Fútbol / Segunda División / Jornada 22
El Mirandés cae y agrava su crisis
El Mirandés volvió a chocar con sus propias limitaciones en Anduva ante un FC Andorra que dominó desde el primer minuto. El conjunto visitante se llevó los tres puntos con un 1-2 mientras los rojillos apenas encontraron argumentos para darle la vuelta al marcador

Golpe del FC Andorra en Anduva. El Mirandés reacciona tarde y cae 1-2
El Mirandés volvió a salir de Anduva con la sensación de haber competido contra algo más que un rival. Fue el FC Andorra quien se llevó los puntos (1-2), pero también fue el propio contexto rojillo el que terminó pesando como una losa. El equipo tricolor, sobrio y convencido de su plan, supo leer el partido desde el primer minuto y administrarlo con una madurez que contrastó con la ansiedad local. Cuando el Mirandés quiso rebelarse, el daño ya estaba hecho.
Desde el arranque quedó claro que el Andorra no había viajado a Miranda para especular. El equipo de Carles Manso se adueñó del balón con naturalidad, moviéndolo con paciencia, atrayendo al Mirandés y encontrando espacios por fuera. El dominio no fue abrumador en términos de ocasiones inmediatas, pero sí en sensaciones: el Andorra jugaba donde quería y como quería, mientras los rojillos corrían detrás de sombras.
El primer aviso serio llegó pronto y fue definitivo. Yeray Cabanzón, profundo y preciso durante toda la tarde, ganó la línea de fondo tras una acción limpia y templó un centro al segundo palo. Allí apareció Daniel Villahermosa, libre de marca, para ajustar el remate a la escuadra. El 0-1, en el minuto 9, no fue un accidente, sino la consecuencia lógica de un inicio en el que el Mirandés no logró ajustar su entramado defensivo ni proteger su área.
La reacción local fue inmediata, aunque más emocional que futbolística. Rafel Bauzà tuvo el empate en un disparo cruzado que se marchó fuera por poco, pero aquella ocasión fue un espejismo. El Andorra no se alteró. Continuó tocando, juntando líneas, acelerando solo cuando encontraba ventaja. Incluso Gael Alonso, desde la posición de central, se permitió probar desde la frontal, en una muestra de la confianza con la que jugaba el conjunto visitante.
El Mirandés sufría especialmente por dentro. El centro del campo no lograba cerrar líneas de pase y los laterales se veían exigidos de manera constante. Martí Vilà rozó el segundo con un cabezazo que tapó Juan Gutiérrez, y poco después Lautaro de León se plantó solo ante Nikic, que salvó a los rojillos con una intervención decisiva. El descanso llegó como un alivio para el Mirandés, pero también como una advertencia: el marcador era corto para lo que estaba ocurriendo sobre el césped.
La segunda parte no hizo sino agrandar la herida. Apenas se habían asentado los cambios cuando Sergio Molina ejecutó con precisión una falta directa, raso y ajustada al palo, imposible para Nikic. El 0-2 fue un golpe seco, casi definitivo, porque llegaba en el peor momento posible, justo cuando el Mirandés necesitaba algo a lo que agarrarse.
A partir de ahí, el partido cambió de registro. El Andorra dio un paso atrás, no por miedo, sino por inteligencia. Cedió terreno, cerró espacios y se preparó para resistir. El Mirandés, empujado por Anduva y por la desesperación, empezó a acumular hombres arriba y a cargar el área con centros constantes. El encuentro se volvió más físico, más desordenado, más propio del nervio que de la pizarra.
El gol de Javi Hernández, en el minuto 74, devolvió la vida al estadio. Marino Illescas filtró el pase y el delantero rojillo empujó el balón al fondo de la red. Con el 1-2, el Mirandés creyó. Y durante veinte minutos lo intentó todo. Disparos desde la frontal, remates forzados, segundas jugadas. El Andorra, por primera vez, sufrió de verdad.
Hubo incluso un instante que pudo cambiarlo todo. Una acción sobre Bauzà en el área llevó al colegiado a revisar la jugada en el VAR. Anduva contuvo la respiración. Pero la revisión concluyó con falta previa del Mirandés. No hubo penalti. Tampoco hubo consuelo. El asedio final fue tan intenso como estéril. Alberto Marí rozó el empate con un cabezazo en el tiempo añadido, Juan Gutiérrez subió a rematar, y cada balón colgado al área fue vivido como una última oportunidad. El Andorra resistió con orden, despejando, enfriando el partido, dejando correr los segundos. El pitido final confirmó la victoria tricolor y dejó al Mirandés frente a su propio reflejo.