Aprender del error
AUNQUE solo sea por el peso que se ha quitado de encima, el aficionado del Burgos CF asume con cierta naturalidad y a toro pasado el sufrimiento acumulado durante la temporada. Mañana concluirá por fin el curso 2014/2015 sin la necesidad de prolongar la agonía hasta el último segundo del último partido, que no es poco a tenor de lo sucedido los últimos nueve meses.
Afortunadamente para los seguidores de El Plantío este vértigo se limita a haber perdido una temporada más en la cruda trayectoria del fútbol burgalés. A fin de cuentas, se ha evitado una nueva debacle y en las condiciones actuales eso ya es, lamentablemente, casi un motivo de celebración.
Lo normal sería pensar en un futuro mejor y trabajar desde hoy para conseguirlo, pero las dudas acumuladas en el terreno de juego se trasladan ahora a un palco que tiene la obligación de abrir las ventanas para oxigenar un proyecto deportivo estancado desde hace siete años.
Hacerse cargo de un moribundo y devolverlo a la vida bien merece una palmadita en la espalda, aunque aún esté en entredicho el método utilizado para activar las constantes vitales del enfermo.Desde entonces, El Plantío solo se ha llevado a la boca dos ascensos a Segunda B y media campaña ilusionante en bronce conCalderé al mando. Un balance muy pobre para un club capacitado y obligado, al menos, a caminar con tranquilidad por la clasificación delGrupo I.
Así se lo transmitió El Plantío a la directiva el pasado domingo. Es un deseo después de tantas penurias y agobios pero, sobre todo, es una necesidad.Tras tanta amargura, ya toca disfrutar de una temporada de ilusión.
Cimentar la base de un equipo competitivo no implica arrastrar todo un presupuesto. Si el Logroñés con una partida global similar es capaz de jugar el play off y de tener a Carlos Pouso en el banquillo es que las cosas se pueden hacer de otra forma.
Los defensores de la actual junta recuerdan que en fútbol dos y dos no son cuatro. Cierto es que un curso puede salir mal por mil factores ajenos a la gestión de la directiva, pero siete años deberían dar para una reflexión mucho más profunda. Y lo bueno es que cada verano ofrece la oportunidad de aprender de los errores.Ya toca.