El Correo de Burgos

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Son muchas las lagunas culturales que uno lleva en silencio y con dignidad, ya sea por falta de tiempo o por desidia, es verdad. A lo mejor hay un tiempo en el que se pueden hacer las cosas con soltura y si te dejas pasar la oportunidad, nunca más regresa. Así pasa en aquel viaje que nunca hiciste y hasta puede ser que nunca hagas. Tuve la oportunidad de viajar a la Cuba de Fidel cuando éste aún mandaba con mano dura, no necesitaba el frasco de formol y a su hermano para apagar los fuegos que hoy queman el hambre de la Habana. No quedan piezas de recambio para los viejos carros americanos ni carburadores para los motores de cuatro tiempos. La Isla mágica pronto dejará de ser cubana y será probablemente americana. Lástima que la historia termine así y en tiempos de un Obama cuestionado, el cerco haya surtido efecto. Al negro no le queda otra genialidad que reconquistar Cuba. De nada sirve visitarla ahora porque ya no es lo que fue con el Comandante. Es un espejismo y a la vez, proyecto de nadie. Un lugar para repoblar con cimientos de hoteles sobre suelo privado, fibra óptica para redes sociales y préstamos al consumo. Algún día, no tardando mucho, la caña de ron y el humo del tabaco se venderá en museos de allá. Es Cuba un ensueño que nosotros los españoles no deberíamos olvidar. Si de verdad tuviésemos agallas para proyectar futuro fuera de nuestras fronteras, es ahí donde podríamos lanzar nuestra imaginación y nuestros bancos para abrir camino. Una Cuba nueva, reconquistada por los españoles se vería de mejor gusto que por los yanquis. Eso ya se sabe. Como nadie conocemos el turismo y las grandes infraestructuras. Invertir en ese lugar paradisiaco de aquí a los próximos veinte años sería una de las tablas de salvación de nuestra dolida península que fue algún día, ibérica. Se la jugarán a los chinos, la romperán a trozos y se repartirán los retales. Cuba se cuarteará y aparecerán reyezuelos en cada barrio. Gobernadores que navegarán con iphone6 y olvidarán que una vez allí se pasó hambre con mucha dignidad. O, acaso no se pasó hambre. Porque quien va y se queda dice que se vive mejor que donde nosotros estamos. A lo que voy, y en esto no me equivoco, nunca iré allá y si alguna vez lo hago, veré un fantasma de lo que fue. Raúl Castro no aguanta ni un minuto más el traje de legionario que le impone su hermano. Una perita en dulce que muy pronto se someterá a compraventa de su sol. Será de todos y no será de nadie. Las bodegas de los barcos cargan ya Caterpillar y gasolina de 98 octanos. Parabólicas y Mac, americanos. Bebamos un cubalibre in memoriam de los cubanos.

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