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La Universidad de Burgos lidera TINKERVERSE, un proyecto europeo que impulsa una educación maker inclusiva para llevar el aprendizaje basado en la experimentación y la creatividad a las aulas

En el centro, Ileana María Greca Dufranc, con integrantes del proyecto

En el centro, Ileana María Greca Dufranc, con integrantes del proyecto© TOMÁS ALONSO

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María Merino
Burgos

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La forma de enseñar está cambiando. En los últimos años, los modelos educativos han incorporado metodologías que sitúan al alumnado en el centro del aprendizaje, sustituyendo la memorización por la experimentación, el trabajo colaborativo y la resolución de problemas. En ese contexto, ha ganado protagonismo la educación maker, un enfoque que propone aprender construyendo, diseñando y creando a partir de experiencias prácticas y reales, que favorecen el desarrollo de competencias básicas e impulsan habilidades esenciales como el pensamiento crítico, la autonomía y la creatividad.

Con ese objetivo nace TINKERVERSE – SkillBuilders Lab: Tinker, Discover, Learn!, un proyecto europeo obtenido en la convocatoria ERASMUS-EDU-2025-PI-FORWARD-SCHOOL-BS, una convocatoria específica de financiación de la Unión Europea dentro del programa Erasmus+ para proyectos a gran escala que busca mejorar las competencias básicas en la educación escolar. El proyecto es coordinado por la Universidad de Burgos y reúne a nueve organizaciones de ocho países. Durante los próximos tres años impulsará una red transnacional de espacios maker para alumnado de entre 3 y 15 años, sus docentes y toda la comunidad educativa interesada. El proyecto combinará investigación, formación del profesorado, creación de recursos educativos abiertos y el desarrollo de actividades pedagógicas que posteriormente se pondrán en práctica tanto en centros escolares como en otros espacios educativos. Entre las propuestas figuran la robótica, la narración digital, los circuitos electrónicos, la inteligencia artificial, el diseño sostenible o la monitorización ambiental, vinculadas al currículo educativo y adaptadas a la realidad y al contexto social de los estudiantes.

Entre las propuestas figuran la robótica, la narración digital, los circuitos electrónicos, la inteligencia artificial, el diseño sostenible o la monitorización ambiental, vinculadas al currículo educativo

El proyecto está coordinado por Ileana María Greca Dufranc, catedrática de Didáctica de Ciencias Experimentales y actual vicerrectora de Internacionalización, Cooperación y Alianzas Estratégicas de la UBU, junto a Martha Lorena Cedeño Vente, investigadora y project manager. Mientras Greca aporta una amplia experiencia en investigación educativa, formación del profesorado y proyectos internacionales, Cedeño suma su trayectoria en ingeniería, ciencia de materiales y gestión de proyectos, ahora aplicada a esta iniciativa europea.

La idea de TINKERVERSE surgió a partir del trabajo desarrollado dentro de la alianza de universidades europeas RUN-EU, especialmente a través de los Future Innovators Labs, donde varias universidades colaboraban con centros educativos, espacios maker y entidades locales en actividades STEAM basadas en la resolución de problemas reales. La Universidad de Burgos cuenta con varios años de experiencia en este tipo de actividades, en iniciativas desarrolladas junto al Ayuntamiento en la Estación de la Ciencia y la Tecnología.

A partir de ese recorrido, el equipo comprobó que a nivel de Europa existían experiencias makers de gran valor, aunque muchas permanecían aisladas o no se integraban de forma estable en la educación formal del alumnado. TINKERVERSE nace para conectar esas iniciativas, adaptarlas a distintos contextos educativos y ofrecer al profesorado herramientas que faciliten su incorporación a la enseñanza reglada.

El proyecto persigue mejorar el aprendizaje de competencias básicas como la lectura, las matemáticas, las ciencias, la competencia digital y el pensamiento computacional mediante experiencias prácticas e interdisciplinares. Al mismo tiempo, busca garantizar que estas oportunidades lleguen a todo el alumnado, prestando especial atención a estudiantes de entornos rurales, familias con menos recursos o alumnos con diferentes necesidades educativas. Otro de sus objetivos es formar al profesorado para que pueda aplicar metodologías maker, adaptar las actividades a grupos diversos y evaluar el proceso de aprendizaje, explica Greca.

