprietos a su oponente.
Parecía que sólo un error de uno de los contendientes podía decantar la balanza en favor de alguno, porque de lo contrario parecía poco probable que llegara el gol. El encuentro se partía por momentos y parecía que en ambos bandos escaseaban las fuerzas. El balón pasaba de un área a otra con demasiada facilidad y la distancia entre líneas era ya importante.
En el 80, el Burgos pidió penalti en una caída de Gabri Gómez tras un envío de Cristian. El partido se convirtió en un correcalles. Había poco control y el Burgos se empecinaba en conducir el esférico en lugar de combinar. Como consecuencia, era incapaz de llegar al área contraria con claridad.
Fue el Lealtad el que más apretó en los minutos finales, el que más fe puso en lograr la victoria y estuvo cerca de dar la campanada. La mejor ocasión del partido llegó en el añadido y fue para los visitantes. Espina se hizo con un balón en la frontal, se hizo sitio y a la media vuelta soltó un zapatazo que Aurreko despejó con una gran parada. El cuadro de Villaviciosa siguió empujando hasta el pitido final, aunque el marcador no se movió por suerte para los burgaleses.