El Correo de Burgos

BALONCESTO / ACB

El San Pablo activa las primeras alarmas

El cuadro azul confirma ante el Manresa las malas sensaciones acumuladas ante sus rivales directos y se mete en serios problemas / Siempre a remolque del rival, el equipo de Epi estuvo incómodo de principio a fin

Cancar gana el rebote a Tomàs y Toolson.-RAÚL OCHOA

Cancar gana el rebote a Tomàs y Toolson.-RAÚL OCHOA

Publicado por
DIEGO ALMENDRES
Burgos

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SAN PABLO BURGOS  74

MANRESA  82

San Pablo Burgos: Fitipaldo (8), Frazier (3), Cancar (6), Thompson (17), Kravtsov (7) -quinteto inicial- Barrera (2), Vega (2), Huskic (14), López (1), Jaramaz (8), Radoncic (6).

Baxi Manresa: Toolson (19), Renfroe (10), Tomàs (6), Lalane (8), Dragovic (13) -quinteto inicial- Jou (-), Lundberg (9), Doellman (9), Sakho (8), Muñoz (-), Gintvainis (-).Árbitros: Araña, Sánchez Sixto y García.

Eliminados: No hubo.

Parciales: 24-21; 39-44 (descanso); 60-63 y 74-82 (final).BURGOS

El San Pablo Burgos tiene un problema. Y de los gordos. Las victorias conseguidas ante los grandes maquillan una escalofriante trayectoria en la que solo sumó un éxito en sus primeros seis duelos directos.

Por el camino se perdieron oportunidades y averages. Para colmo, se acumulan las dudas y las malas sensaciones, como las ofrecidas ayer ante el Manresa. Una noche en la que el equipo azul fue a remolque hasta partirse en el tramo final.

El bloque castellano traicionó de salida una de las premisas fundamentales para salir airoso del trance. Los azules temblaron en el arranque con cuatro pérdidas protagonizadas en sus primeros seis ataques, una cifra demoledora que refleja el momento de duda del proyecto. Sin brillo ni fluidez, protagonizaron un ejercicio de supervivencia hasta que se apagaron todas las luces. Pudo ser aún peor.

Como ya ocurriera frente a Obradoiro y GBC, el cuadro del Coliseum sufrió el efecto del fuego enemigo desde el exterior. Manresa se hinchó a sumar de tres y llevó el peso del juego durante la mayor parte del envite.

El bloque de Epi solo se sintió cómodo en pequeñas fases en las que la defensa funcionó. Ráfagas sin continuidad. El Manresa tenía un plan, lo ejecutó con confianza y, además, gozó del acierto necesario. El conjunto de Peñarroya corrió y movió el balón con criterio para encontrar siempre el lanzamiento liberado. Los ocho triples en los dos primeros cuartos contrastaban con el 2/11 de los locales. Quedó patente que la amenaza exterior del Miraflores es inferior a la de la mayoría de los equipos.

El San Pablo buscó otras fuentes de alimentación y se sintió más seguro cerca del aro. Thompson tiró del carro en ataque y la entrada de Jaramaz y López rescató a un conjunto que superó el primer momento de apuro con el 16-15. Parecía que poco a poco los azules ya carburaban, pero los puntos desde la personal no eran suficientes para distanciarse de un rival que anotó desde el arco 15 de sus primeros 21 puntos (24-21).

Los castellanos no estaban a gusto sobre la pista, pero se las ingeniaron para rascar de aquí y de allí. Un rebote afortunado, un desajuste inesperado, un palmeo oportuno... cualquier fórmula era válida para seguir el ritmo de un adversario que ya sumaba en la pintura.

El Manresa tiró de talento cuando no le llegaba la pizarra. Por eso, los dos intentos de escapada de los locales pronto quedaron reducidos a ceniza. No hubo más alegrías. El 28-23 y el 35-30 fueron neutralizados por el acierto exterior y la acumulación de rebotes ofensivos de los rojos. Cierto es que los castellanos pescaron más en aro ajeno, pero los catalanes sacaron una mayor productividad desde el triple y aprovecharon una nueva pérdida para abrir un interesante hueco al descanso (39-44).

Los del Coliseum seguían en pie, conscientes de que debían dar un paso adelante. O dos. Incluso, tres. De momento, el partido entró en una fase de intercambio que favorecía los intereses del conjunto visitante. Suya era la ventaja y la iniciativa del juego. El San Pablo seguía a remolque y no pudo dar la vuelta a la situación. Manresa alcanzó el 45-51, si bien los de Epi se agarraron al partido.

Eso sí, el cuadro local necesitaba enlazar dos acciones positivas para que su esfuerzo se viera recompensado de una vez por todas. El margen se estrechó (52-54) y una canasta de Kravtsov debía liderar el arreón definitivo. Sin embargo, llegó otro jarro de agua fría con dos canastones sobre la bocina. El 56-63 a 1:31 del final del cuarto se clavó como una daga en el corazón de un San Pablo cada vez más cerca del precipicio. Por eso, el 60-63 era, de nuevo, un alivio.

De hecho, era el principio del fin porque el último periodo fue descorazonador. El San Pablo no tenía ni continuidad, ni ideas, ni acierto. Le pudo la ansiedad frente a un rival seguro del plan a seguir.

Manresa desperdició sus primeras opciones de sentenciar y Cancar apareció en escena después de una noche para olvidar. Con todo, la tendencia conducía a una derrota que ya era segura con el 63-72 a 5:32. Había tiempo, pero no argumentos.

Donde no llegó el Manresa, lo hicieron los jueces para agotar la esperanzas locales. Para entonces, el San Pablo estaba roto y el Coliseum, centrado en un arbitraje que disfrutó del espectáculo. La ACB sabrá lo que hace con Burgos y por qué lo hace, pero el CB Miraflores tiene otros problemas más acuciantes. Los propios. Y esos sí son muy preocupantes.

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