El Correo de Burgos

Baloncesto / Basketball Champions League

El San Pablo se hace el 'hara-kiri'

Tira por la borda un partido que tenía controlado ante el Pau Orthez / Desperdicia una renta de 14 puntos en una segunda mitad para olvidar

Benite trata de filtrar un pase a la pintura en el choque de ayer.-Israel L. Murillo

Benite trata de filtrar un pase a la pintura en el choque de ayer.-Israel L. Murillo

Burgos

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SAN PABLO BURGOS  78

PAU ORTHEZ  82

El San Pablo se hizo el hara-kiri. Tiró por la borda un partido que tenía perfectamente encarrilado al descanso ante el farolillo rojo del Grupo B de la Basketball Champions League, el Pau Orthez. Dilapidó la cómoda ventaja de 14 puntos con la que afrontó la contienda tras el intermedio en una segunda mitad para olvidar.

Los azulones perdieron el norte y quedaron a merced del histórico combinado francés, que resucitó de sus cenizas protagonizando una épica remontada que deja a los de Joan Peñarroya sumidos en una depresión. No supieron rematar la faena cuando tuvieron oportunidad. Dejaron con vida a los galos y terminaron por encajar una derrota más que dolorosa.

Poco hacía prever el resultado final el desarrollo del envite en los dos primeros cuartos. Inmejorable fue la carta de presentación de los burgaleses en el arranque. Dos triples de McFadden y Clark dejaron bien patente las ganas de revancha con las que el San Pablo encaraba esta cita. Los de Joan Peñarroya tenían la lección bien aprendida tras los varapalos encajados. Y saltaron a la cancha con las orejas tiesas.

Pero los franceses no estaban dispuestos a dejarse comer la tostada a las primeras de cambio. Y comenzaron a hacer daño con Cornelie y De Jong -que hizo 35 puntos- en la pintura para dejar la ventaja local reducida a la mínima expresión en el ecuador del primer cuarto.

Las buenas prestaciones de una intensa retaguardia burgalesa hicieron posible varios robos de balón consecutivos que permitieron correr a los jugadores del San Pablo a campo abierto. Y con varias canastas fáciles al contragolpe abrieron brecha en un abrir y cerrar de ojos (17-9).

El Pau Orthez fiaba sus opciones de remontada a sus hombres exteriores, que por el momento no estaban afortunados en el tiro.

Y en esta tesitura el Miraflores seguía a lo suyo sin soltar el pie del acelerador. Secaron a su oponente en campo propio e hicieron trizas la defensa en las transiciones. Clark y Huskic cogieron el testigo anotador para elevar la ventaja local a los 15 puntos (24-9) -si bien los franceses tuvieron arrestos para maquillar el resultado en los últimos segundos del parcial-.

Jasiel Rivero fue el encargado de romper la serie (0-5) del Pau Orthez. Con la segunda unidad en pista el San Pablo no bajaba el pistón. Álex Barrera tomó el testigo en ataque para sofocar el conato de insurrección gala (30-16)

Los bajos porcentajes de acierto en el tiro de los galos facilitaban el trabajo de los de Joan Peñarroya, ahora con Huskic como asistente de lujo. Pero había perdido claridad y el técnico catalán paró el juego para refrescar conceptos.

La arenga surtió efecto inmediato y Barrera salió al rescate de los azulones para marcar de nuevo terreno ante un Pau que parecía entonarse. Con el quinteto inicial de nuevo en pista el San Pablo volvió a imponer su calidad y potencial físico, con McFadden como principal estilete. Y la renta volvió a estirarse en los instantes previos a la llegada del descanso (43-29), a pesar de que los exteriores burgaleses tenían la pólvora mojada.

CAMBIO RADICAL

Pero el partido dio un giro de 180 grados tras el paso por los vestuarios. Moore y McGee se empeñaban en meter en la pomada al Pau Orthez. Un triple de este último redujo considerablemente la ventaja burgalesa (47-41) frente aun San Pablo adormilado y que había perdido la solidez inicial.

Peñarroya no estaba nada satisfecho con la pérdida de prestaciones de su equipo y solicitó de inmediato un tiempo muerto. Pero De Jong echó más sal en la herida (49-46). Lo que encendió todas las alarmas. Había dilapidado todo su colchón de forma incomprensible el cuadro castellano ante un Elan Bernais crecido.

Los locales se habían diluido como un azucarillo en un vaso de agua. De Jong completó la remontada francesa con un nuevo triple (53-53). El choque se había complicado, y de qué manera, para un San Pablo desdibujado y completamente atascado de cara al aro. Y Diawara puso por delante a Pau por vez primera en el partido en último minuto del tercer cuarto (53-56). Menos mal que Bassas, sobre la bocina, se sacó un triple que empató el duelo con todavía 10 minutos por delante.

Un contundente parcial de 13-27 fue el principio del fin para los castellanos. El Miraflores había agotado su margen de error. Cualquier fallo podía ser ya definitivo. Los galos, que se habían visto siempre por debajo en el luminoso, llegaban pletóricos al tramo decisivo. Barrera y Bassas aliviaron la difícil situación de los locales tras un tiempo muerto (63-58), pero fue un espejismo.

Cuando peor pintaban las cosas Bassas tomó el mando para dar oxígeno a los locales desde el perímetro. Pau Orthez volvió a empatar el duelo desde el tiro libre (66-66) con cinco minutos por delante. Los visitantes dominaban para ese momento el rebote.

Y De Jong traía de cabeza a la defensa burgalesa en la pintura. Los galos convertían en oro cada acción para desesperación de los castellanos (68-73).

Menos mal que surgió Benite, hasta el momento desaparecido, para devolver la esperanza a los locales. El Elan Bernais no estaba dispuesto a soltar la presa. Una pérdida de balón de Fitipaldo en el momento más inoportuno permitió a los visitantes dar un golpe mortal en una contra finalizada por Cavaliere que elevó la renta de los franceses a 6 puntos con 1:15 en el electrónico.

El San Pablo se agarraba a un milagro. Clark abrió una ventana a la esperanza convirtiendo tres tiros libres. Pero los visitantes respondieron con un palmeo de De Jong (74-79), respondido por un tiro libre de Fitipaldo. Insuficiente. Lo intentó a la desesperada McFadden tras la buena mano de De Jong desde la línea de 4,70 (78-81). Con cuatro puntos abajo y solo 4 segundos en el reloj, parecía misión imposible. McFadden se la jugó con un triple lejano. Sin fortuna.

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