LESLIE Y HAMMOND
Puertas al campo
CUANDO te pones a inventar la pólvora mojada, aparecen inventos semejantes a normativas municipales que de vez en cuando iluminan el firmamento urbano burgalés. Hizo aguas por los cuatro costados la primera vez y seguirá zozobrando la nueva regulación de espacios que se usa para que los esforzados hosteleros, bares, cafeterías y menesteres, coloquen mesas en la calle para tapas, vinos, pinchos y chocolate con churros. La anterior legislatura vio bien, hacer una ordenanza que dejase meridianamente claro lo que se podía y no. Donde sí y también. Lo grande y pequeño. Cuanto se recaudaría por cada cuadrícula imaginaria en la que entrase una mesa con cuatro sillas. A este lo llamaron, velador. Velatorio habría sido mejor. Veladores a cielo abierto y otros más complejos, cerrados y removibles, es decir, fácilmente desmontables. De estos últimos se fabricó un modelo basado en el ganador del concurso de ideas proclamado. Pero todo se complicó a la hora de poner en marcha una ordenanza tan escueta y corta de miras. Pretendía regular el espacio ocupado con garantías de seguridad y movilidad. Sobre el papel está bien, sobre el asfalto pasó lo que pasó. Dudas, criterios más o menos apropiados en los redactores y técnicos municipales, broncas en el mostrador de licencias y recelos entre los hosteleros por no saber dibujar la línea por donde repartir. Ha primado y bien está, la movilidad de discapacitados o recorridos de ambulancias, bomberos y demás. Recuerdo con nostalgia la movida que montamos en las Bernardillas de Gamonal durante la tramitación del Plan de Emergencia, con camión de bomberos, escalera desplegable, manguera y sirenas. Había que comprobar si colocando costadillos de vidrio o metacrilato para formar veladores, Burgos no ardería como una tea. Ya se vio por entonces la chapuza aprobada, a pesar de haber superado lo que llaman, periodo de sugerencias y alegaciones ciudadanas. Me atreví a sugerir en petit comité por entonces, a la concejal responsable, la posibilidad de regular los casos y cosas con un reglamento que bien podía haberse titulado, «sentido común puesto en práctica». Se dejó la historia pasar por si se arreglaba sola. Una segunda oportunidad ha parido una nueva ordenanza que mejora la desastrosa ordenanza de veladores que entierra la anterior, pero seguimos apuntando bajo el tiro parabólico. Lo que necesitamos es, una buena ordenanza de movilidad que regule todos los casos que se dan cuando colocamos trastos en las calles. Incluso veladores.