Cuando el fuego se convierte en fecha
Un equipo de investigadores de la Universidad de Burgos ha obtenido la datación más precisa de la Edad del Hierro I en Europa occidental / Aplicando el arqueomagnetismo en el yacimiento de El Castillar, en Navarra, han reducido la incertidumbre de siglos a solo tres décadas, logrando una exactitud sin precedentes

Eva Vernet Tarragó con Ángel Carrancho, Manuel Calvo Rathert y María Felicidad Bógalo, del grupo de Paleomagnetismo de la UBU.
La arqueología avanza día tras día de la mano de la innovación. Determinar con exactitud cuándo ocurrieron los eventos del pasado es un desafío constante, y aunque técnicas como el radiocarbono han sido fundamentales, su precisión es limitada en ciertos periodos históricos. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Burgos ha logrado lo que hasta hace poco parecía inalcanzable: obtener la datación más precisa de la Edad del Hierro I en Europa occidental. Gracias al uso del arqueomagnetismo, han reducido la incertidumbre de siglos a apenas tres décadas, situando con una exactitud sin precedentes el abandono del yacimiento de El Castillar, en Navarra. El Castillar es un yacimiento del Bronce Final (ca. 1200 – 900 a.C.) y de la Edad del Hierro I (ca. 900 – 400 a.C.) que ha sido objeto de excavaciones desde los años 70 y que, actualmente, se excava cada año.
Este avance no solo redefine nuestra comprensión del pasado, sino que demuestra cómo la aplicación de nuevas metodologías científicas puede revolucionar la arqueología y abrir nuevas puertas para la investigación histórica. El estudio acaba de ser publicado en la revista internacional Journal of Archaeological Science: Report.
El proyecto contó con la participación de investigadores del Grupo de Paleomagnetismo de la Universidad de Burgos, entre ellos Eva Vernet Tarragó, Ángel Carrancho, Manuel Calvo Rathert y María Felicidad Bógalo, así como de los arqueólogos Leyre Arróniz y Héctor Fonseca, del yacimiento de «El Castillar» (Ayuntamiento de Mendavia y Universidad de Valladolid, respectivamente). Además, una parte de los experimentos se llevó a cabo en el laboratorio del Marine Core Research Institute durante una estancia de Eva Vernet en Japón, en colaboración con el profesor Yuhji Yamamoto.
Eva Vernet, doctoranda e investigadora de la UBU, explica que el origen de este innovador estudio se remonta al momento en que los arqueólogos del yacimiento de El Castillar descubrieron una superficie quemada, datada en la Edad del Hierro (ca. 900 – 400 a.C.), que se relacionó con el abandono del yacimiento. Aunque contaban con cuatro dataciones por Carbono 14, el rango de edad obtenido era demasiado amplio (800 - 416 a.C.), lo que motivó la decisión de emplear el arqueomagnetismo para obtener una datación más precisa del evento de quema y abandono.
El arqueomagnetismo se basa en que la dirección y la intensidad del Campo Magnético Terrestre varían de manera ininterrumpida a lo largo del tiempo. Los materiales arqueológicos quemados como cerámicas, hornos u hogares registran muy bien estos cambios. La datación se basa en comparar la dirección e intensidad media obtenida de analizar el nivel quemado con “curvas de calibración magnéticas” para esa época. A diferencia del 14C, los picos y variaciones en la curva de calibración de este período han sido clave para alcanzar esta precisión. El principal desafío, según Vernet, ha sido demostrar que el material ha registrado estas variaciones magnéticas y datar con una precisión desconocida.

Ángel Carrancho, en el laboratorio de la UBU.
Esta técnica todavía no es un método de datación absoluta muy habitual en arqueología, como sí lo son otros métodos como el 14C o la termoluminiscencia. Cualquier material calentado a alta temperatura (preferentemente > 600˚C) es susceptible de ser datado por arqueomagnetismo. Materiales como hornos, hogares o cerámicas son muy comunes en cualquier excavación. Por lo tanto, el potencial de esta técnica es muy amplio, explica Vernet.
Durante el muestreo se recogieron diez bloques de la superficie quemada marcando su orientación respecto al norte magnético antes de extraerlos, con la ayuda de una brújula. En el laboratorio, estos bloques fueron seccionados en múltiples muestras cúbicas, asegurando la preservación de su orientación original.
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Los análisis en el laboratorio se centraron en estudiar los minerales magnéticos y en desmagnetizar las muestras para determinar su dirección e intensidad, explica Vernet. En este estudio, estos experimentos se realizaron tanto en el laboratorio de Paleomagnetismo de la Universidad de Burgos como el Laboratorio del Marine Core Research Institute.
A lo largo de este proyecto se realizaron varios hallazgos importantes. En primer lugar, descubrieron la presencia dominante de un mineral magnético muy poco común en estos estudios, la magnesioferrita. Además, los valores relativamente elevados de la intensidad magnética, permitieron detectar un pico conocido como “Levantine Iron Age Anomaly” o LIAA. Es un fenómeno geomagnético documentado en Oriente medio y en la Europa mediterránea durante el I milenio a.C. Aunque en la península ibérica no es nuevo, los casos documentados son todavía escasos.
La datación que se obtuvo tiene una precisión de tan sólo 30 años de margen con un 95% de probabilidad. Es algo totalmente inédito, señala Vernet. Para esta cronología en Europa occidental, no existe otra datación más precisa. Por ejemplo, el 14C, ampliamente utilizado en arqueología, es poco preciso para este período de la Edad del Hierro. Este proyecto demuestra que es posible datar con una precisión sin precedentes materiales quemados de este período. Parte de su trabajo, consiste en intentar extender la aplicación del método a cronologías más antiguas y, este resultado, demuestra su potencial. Además, integrándolo con datos arqueológicos (tipos de cerámicas, estructuras, etc.), contribuye a desentrañar la historia ocupacional del yacimiento.
Respecto a las ventajas del arqueomagnetismo frente a otros métodos de datación, como por ejemplo el 14C, la doctoranda Vernet afirma que cada método de datación presenta pros y contras. El 14C permite datar material orgánico (como por ejemplo carbón, hueso, etc.) de los últimos 50.000 años. Hay períodos donde es muy preciso y otros en los que no puede alcanzar mucha precisión. El arqueomagnetismo data el último uso o calentamiento de un material quemado y su potencial abandono. Puede darse el caso de que un horno haya sido utilizado 20 veces. El 14C datará material de cualquier momento de quema. En cambio, el arqueomagnetismo data el último, lo cual es muy informativo.
Por el momento el arqueomagnetismo no se utiliza para datar materiales más antiguos de los últimos 4-5 mil años. El grupo investigador se encuentra actualmente trabajando en ampliar ese rango y mejorar su precisión.