BALONCESTO / ACB
El adalid silencioso de una época irrepetible
Epi iniciará un nuevo reto profesional lejos de Burgos después de 15 años de actividad en el primer equipo de la ciudad / Es el único denominador común de la etapa más exitosa del deporte de la canasta

La Peña Sauki muestra una pancarta de apoyo a Epi durante un partido de la pasada temporada.-MARÍA GONZÁLEZ / SPB
BURGOS
Sin desdeñar ni un ápice la gloria acumulada en las cuatro temporadas al frente del San Pablo Burgos, la trascendencia de Diego Epifanio ‘Epi’ en la evolución del baloncesto local va mucho más lejos después de 15 temporadas de trabajo resumidas en una palabra: éxito.
El técnico es el único nexo que une todas las etapas protagonizadas por Atapuerca, Tizona y Miraflores en el siglo XXI. Solo él vivió en primera persona el crecimiento del Autocid desde LEB2 hasta celebrar tres ascensos deportivos a la elite para, después del disgusto sufrido en el verano de 2015, recobrar la ilusión con un San Pablo Burgos al que deja después de dos brillantes temporadas en la máxima categoría nacional. Nadie como Epi sabe lo que ha costado llegar hasta aquí y aquí deja ahora su legado.
Vinculado en sus comienzos a la cantera del CB Atapuerca, la llegada de José Luis Oliete al banquillo del Autocid en el curso 2004-2005 le sirvió para estrenarse como entrenador ayudante. A pesar de ganar la Copa LEB2 en Gandía, el fiasco del play off invitó a la directiva a dar un golpe de timón y ya con Ñete Bohígas las cosas salieron redondas.
Fue en 2006 cuando el conjunto azulón llegó a la LEB Oro con otro título copero en el zurrón, aunque el estreno en la segunda categoría estuvo marcado por el sufrimiento. La mala dinámica provocó la salida del cacereño y llegó Gonzalo García de Vitoria, cuyo sprint final valió una permanencia.
Sin embargo, otro mal inicio en 2007 precipitó los acontecimientos y en noviembre llegó Andreu Casadevall. El catalán llevó la voz cantante en una filosofía de trabajo en la que Epi jugó un papel importante. Ocho exitosos años resumidos en tres ascensos a ACB (2013, 2014 y 2015), dos finales perdidas (2010 y 2011), un título de Copa (2013) y un subcampeonato (2012).
Sin embargo, cada salto de categoría ganado en la cancha se topaba con la normativa de ACB y los dirigentes del Autocid optaron por dedicar todos sus esfuerzos a derrotar al poder en los despachos.
Cuando peor pintaban las cosas en el largo verano de 2015, la aparición de Félix Sancho y Jesús Martínez hizo posible que el CB Miraflores recogiera el testigo. Y una de sus primeras medidas en el proyecto deportivo fue contar con Diego Epifanio. Casadevall regresó, pero la llamada del Zaragoza en noviembre de 2015 dio la alternativa al técnico local.
PRIMER ESPADA
Después de tanto tiempo de maduración, había llegado el momento de dar el paso como primer espada. Aquella primera derrota en un pésimo partido ante el Castellón (74-83) el 27 de noviembre de 2015 queda reducida a mera anécdota. Desde entonces el proyecto fue a más y en estos casi cuatro años Diego Epifanio ha sumado 142 partidos al frente del equipo azul (74 en Oro y 68 en ACB).
Para la historia del joven club quedarán el tercer puesto y las semifinales del año del debut, el subcampeonato de Copa y el ascenso con el récord de 9-0 en el play off de 2017 y los dos intensos cursos protagonizados en ACB por un novato capaz de sortear todas las dificultades.
Ahora toca marcharse por la puerta de atrás, con la promesa del club de que un día volverá «más fuerte» a su banquillo. Desde luego, en Epi no encontrarán una mala cara ni un reproche. El técnico burgalés prefiere pasar el trago con los suyos mientras reordena su vida. Descartada la posibilidad de seguir en la estructura azul, buscará nuevos retos lejos del Coliseum.
Nunca necesitó dar una voz más alta -salvo en algún entrenamiento o tiempo muerto-. Tampoco quiso ser protagonista. Se limitó a trabajar durante 15 años al servicio de los tres clubes que le dieron la oportunidad de entrenar en el baloncesto profesional y a partir de ahora seguirá su filosofía en otro lugar con la tranquilidad del deber cumplido en el sitio más difícil, en casa.