El Correo de Burgos

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Desde luego, nos deja con la mosca detrás de la oreja y muchas preguntas sin responder. Él sabrá si fueron pocos o muchos, los ingredientes puestos en la sartén municipal. Sin duda, un exceso de tabasco. Roberto Alonso ha pegado la espantada esta semana pasada y créanme, con esto se rompen muchas apuestas en el bombo de aquí a mayo. Son tres meses los que faltan y en esta ocasión, rabiosos, tensos y con mucho veneno. Pocas veces coincidieron intereses tan contrarios y novedosos en campaña electoral. La primera lectura maliciosa pudo entenderse como una jugada maestra de los populares, fichando a futuro y de extremo derecha al líder de UPyD en Burgos. Con este pensamiento, no excesivamente calenturiento, consolidarían uno o dos concejales más, que son los que pueden caerse del trapecio, en virtud del circo que vivimos. Deshinchar un grupo que se ha mantenido en los cuatro años y sin riesgo de evaporarse, como fue el SI de Peña en las anteriores. Pero a tenor de las razonadas explicaciones y seguridad en el verbo, guerras intestinas y puñetazo en la mesa de, aquí mando yo. No me imagino a Alonso, perder los nervios por esta cosa y pienso que algo más le ha tenido que mover para dejarnos a todos con la boca abierta. Intuición de poco futuro en las urnas, quizás. Los años que pesan, también. Razones personales. Lo cierto, ha dejado un boquete por el que van a entrar otros partidos que andan por esta razón, ahora con más holgura y probabilidades. La candidatura de Pablo Iglesias, la de Ciudadanos, el Vox de Ortega Lara y quien sabe cuantos más, se sumarán a las novedosas posiciones y en muchos casos, oportunistas. Intuyo que Alonso hace las maletas y sale por la puerta que ha dibujado a tal fin. Para no volver a los escaños de la plaza mayor. Empresario de prestigio y reconocida capacidad de trabajo y gestión. Quién le mandaría meterse en estas lides en las que sin duda, todos en algún momento hemos soñado. Rosa Diez salió por la puerta falsa del Parlamento Europeo, enfadada y despechada de los socialistas suyos a los que tanto defendió. Abandonó al partido pero nunca dejó de ser socialista. Esta contradicción retuerce los principios de su UPyD en las ciudades donde intenta abrirse camino. Un partido que no ha tenido tiempo de madurar su ideología y se nutre de mercenarios que luchan por vencer. Lo mismo, liberales o gente de un lado y otro. Ha sido la forma de entrar en política para la mayor parte, sin examen previo. Esto le pasará factura muy pronto. Tres son los meses que faltan para el día D. Si me dejan apostar, en Burgos, muy pocas cosas cambiarán.

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