Fútbol / Segunda
Empate épico pero estéril
El cuadro rojillo completa una remontada de mérito frente al Real Valladolid con un jugador menos en el campo desde el minuto 30 / Pero el punto rescatado es insuficiente para sacarle del po

Moreno pugna por un balón con un delantero del Real Valladolid en el choque de ayer-LaLiga.com
En otras circunstancias el punto logrado ayer por el Mirandés habría disparado los elogios, escrito una página épica y subido la autoestima de un equipo necesitado de episodios heroicos. Pero el logrado ante el Valladolid, sin menoscabo de sus méritos, apenas tendrá un lugar en la historia. Y es que el punto apenas le sirve para nada al cuadro rojillo, ya sentenciado desde hace tiempo. Una victoria aún hubiera permitido hacer alguna cábala para las tres últimas jornadas, pero el empate le sigue dejando muy lejos de la salvación, a 7 puntos con 9 en juego.
Pero vayamos con los méritos. El equipo de Pablo Alfaro rescató un punto después de haberse quedado en inferioridad poco después de la media hora de juego por la expulsión de Roberto. Poco antes se había adelantado el Valladolid y ya con ese lastre llegó la jugada que prácticamente dejaba sentenciado el encuentro, si bien antes Eguaras pudo empatar el partido con un gran disparo que Becerra despejó a córner. Raúl de Tomás ganaba una acción a la defensa local y Roberto se veía obligado a salir al encuentro del jugador del Valladolid para evitar el gol, pero en su salida hizo falta y el árbitro señaló penalti. Protestó el portero del Mirandés y Gorostegui Fernández le mostró la segunda amarilla. Tuvo que entrar Sergio Pérez por Hervás, aunque no pudo detener el remate. Así que en el minuto 37 el partido estaba 0-2 y el Mirandés con un jugador menos. Creer que el equipo de Pablo Alfaro pudiera puntuar entraba lógicamente en el terreno de la utopía.
De ahí hasta el final de la primera parte, apenas hubo noticias del Mirandés, intentando asumir todo lo sucedido y reajustando sus líneas ante un rival que, acomodado en su ventaja. quitó el pie del acelerador y se dedicó a contemporizar hasta que se llegó al descanso.
Pero quedaban 45 minutos y aunque la empresa era muy difícil, el Mirandés salió con ganas de intentarlo. El equipo de Pablo Alfaro consiguió encerrar al Valladolid en su área beneficiado también porque el equipo pucelano seguía con su plan conformista y muy seguro de que con esa renta tenía suficiente para gestionar el partido.
Apretaba el Mirandés, que conseguía que no se notara la inferioridad numérica sobre el terreno de juego y después de alguna oportunidad a cargo de Guarrotxena, en otra acción del centrocampista bilbaíno, el más incisivo de los suyos, fue objeto de penalti y Eguaras transformó la pena máxima para meter a su equipo en el partido.
El Mirandés creyó entonces en sus posibilidades, pero un Valladolid que seguía con el piloto automático y sin arriesgar nada hacia muy difícil las intenciones del Mirandés, que chocaba ante el muro vallisoletano. Pasaban los minutos, el cuadro de Anduva dejaba más espacios y fue entonces cuando el equipo blanquivioleta se dio cuenta de que en un contraataque podía matar definitivamente el encuentro. Y lo cierto es que Villar y López disfrutaron de ocasiones para conseguirlo.
El Mirandés, con más ansiedad que criterio, buscaba el empate y estuvo cerca de lograrlo en un remate de Maikel Mesa desde fuera del área que se marchó alto. Agonizaba el partido, prolongado por los minutos de descuento y en el último suspiro el empate llegaba mediante un gol en propia puerta de Balbi que no era sino más un premio a la constancia y a la ilusión pero que en realidad no arreglaba casi nada, aunque quien sabe si hay que seguir soñando.