BALONCESTO
El alma del baloncesto burgalés
Javier Barriocanal hace un balance positivo de sus tres décadas al servicio del deporte de la canasta después de anunciar su retirada de la primera línea / «Nunca busqué el reconocimiento», asegura

Barriocanal posa con las camiseta del CB Tizona (en sus dos etapas), la del CB Atapuerca y la del Maristas Ford.-ISRAEL L. MURILLO
BURGOS
Existen personas con sangre azul. Es el caso de Javier Barriocanal, el alma de un proyecto deportivo convertido en referente social de toda una ciudad. La trayectoria del Autocid no se entendería sin el ‘hombre para todo’, el protector de una idea convertida en símbolo. Son más de tres décadas de servicio al baloncesto de formación, al deporte aficionado y a la competición de elite, pero llega el momento de tomarse un respiro y de disfrutar como un seguidor más.
Han pasado más de 30 años desde que Javier Barriocanal se subiera al barco del pretérito CB Tizona. Fue el inicio de una bella historia que después le llevó a Maristas como entrenador de un equipo de colegio que, con el tiempo, se transformó en un proyecto capaz de ascender tres veces a ACB y de desafiar en los despachos al poder establecido.
En el Liceo Castilla trabajó con los cadetes y los juveniles antes de dar el salto al Primera Nacional. Era la década de los 90 y entonces Fernando Andrés ya era patrocinador del equipo colegial. Nadie podía imaginar lo que sucedería después.
El Maristas Ford, que llegó a situarse en el segundo peldaño del escalafón con Dioni Fernández a los mandos, era el orgullo del colegio y la guinda de una filosofía implantada por el siempre recordado y reconocido Hermano Santiago. El regreso a Valladolid del docente y el cambio en la dirección del colegio precipitaron los acontecimientos, el germen del CB Atapuerca.
«Con la llegada del nuevo director surgieron cortapisas. Eso, unido a que en Burgos no había un equipo representativo, hizo que saliéramos a la ciudad y formáramos el club», recuerda Barriocanal. Él eligió el nombre de la nueva entidad y diseñó el escudo que acompañaría a la marca Ford en un proyecto que no paró de crecer «de forma progresiva».
«Jugamos fases de ascenso y al final cogimos una plaza en LEB Plata», recuerda. Era 2002 y el equipo de ‘Súper’, Saulo Hernández o Nick Maglisceau descendió aquel curso, pero el club se hizo con una de las vacantes para mantener la categoría. La directiva aprendió la lección, dio una vuelta de tuerca a su idea y todo cambió en el verano de 2003 con la llegada de Tony Smith. «Él fue el enganche. No cabe duda», asegura.
El Autocid subió el nivel temporada tras temporada, hasta que en 2010 rozara de forma inesperada el ascenso a ACB, un «punto de inflexión» que lo cambió todo. «Con el 2-1 pudimos rematar en casa aquella final contra el Menorca», recuerda.
Pero, más allá de un éxito deportivo concreto, el logro del CB Atapuerca movió a toda una ciudad. «Burgos entendió entonces en qué categoría estábamos porque la gente se pierde entre tantas denominaciones de las competiciones. La sociedad se volcó en aquel play off porque vio que podíamos jugar contra el Madrid y el Barcelona», indica.
Aquel episodio provocó «un salto importante en repercusión» y, a la vez, creó un mar de preguntas. La lesión de Chris Hernandez condicionó a un Autocid que en aquella ocasión quizá sí hubiera podido dar el salto a ACB. «Puede que hubiera habido alguna posibilidad más, pero no lo sabremos nunca», zanja Barriocanal.
Sí se conoce lo que ocurrió en 2013, 2014 y 2015. «El primer plato estaba bueno, pero de segundo había caviar y nos lo quitaron cuando lo íbamos a comer», explica el que ya era director general del equipo (del CB Atapuerca primero y del CB Tizona después).
«El primer año fue todo ilusión. El segundo intentas mantener el listón, pero vas con la mosca detrás de la oreja. Y en el tercero no hay mucho que decir cuando ACB nos comunica que rechazaría cualquier propuesta», apunta, sin perder la esperanza de ganar la partida en los despachos.
