Fútbol / Tercera
El Caja Rural se da un festín
El Burgos Promesas vapulea al farolillo rojo, el Villaralbo, en la segunda mitad y recobra el aliento en la tabla clasificatoria

Soto fue protagonista en la inmensa mayoría de las acciones ofensivas del Caja Rural BP-Israel L. Murillo
Misión cumplida. Tres puntos en el casillero y una inyección de confianza para el tramo final de la temporada consiguió ayer el Caja Rural en su duelo frente al Villaralbo, farolillo rojo de la tabla clasificatoria. El Burgos Promesas vapuleó al colista en la segunda mitad haciendo buenos los pronósticos frente a un cuadro zamorano completamente desahuciado y que cuenta por goleadas sus duelos lejos de su feudo.
Solo la victoria valía al cuadro de Pedro Pascual. Y esta se resistió durante el primer acto, pero en cuanto abrieron la lata los visitantes desaparecieron por completo del césped y fueron un juguete en manos de los naranjas, que de este modo rompieron el maleficio que les perseguía en Castañares, donde no ganaban desde el pasado mes de octubre.
El Caja Rural apostó de salida por un sistema de contención con 5 hombres para evitar complicaciones en la retaguardia. El equipo no carburó en el primer acto frente a un rival que saltó al césped muy voluntarioso y tratando de presionar la salida del balón de los anfitriones.
El Promesas no se encontraba nada cómodo con el balón en los pies y abusaba de los balones en largo sobre Diego Abad. Fueron los zamoranos quienes primero buscaron la meta rival en dos acciones prácticamente calcadas protagonizadas por Grande con sendos disparos desde la frontal. El primero, en el minuto 8, potente y raso, salió ligeramente desviado. El segundo, en el 18, fue a parar a las manos de Álex.
Casi 20 minutos necesitaron los locales para acercarse a las inmediaciones del área zamorana. Fue en un cambio de orientación de Gallo sobre Soto en el que el ariete se precipitó y conectó una volea mordida con la izquierda que salió demasiado cruzada.
Los burgaleses, más por empuje que por juego, fueron ganando metros sobre el césped cuando se agotaba la gasolina al Villaralbo. En el 27 Soto estuvo a punto de adelantar a los suyos con un potente derechazo que sacó astillas al larguero. La acción animó al Caja Rural, que comenzó a poner coto a la meta de David.
A la media hora de juego Zamora disparó al cuerpo del portero un buen centro desde la derecha de Gallo y Soto no anduvo fino en el rechace. Y al borde del descanso fue Cosín quien concluyó con un disparo muy inocente un buen servicio atrás de Soto que atajó sin complicaciones el meta zamorano.
Tras el paso por los vestuarios el choque se rompió por completo. El Promesas metió una velocidad más a su juego y los frutos llegaron de inmediato. Soto, omnipresente toda la tarde, aprovechó un servicio de falta de Cosín para plantarse a la media vuelta solo ante David, pero no acertó a superar la meta del Villaralbo.
Pero se desquitó de inmediato con un centro desde el costado izquierdo que no acertó a rematar en inmejorable posición Cosín pero que Gallo, siguiendo la jugada, empalmó al fondo de las mallas. Se había logrado lo más difícil. Luego fue todo coser y cantar.
Tan solo un minuto después Soto anotó el segundo en una buena vaselina desde el vértice del área grande. El tanto fue un jarro de agua fría para un rival psicológicamente hundido. Y el choque se convirtió en un auténtico monólogo burgalés. Soto, enchufadísimo, volvió a estrellar un balón en la parte superior del larguero en el anticipo del tercero, obra de Cosín a servicio del bullicioso delantero. El duelo enloqueció. El meta David salvó el cuarto en un bonito cabezazo en plancha de Gallo.
Pero no pudo evitarlo acto seguido en un remate a placer de Cosín en el segundo palo tras un rechace del portero a disparo de Cerezo.
Con el duelo enloquecido Diego Abad estrenó su cuenta particular al peinar un balón en el primer palo en un saque de esquina botado por Cerezo. Acto seguido tuvo Soto el sexto en sus botas en dos ocasiones. En la primera se encontró con una buena mano de David en el mano a mano. En la segunda el meta del Villaralbo le adivinó las intenciones y le paró un penalti cometido sobre él mismo.
Ya en el 84, con el partido completamente visto para sentencia Diego Abad completó una veloz cabalgada por el centro de la defensa zamorana que culminó con un zurdazo entre las piernas del portero.