ATLETISMO
Higuero pone el punto final
El ribereño dice adiós al deporte de elite arropado por las más altas instancias de su deporte y por muchos de sus compañeros

Juan Carlos Higuero posa antes de su comparecencia junto a sus medallas más importantes.-
Juan Carlos Higuero colgó de forma oficial las zapatillas. Después de más de 3 años ausente en las grandes citas, el León de la Blume pone punto final a su carrera como atleta de elite. Lo hizo en el CSD, en chándal y arropado por compañeros y amigos.
Su palmarés lo adornan tres participaciones en Juegos Olímpicos, con una cuarta plaza en los de Pekín 2008, donde se quedó a solo 26 centésimas del bronce, siete medallas internacionales entre las que destaca el doblete que consiguió en 2006 en Goteborg (logró el bronce tanto en 1.500 y 5.000) en el Campeonato de Europa al aire libre, ElEuropeo de Birmingham en 2007 o el bronce en el Campeonato del Mundo de Valencia de 2008.
Fue también once veces campeón de España (una de ellas en categoría promesa) y comparte el récord de nacionales absolutos con Fermín Cacho. Fue una marca que siempre quiso superar y estuvo cerca de conseguirlo, aunque al final se quedó a la altura del atleta soriano.
Junto a él estuvieron José Ramón Lete, secretario de Estado para el Deporte, Raúl Chapado, presidente de la RFEA, y el que ha sido su entrenador en Madrid, Antonio Serrano. En una sala abarrotada se dieron cita sus compañeros y en algunos casos rivales como Arturo Casado, Jesús España o Javi Guerra.
Dijo adiós con la misma indumentaria que llegó a la Blume hace 16 años. «Sigo siendo el mismo despistado que va en chándal a los sitios y he venido así adrede. Vine en 1997 así y así me despido, con el chándal de la selección española. Tuve que ir a por uno a la Federación, porque quería despedirme con este uniforme. La vida hay que vivirla. Todos mis éxitos han venido por rodearme de gente muy positiva. Lo que cambia mi vida es estar aquí con todos vosotros», apuntó un Higuero profundamente emocionado y que se llevó los vítores de los asistentes a su rueda de prensa.
Hubo lágrimas y anécdotas a lo largo de su comparecencia y Lete fue el que le recordó la historia de aquellas primeras zapatillas que gracias a su insistencia le compró su madre. «Pertenezco a una familia de cuatro hermanos, mi padre era camionero y el dinero no nos sobraba. Yo con 10 años quería las mejores zapatillas y estuve un mes llorando para conseguirlas. Con el empuje de mis hermanos me las compré. Valían 12.000 pesetas. Creo que mereció la pena, y aprendí a valorar la cosas», explicó.
No tuvo dudas en elegir a sus ídolos, a los que quiso diferenciar.«En las pistas, el marroquí El Guerrouj y fuera de ellas mi padre, que ha sacado a seis personas adelante. Valoro cómo sacaron el dinero para las zapatillas, hicieron una gran inversión», explicó.
La Blume ha sido su segunda casa y reconoció que conoce «cada baldosa» de la residencia. Agradeció el trato y destacó la convivencia que tuvo con muchos de los inquilinos del centro de alto rendimiento madrileño.«Los amigos, los atletas, los empleados del CSD, Díaz Flor, que fue un gran padre para mí. Gracias a todos. Arturo y Jesús, me hicisteis mejor», argumentó el ribereño.
También se acordó de su tierra, de Aranda de Duero, a la que necesita acudir «a menudo». Ahora se centrará en su nueva faceta, la de organizador de carreras.Seguirá vinculado al mundo del atletismo y es que también es comentarista de televisión en diversas pruebas.Querido en las pistas y fuera de ellasARTURO CASADO. «Eres mi ídolo, me lo enseñaste todo, siempre pensabas en los demás y, aunque fuiste mi mayor rival, te quiero».JESÚS ESPAÑA. «Recuerdo que de postre nos comíamos un Magnun sin remordimientos y que cantamos como locos antes de la final de Goteborg. Eres una gran persona y estoy emocionado».RAÚL CHAPADO. «Íbamos en un AVE, por el cross de Itálica, él tenía 16 años y llevaba una bolsa con bollos. «Me sientan bien», dijo. Es el verdadero y único León de la Blume, un gran compañero y un referente».JAVI GUERRA. «Una vez le dejé el coche para un viaje y se equivocó de carburante»ANTONIO SERRANO. «Tuve la suerte de ser el elegido para ser su entrenador en Madrid. Era un diamante en bruto que había que pulir, porque era muy despistado. Quería comerse el mundo, no iba a clase y se comía un bocata de calamares después de los entrenamientos. Era un chaval de pueblo que ahora se defiende en todos los ámbitos».