BALONCESTO / ACB
El San Pablo Burgos claudica ante Simons
Esta vez los azules no sobrevivieron a sus pésimos porcentajes y cedieron ante un sólido Obra guiado por el histórico festival triplista del americano

Sutton machaca el aro del Obradoiro ante Llovet, ayer.-SANTI OTERO
SAN PABLO BURGOS 76
OBRADOIRO 84
San Pablo Burgos: Sutton (16), Fitipaldo (5), Lima (6), Frazier (4),Zipser (8) -quinteto inicial- Benite (16), Vega (2), Huskic (12), López (-), Cancar (5) y Barrera (2).
Obradoiro: Simons (30), Llovet (13), Brodziansky (8), Singler (6), Pozas (2) -quinteto inicial- Sàbat (-), Obst (-), De Zeeuw (2),Spires (11), Navarro (-), Hlinason (2), Vasileiadis (10).Árbitros: Peruga, Oyón y Rial.Eliminados: Los visitantes Brodziansky y Spires.Parciales: 18-27; 44-47 (descanso); 65-62 y 76-84 (final).BURGOS
Esta vez, ni el talento individual ni las virtudes del colectivo impidieron la derrota de un San Pablo Burgos de nuevo lastrado por sus pésimos porcentajes en el lanzamiento. El tiro libre se ha convertido en un potro de tortura y el triple, lejos de ser un aliado, ya es un problema para un equipo que se las ingenió para llegar con vida al último minuto. Sin embargo, la fortuna premió a un Obradoiro que fue mejor durante muchos minutos para controlar la situación en el momento decisivo.
Todos los detalles sonrieron a los visitantes, sobre todo el más determinante. Mientras el equipo local pena por su insuficiente amenaza exterior, el rival se apoyó en un Simons que destrozó el aro con su histórico bombardeo. Epi lo intentó de todas las maneras, pero el americano del Obradoiro marcó la diferencia con su inusitado 10/14 en triples.
En el baloncesto moderno el acierto en el perímetro cada vez juega un papel más importante en el desarrollo de los encuentros. Ya no es extraño que, como hizo ayer el bloque de Moncho Fernández, un equipo lance más tiros de tres puntos que de dos (33 a 29). Y, si se tiene el día inspirado, la suerte está echada. Y menos mal que entre Sàbat y Vasileiadis (autor de seis triples en la primera vuelta) no anduvieron finos con su 10% de acierto en la mañana de ayer.
El San Pablo superó los malos momentos, pero no supo consolidar su juego y tampoco acertó cuando debió abrir hueco. En un partido igualado, el Obradoiro secó a los azules en el último cuarto y selló la victoria gracias al rebote ofensivo. Todo, sin olvidar el doble rasero arbitral en ese desesperante desenlace.
Tenían claro los castellanos que el Obra es un visitante incómodo, un rival compacto capaz de adaptarse a cualquier situación y muy peligroso si lleva el partido a su terreno. Así ocurrió, puesto que el cuadro gallego llevó la iniciativa durante gran parte de los 40 minutos hasta llevarse el merecido premio del Coliseum.
Como ya es habitual en las últimas semanas, los azules estuvieron fallones desde el inicio. Los cuatro primeros lanzamientos acabaron en el limbo y un enérgico pero errático Sutton sumó dos pérdidas para allanar el camino a un Obradoiro demasiado cómodo. Los gallegos sumaban cerca del aro porque Brodziansky campó a sus anchas en la zona para fijar el 4-9.
Aunque el combinado local ganó poco a poco un mayor ritmo en ataque, la falta de acierto exterior frenó su progresión. Por eso, tras el esperanzador 14-14 el rival tomó distancias en un gran sprint final de primer cuarto. Simons ya había iniciado su recital de cómo se debe lanzar desde el perímetro con cuatro triples y el rocoso Llovet completó el arreón visitante para situarse con un inquietante 18-27.
Al San Pablo, sin embargo, le quedaban dos balas por gastar y sacó el máximo provecho de ellas. El equipo agradece la presencia de Huskic y Benite. Los necesita como agua de mayo en campo contrario. Su impulso, unido a un mayor nivel defensivo y al respiro otorgado por el adversario desde el arco, cocinaron un parcial de 14-0 que debía cambiar la tendencia del encuentro. Fue, realmente, el único respiro.
Solo el brasileño acertó desde fuera en la primera parte. A Benite se le caen los puntos de la manos y Huskic manejó la situación para reforzar el plan de un San Pablo que tocó techo con el 32-27. El Obradoiro solo sumó desde el tiro libre en seis minutos, pero capeó el temporal para recuperar el control gracias a Simons. El jugador gallego ya sumaba 6/6 en triples y la experiencia de Vasileiadis hizo el resto en otro momento delicado. El San Pablo se vio obligado a pisar el acelerador para dejar el 44-47 del intermedio.
Había motivos para el optimismo, a pesar de todo. Sutton aún no había aparecido en escena y con un poco más de acierto el partido podía cambiar su tono. El americano, ahora contagiado de la dinámica colectiva, cada vez se muestra más ansioso con el balón y precipitado en la toma de decisiones. Aun así, es fundamental y tiró del carro ayudado por Benite en un toma y daca del que parecía salir vencedor el equipo burgalés con un triple y un 2+1 del propio Sutton (60-57).
Fue otro pequeño alivio en un partido muy irregular. En esa trayectoria de dientes de sierra, el encuentro entró en una fase de arenas movedizas resuelta desde el tiro libre -quién lo iba a decir- y con un acierto de Zipser.
Ya en el último cuarto y con 67-62 llegó el momento que decidió (casi) todo. El San Pablo, sin ideas ni frescura ofensiva, se la jugó al triple y los tres lanzamientos consecutivos de López se toparon con el aro. Y en el lado contrario, los tres intentos de Simons subieron al casillero de un Obradoiro que ya no cedió la iniciativa desde el 69-71.
Las distancias eran cortas y las sensaciones, malas. Al equipo local se le apagó al luz y solo un arranque de Cancar y Huskic alimentó la ilusión. Ese 76-77 a 2:15 fue el principio del fin para un San Pablo castigado por el trío arbitral y por el rebote ofensivo de un Obradoiro que se aprovechó de la atención sobre el juego exterior. Los gallegos no perdonaron desde la personal y la victoria ya era suya, mientras los locales seguían lanzando triples al aro.