El Correo de Burgos

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DOS COSAS QUEDAN claras, estamos en invierno y campaña electoral. Se acabó el sol y lo que se daba. Estufas a echar humo desde esta misma noche. Alcaldes y concejales encienden su farolillos que permanecerán hasta pocas horas antes de meter papeletas en urnas del próximo año. Muchos serán esta vez los que se caigan de la erótica del poder gracias al desgaste de la que está cayendo y lo que te rondaré morena. Despellejados. En una ciudad de tendencia conservadora como la nuestra, las cuentas han salido con la ley del péndulo. Años de derechas que se equilibran con otros de izquierdas. Ambas moderadas, porque nadie recuerda lo que fueron estas, en origen años atrás. Ahora todo es refrito de voluntades que no llegan a nada. Son veintisiete nuestros políticos que se reparten en cuatro partidos reconocidos. Si no me equivoco, quince populares, ocho socialistas, tres progresistas y uno para la izquierda. Matemáticamente el mayor es el doble del siguiente que a su vez también es el doble del que le sigue, y se repite la cuenta. Doble, mitad, mitad y mitad. En la actual situación, aunque se juntasen los tres partidos que no gobiernan y sumasen fuerzas, con doce concejales se quedan por debajo de los 15 mayoritarios. Esto, entrado noviembre del catorce. Otra cosa serán los números que salgan de aquí a pocos meses con un recipiente que no se interpreta medio lleno o medio vacío, sino desbordado de mala leche y queme generalizado del esforzado votante. Esto ya pasó en otros países donde la democracia tiene mayor recorrido que la nuestra y por eso, más vinagre. Francia e Italia conviven con partidos radicales nacidos del tedio y oportunismo. Ahora estamos en racha y nos toca. Podemos, une a gente de todo tipo y edad con un pegamento común, el cabreo y ganas de castigo a la casta política que vive su mayor parte, en el limbo. No posan los pies en la tierra. Cada escándalo de trapicheo, presta diez mil nuevos votantes a Pablo Iglesias. Y el lo sabe. El perfil ideológico es quizá de izquierdas y desaliñado como su líder, aunque con un slogan cautivador, “ descarrilar el tren”. No tomarán la Bastilla pero atornillarán nuevas bisagras en puertas que estaban cerradas. El escenario a pocos meses vista no deja margen de maniobra para lavar los partidos de los que estamos hartos. Más les vale, renovar en profundidad sus listas de candidatos. Sólo los de pata negra que son uno de cada cuatro, han de quedarse y los otros, ni a empresas publicas, fundaciones, asociaciones o patronatos. A mamar la calle. A ejercer sus profesiones, si es que algún día las tuvieron. O a morirse de vergüenza y hambre.

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