El Correo de Burgos

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LA VIEJA ESTUFA que antaño se encendía con las manos de los alumnos de la antigua escuela y gastaba el día con los cánticos de las tablas de multiplicar y las frases, sujeto, verbo, predicado, destripadas en las pizarras repartidas por las paredes, ahora pasa las jornadas entre claros y botellines, entre mecagüeneslavirgen y frufrús de cartas, entre silencios y trajes mal cortados. La vieja estufa quema historias navideñas repetidas año tras año. Cacarean las gallas y pían las pajarillas, taconea el zapatero convertido en barman rural, se pasea la lotera como un Papá Noel sietemesino, con su gran bolso al hombro, sin barba y con la mejor de sus sonrisas que algo, algo ha tocado y para el próximo año seguro que se pasa el otro Gordo, aunque solo sea para compartir el segundo marianito con su pincho de mejillón incluido, y quizás rueden unas aceitunas. Ese día bailará con la sevillana del WhatsApp y le acompañará la carita de alegres lagrimones. De bailes nada quiere saber la vieja estufa, que luego sale escaldada, y prefiere entregarse al turrón que endulza la solitaria barra estos días que son noches. Comerá sola las uvas, suele pasarle, y recibirá al nuevo año con la cantinela de líneas y bingos y con el tímido despelote de botellas de champán. Los Reyes ni están ni se les espera, aunque el rosco se lo sigue comiendo en la república independiente de su casa. Se dejará llevar por la nostalgia, por aquellos años perdidos en los que los pies brincaban y no se arrastraban, la cuba rodaba en el patio y no rodaban como cubas los parroquianos, se hacían cuentas en el ábaco y no se rendían tantas al dios Baco, sonaba el tilín, tilín de los triángulos en las clases de música y no el chinchín de copas añejas que echan humo de faria,

se acurrucaba en el suave serrín y no tenía que esquivar la áspera mano de la leña…

Quizás este año vuelva a bailar la jota a San Antonio (si el invierno se alarga, suspira) y se despida detrás de las faldas de Amparito Roca (si se deja, suspira de nuevo). Porque de lo que sí está segura es de que llegará el verano y el rico helado la castigará al cuarto oscuro. ¡Si solo fuera a ella! Se perderá los días de pipas y mahous y el regreso de una algarabía infantil de pelotas. Si la vieja estufa hablara, esta columna sería pan comido, pero como calla me come la moral. Y lo que te rondaré morena, que otro año empieza y pinta en copas.

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