La inclusión constituye uno de los pilares del proyecto. La investigadora subraya que todas las actividades se diseñarán siguiendo los principios del diseño universal para el aprendizaje, ofreciendo distintas formas de participación y varios niveles de complejidad. La propuesta parte de la idea de que no todo el alumnado debe desempeñar el mismo papel. En una actividad maker, cada estudiante puede aportar desde sus capacidades, ya sea diseñando, construyendo, programando, investigando o comunicando los resultados. Además, se priorizarán materiales de bajo coste, recursos adaptables y contenidos multilingües, junto con una estación maker móvil que permitirá acercar estas experiencias a centros con menos recursos o situados en zonas rurales.

© TOMÁS ALONSO

Para desarrollar este modelo, el consorcio elaborará primero un mapa europeo de experiencias de éxito en educación maker. A partir de ese análisis diseñará un marco común de aprendizaje para alumnado de entre 3 y 15 años, que servirá de base para crear secuencias didácticas interdisciplinares, recursos educativos abiertos, guías para el profesorado y orientaciones para crear o adaptar espacios maker. El proyecto también contempla un programa de formación semipresencial y microcredenciales destinado a docentes y futuros profesores, centrado tanto en el uso de herramientas como en la inclusión, la evaluación del aprendizaje y la integración de estas metodologías en el currículo.

El interés que despierta esta propuesta quedó reflejado en el primer encuentro organizado por TINKERVERSE, que reunió a 167 profesionales procedentes de universidades, centros educativos, administraciones, espacios maker y organizaciones educativas. Los participantes coincidieron en que Europa dispone de numerosas iniciativas de éxito, aunque todavía dispersas, y señalaron la necesidad de acercarlas a la enseñanza reglada mediante recursos adaptables y formación específica para el profesorado.

Para Greca, el proyecto puede contribuir a cambiar la forma de entender el aprendizaje en los centros educativos. Su planteamiento sitúa al alumnado como protagonista del proceso, mientras el profesorado asume un papel de guía que acompaña, orienta y plantea nuevos desafíos. De este modo, competencias como la creatividad, el pensamiento crítico o la resolución de problemas dejan de ser conceptos teóricos para convertirse en habilidades que se desarrollan durante el trabajo diario, integrando conocimientos de ciencias, matemáticas, tecnología, comunicación o educación ambiental en un mismo proyecto.

Sus responsables reconocen, no obstante, que consolidar este modelo exige superar algunas dificultades. Consideran que la educación maker no puede limitarse a incorporar tecnología en las aulas, sino que requiere un planteamiento pedagógico sólido, formación continua para el profesorado y propuestas plenamente integradas en el currículo. También será necesario afrontar la desigual disponibilidad de recursos y facilitar que los centros puedan incorporar estas metodologías sin aumentar la carga de trabajo docente.

En estos momentos, TINKERVERSE se encuentra en su primera fase, centrada en analizar experiencias desarrolladas en distintos países para identificar las prácticas que ofrecen mejores resultados. A partir de ese trabajo se elaborarán los recursos didácticos, la red de centros asociados y las actividades que posteriormente se probarán en los países participantes mediante proyectos piloto. Todo el proceso irá acompañado de una evaluación continua para medir su impacto real en el aprendizaje del alumnado y en la práctica docente.

El proyecto prevé trabajar con más de 1.500 estudiantes y formar a más de 320 docentes, futuros profesores, educadores e investigadores. Sin embargo, sus responsables consideran que el verdadero éxito no se medirá por esas cifras, sino por conseguir que la educación maker deje de ser una experiencia puntual y pueda incorporarse con normalidad a cualquier centro educativo, independientemente de su ubicación o de sus recursos. Ese es el legado que TINKERVERSE aspira a dejar cuando concluya la financiación europea.

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