«Abrimos otras vías porque entendemos que tenemos razón y las expectativas están ahí», señala.
Javier Barriocanal fue cocinero antes que fraile en el baloncesto. Jugador, técnico, directivo y director general. Implacable negociador capaz de desquiciar a los agentes más hábiles, trabajador incansable que también pasaba la mopa si la situación lo requería. «Siempre tiene que haber una persona que sirva de punto de encuentro entre todos los estamentos del club», explica con naturalidad.
Al protagonista de esta historia no le importan las etiquetas que le adjudicaron en su última etapa en el baloncesto profesional porque «defendía los derechos» de su club. «El CB Tizona marcaba el tope salarial de la Liga y los agentes huelen el beneficio. Las negociaciones eran duras, había que plantarse y esperar porque yo jugaba con dinero ajeno y era más escrupuloso con él que con el mío», zanja.
Sea como fuere, las motivaciones de Javier Barriocanal poco tienen que ver con los entresijos del mundo profesional. «Tengo en cuenta la valoración de los que me importan, no el reconocimiento general. Si buscas algo más allá te llevas decepciones y eso a mí no me pasa», indica.
Para este bombero de profesión el proyecto era fundamental para que los jóvenes «tuvieran un espejo en el que mirarse y pudieran practicar deporte». «Eso es bueno para su educación. El baloncesto les permite completar su formación y recibir valores», destaca, para insistir en su idea. «Nuestra cantera compite dignamente, pero tiene que haber también un equipo referente».
Puede que Burgos no haya dado grandes estrellas de la canasta, pero Barriocanal se siente vencedor. «Mi mayor satisfacción es haber encauzado a chavales que entonces tenían una trayectoria desviada y hoy tienen familia», explica. Los niños de ayer son los hombres que ahora le saludan «de acera a acera», la «mayor alegría» para un hombre que siempre ha trabajado «por convencimiento y no por personalismos».
Sin embargo, ha llegado el momento de «parar un poco» y de dar protagonismo «a las nuevas generaciones». «Necesito un año de descanso porque la motivación no es la misma y eso hace que las cosas no salgan bien. Eso no puede ser», concluye. Aunque, en el fondo, nunca se desligará del baloncesto.«Sin el San Pablo se hubiera perdido todo»
Javier Barriocanal tiene un deseo para el futuro del baloncesto burgalés. «Quiero un equipo fuerte y a ser posible en ACB, además de otra media docena de clubes funcionando en la ciudad con la cantera», subraya como defensor de la sana competencia deportiva «para que suba el nivel». «Hay que trabajar desde las escuelas y los colegios, más y aún mejor de lo que se hace ahora», añade.
Mientras los clubes de cantera dan forma a sus respectivos proyectos, Burgos aún disfruta del baloncesto profesional gracias a la irrupción del CB Miraflores. Barriocanal, santo y seña de un CB Tizona que decidió centrarse en sus categorías inferiores y en la lucha administrativa, siempre defendió la idea de que el Autocid «debería haber mantenido el equipo profesional».
«Es fácil desactivar un club, pero muy complicado volverlo a reactivar. Afortunadamente ha habido una serie de personas que han tirado para adelante», señala, en referencia al San Pablo Inmobiliaria.
Barriocanal acude a El Plantío cada viernes y celebra el respaldo brindado al nuevo proyecto por una afición «que aún se lo pasa bien». «Durante estos años la gente ha disfrutado en un ambiente excelente y familiar», valora. De hecho, el exdirectivo se muestra orgulloso de la masa social. «Como la afición de Burgos no la hay en toda la liga. Ni por número, ni por comportamiento, ni por respeto», subraya.
«La mayor decepción de mi etapa en el baloncesto fue que el club no mantuviera el equipo en LEB. Mientras hubiera afición había que seguir y la gente ha demostrado que está ahí, aunque alguno se haya desenganchado. Sin el San Pablo se hubiera perdido todo», apunta.