BALONCESTO / ACB
Solo falta la firma
El San Pablo vence en San Sebastián y está virtualmente salvado / Un triple de Fisher en el último minuto sella un triunfo tan sufrido como importante

Álex López deja la bandeja, ayer, en San Sebastián.-ACB PHOTO / L. GARCÍA
GBC 63
SAN PABLO 71
GBC: Agbelese (5), Chery (5), Fakuade (12), Swing (11), Oroz (-) -quinteto inicial- Van Lacke (7), Pérez (6), Salvó (4), Pardina (3), Beraza (2), Clark (8).San Pablo Burgos: Fisher (14), Gailius (4), Thompson (6), Huskic (2), López (7) -quinteto inicial- Schreiner (2), Saiz (9), Jenkins (17), Martínez (-), Cancar (7), Vega (3).Árbitros: García, Calatrava y Mendoza.
Eliminados: Fakuade (min. 38).
Parciales: 9-18; 24-34 (descanso); 48-51 y 63-71 (final).Las matemáticas impiden al San Pablo celebrar de antemano su permanencia en ACB. De la misma manera, muestran que la consecución del objetivo es cuestión de tiempo. Los azules disfrutan de una renta de tres triunfos a falta de cuatro jornadas pero, lejos de fijarse en la trayectoria de los rivales directos, hay que destacar el rendimiento del proyecto.
El triplazo de Fisher a 40 segundos del final selló en San Sebastián la quinta victoria en los últimos seis partidos. El rendimiento del bloque de Diego Epifanio es incuestionable y ayer los del Coliseum tuvieron la madurez necesaria para llevarse un partido muy complicado.
Cada jornada en la ACB es un reto mayúsculo, si bien hay equipos especialmente pegajosos y el GBC se maneja como nadie en arenas movedizas. Resulta casi estresante competir contra el cuadro guipuzcoano, un conjunto sin estrellas rutilantes pero seguro de lo que hace en cada momento. Los donostiarras llevan al rival al colapso para sacarle de la pista. Ayer, los azules sobrevivieron después de asomarse al abismo.
Sin duda, la baja de Norel era una gran noticia para el San Pablo. Ni por esas perdió el feeling el GBC, aunque el choque sonrió a los burgaleses durante el primer cuarto y medio. Los de Epi se apoyaron en Fisher y en la falta de acierto local para cimentar su ventaja, todo un alivio en una tarde que poco a poco comenzaba a complicarse.
Debía aprovechar el conjunto burgalés esta fase fluida del juego porque con el GBC nunca se sabe cuándo puede cambiar la dinámica. La actividad defensiva y el cierre del rebote impulsaban a un San Pablo que disfrutaba de transiciones más o menos cómodas para abrir brecha.
Solo un par de pérdidas frenaron el despegue. Con todo, el 5-18 era la mejor noticia posible para el conjunto de Epi, consciente de que su rival encontraría el camino del aro antes o después. Los burgaleses pagaban al rival con su moneda. Sin acierto ni rebote no hay puntos que sumar.
Negado en el lanzamiento exterior, el GBC comenzó a jugar por dentro. Van Lacke y Pérez dividieron la zona y encontraron una rendija en una fase incómoda resuelta por Jenkins. El exterior se encargó de mantener el equilibrio. A veces anárquico, en ocasiones precipitado, pocos jugadores tienen su capacidad para buscarse las habichuelas.
El ‘12’ asumió la responsabilidad para controlar el primer intento de reacción donostiarra. Del 9-18 se pasó al 11-25 y los burgaleses respiraban. La aportación de Jenkins, redondeada con un triple de Vega, asentó la máxima mediado el segundo cuarto. Y en ese momento, con el 16-30, comenzó un nuevo partido.
Necesitaba más argumentos el San Pablo para mantener su liderazgo en la pista. Los visitantes cada vez se mostraban más espesos en ataque y los fallos de Huskic desde el tiro libre favorecieron el arranque del GBC. Los de Fisac subieron la intensidad en cada acción y con un 8-0 de parcial llamaron a la puerta. Al menos, cuatro aciertos consecutivos desde la personal resolvieron el problema al descanso (24-34).
A pesar de las circunstancias y de que tampoco estaba para tirar cohetes, el San Pablo asumía que el GBC no iba a rendirse tan fácilmente. Un acierto desde el arco de Fisher abrió el marcador para los visitantes en el tercer cuarto (26-37), el último respiro antes de entrar en una espiral muy peligrosa.
Los locales dieron otra vuelta de tuerca a sus prestaciones y apagaron la luz del ataque burgalés con el permiso arbitral. Hizo bien el GBC en subir el listón al máximo y la apuesta le salió bien. Un parcial de 12-2 agudizaba los problemas de los visitantes (38-39), quienes dieron por bueno el intercambio de canastas y errores en la segunda mitad de este periodo.
De nuevo, Fisher y Jenkins sostuvieron a los del Coliseum. El rival colapsó la pintura y demostró por qué es el mejor equipo en el rebote ofensivo. Para colmo, mientras los vascos jugaban al límite sin consecuencias, el San Pablo se cargaba de faltas de forma desesperante (44-45). Puntos gratis para los donostiarras, todo un botín en una situación tan compleja. Una vez más, los de Epi echaron mano de su máximo anotador para salir ilesos del embrollo (48-51).
Todo podía pasar en un partido tan cerrado. Y es que los bajos porcentajes del GBC ayudaron a la causa de un equipo burgalés que se vio al borde del abismo con el 59-55 a 5:37 del final.
Mal pintaba la cosa hasta que apareció Sebas Saiz. El madrileño jugó un papel clave y aportó la solidez necesaria para sumar bajo los aros. Los ayer rojipardillos se encomendaron al madrileño y a un triple de Cancar para recuperar el mando (61-63). Después, las acciones decisivas sonrieron a los visitantes.
López robó un balón fundamental, pero tres errores desde la personal impidieron a los castellanos despegarse. Mientras, la situación en defensa estaba controlada porque el rival se topaba una y otra vez con el aro. Ni siquiera su dominio del rebote ofensivo fue suficiente.
En la otra zona, un canastón en penetración del propio López abría un margen importante a 1:30 del final (62-66) y Fisher se encargó de poner el lazo al éxito con un triple desde 8 metros que deja a los burgaleses virtualmente en ACB. Solo falta la firma. Cuanto antes, mejor.