El Correo de Burgos

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Por fin San Juan del Monte cuenta con la declaración de Fiestas de Interés Turístico Nacional con la que lleva soñando desde hace años. Ha costado mucho trabajo, pero el título honorífico concedido por el Ministerio de Turismo ya está aquí y, aunque en Miranda no hacía falta un reconocimiento oficial para saber que se trata de una fiesta singular, sin duda, la declaración servirá para fomentar la difusión no sólo del evento, sino también de la propia ciudad y con ello, potenciar el turismo y el número de visitantes durante los días festivos.

Es difícil ilustrar con palabras lo que supone para un mirandés el ‘sanjuanerismo’ y toda su parafernalia. Tanto, que en la ciudad se dice que el año se divide en dos partes: los seis meses que pasas esperando a que llegue la fiesta y los otros seis, que transcurren recordando los mejores momentos vividos durante la misma. Durante semanas, los nervios empiezan a aflorar, pierdes el sueño, buscas y pones a punto la ropa, empiezas a hacer planes con familia y amigos… Para vivir esos tres días con sus tres noches en los que miles de personas se olvidan de sus problemas e inundan la calle de alegría, música y el colorido de sus blusas. Infatigables saltan, cantan, bailan, comen, beben, comparten lo que tienen y hacen sentir en casa a quien viene de fuera.

Desde que el bombo emerge del río hasta que vuelve a sus aguas, una ciudad entera vibra de emoción contenida durante meses, que se convierte en estallido en el Bombazo y permanece durante días, desde hace siglos, tan arraigada en la población que cada mirandés, al oír una charanga fuera de su tierra, evoca enseguida el olor del romero en el monte, o el del champán en la Plaza de España, con sólo cerrar los ojos conteniendo una lágrima de emoción.

Es difícil explicarlo, digo, pero no imposible. Alguien –que mucho ha tenido que ver en la consecución de la obtención de esta declaración- lo hizo hace unos años con bellas palabras. «Sobran las razones para la fiesta, la hacemos y la vivimos anhelantes, incapaces de resistir ante una atracción semejante, sin manera de encerrarla en palabras. Esos instantes llegan sin darnos cuenta, pero los vivimos con plena consciencia. Es necesidad, es deseo, es devoción, es emoción, es amor desesperado, es una forma de vivir y de sentir, es una fiesta que emociona». Enhorabuena por el trabajo. Objetivo logrado.

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