El Correo de Burgos

El Burgos CF naufraga en la superioridad

El conjunto de Sergio Francisco empata ante el Oviedo en un choque en el que jugó con uno más desde el minuto 26

David González pugna con Samu durante el partido disputado en Carlos Tartiere.

David González pugna con Samu durante el partido disputado en Carlos Tartiere.Laliga

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El Burgos se llevó un punto de Oviedo en un partido que dejó un sabor muy amargo. Sumar fuera de casa siempre es bueno en Segunda División, pero esta vez la historia es muy diferente. El equipo de Sergio Francisco jugó con un futbolista más desde el minuto 26 por la expulsión de Aldasoro. Tener un jugador más durante casi todo el encuentro era una oportunidad de oro para dar un golpe sobre la mesa en la Liga. Sin embargo, al Burgos le costó muchísimo generar peligro y demostró que todavía le falta juego cuando le toca llevar la iniciativa.

El empate sin goles cosechado por el Burgos CF en su visita al Carlos Tartiere, conseguir un punto fuera de casa suele ser motivo de celebración para cualquiera. Sin embargo, la narrativa de este encuentro tiñe el resultado de una evidente frustración para el conjunto castellano. El fútbol le entregó al Burgos una ventaja competitiva mayúscula cuando apenas se había cumplido el primer cuarto de hora, y la incapacidad para transformar ese escenario a favor en una victoria desnuda los problemas de creatividad que el bloque de Sergio Francisco todavía debe resolver si quiere asentarse definitivamente en los puestos de privilegio de la tabla general.

El guion del choque saltó por los aires en el minuto 26, momento en el que el colegiado Sánchez Villalobos expulsó con roja directa al centrocampista local Aritz Aldasoro tras una acción calificada como juego brusco grave. Con más de una hora de partido por delante y un hombre más sobre el césped, el Burgos tenía ante sí el contexto ideal para mandar un mensaje de autoridad al resto de la liga. En lugar de eso, el equipo pareció contagiarse de una parsimonia táctica que facilitó la labor de un Oviedo herido pero sumamente solidario.

Durante el tramo final de la primera mitad, apenas se notó la diferencia numérica. El Burgos aceptó el balón que su rival le entregaba por obligación, pero su circulación fue excesivamente horizontal, lenta y previsible, carente de ese cambio de ritmo necesario para desordenar un bloque bajo. Solo un chispazo al borde del descanso, con un remate de espuela de Álex Forés que lamió la base del poste, despertó del letargo a la expedición burgalesa.

La segunda mitad trajo consigo una versión algo más ambiciosa, impulsada por las ventanas de cambios de Sergio Francisco, que introdujo de golpe a hombres de peso como Unai Vencedor y Jon Karrikaburu para agitar el árbol. El Burgos dio un paso al frente de manera evidente, estiró sus líneas y comenzó a pisar el área rival con mayor frecuencia, buscando hacer daño especialmente a través de los centros laterales de Vilarrasa. Fue precisamente el lateral izquierdo quien tuvo en sus botas la oportunidad dorada de cambiar el destino de la tarde: tras aparecer completamente libre de marca en el segundo palo, conectó un remate preciso a quemarropa que toda la grada visitante ya celebraba como gol. Fue ahí donde emergió la figura de Aarón Escandell, firmando una estirada milagrosa sobre la misma línea de gol que frustró las esperanzas del cuadro del Plantío y mandó un mensaje de resistencia psicológica a sus compañeros.

A partir de esa acción, el partido abandonó la pizarra y se transformó en un intercambio de golpes de ida y vuelta que, paradójicamente, estuvo muy cerca de castigar al Burgos. El Oviedo demostró que su gen competitivo sigue intacto y, lejos de conformarse con achicar balones, asustó de verdad a la contra. Jacobo perdonó una ocasión clamorosa mandando el balón a las nubes cuando lo tenía todo a favor y, pocos minutos después, el poste repelió un magnífico disparo en rosca de Pablo Sáenz que ya había superado la estirada de Ander Cantero.

Las cartulinas amarillas empezaron a llover sobre los futbolistas del Burgos —Karrikaburu, Grego Sierra, Dadie y Mollejo terminaron amonestados—, un síntoma inequívoco del nerviosismo de un equipo que se veía incapaz de someter a un contrincante en inferioridad y que sufría en las transiciones defensivas.Al sonar el silbato final, el sabor de boca para el Burgos CF fue innegablemente amargo. Mantener la portería a cero y prolongar la racha de partidos sumando siempre es un colchón positivo para la estabilidad anímica de la plantilla, pero este empate evidencia que al equipo le cuesta asumir el rol de protagonista absoluto cuando los partidos demandan ingenio, dinamismo en tres cuartos de campo y colmillo para morder a un rival replegado. Sumar de uno en uno en estadios históricos mantiene al Burgos en la pelea, pero la sensación generalizada es que se dejó escapar una oportunidad de oro que bien podría echarse de menos cuando la temporada encare su tramo decisivo en la lucha por el ascenso.

REAL OVIEDO - BURGOS CF, 0-0

Real Oviedo: Aarón Escandell, C. Domínguez, Dani Calvo, Samu Rodríguez, Aisar Ahmed (David Jiménez, 75´), Aritz Aldasoro, D. Villahermosa (Youness, 72´), A. Reina, Jacobo (E. Pérez, 58´), Pablo Sáenz (Estanis, 75´), A. Ișfan (Mingo, 72´).

Burgos CF: Ander Cantero, Grego Sierra (S. Del Cerro, 81´), Sergio González, I. Vilarrasa, Alberto Dadie, José Gragera (Kévin Appin, 72´), P. Galdames (Unai Vencedor, 58´), Curro Sánchez (Víctor Mollejo, 71´), Javi Llabrés, David González, Álex Forés (J. Karrikaburu, 58´).

GOLES: No hubo

ÁRBITRO: Sánchez Villalobos (Colegio andaluz). Tarjetas amarillas a Aarón Escandell, A. Reina, J. Karrikaburu, Grego Sierra, Alberto Dadie, Estanis, Víctor Mollejo. Roja a Aritz Aldasoro (26´).

CAMPO: Carlos Tartiere.

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